El dólar pierde valor, y también el resto de las divisas.

Predecir el vaivén del mercado cambiario en los últimos meses ha sido una odisea imposible. Creer que un modelo econométrico es capaz de anticiparse a las turbulencias de los mercados en medio de un escenario de crisis de confianza e irracionalidad en el manejo político de los países europeos, es una aproximación ingenua a la ciencia económica.

Como mucho, los expertos pueden hablar de una tendencia o de un signo. Pero se trata de perspectivas de muy corto plazo, sujetas a indicadores puntuales de coyuntura, comentarios de autoridades y reacciones inesperadas de los mercados no solo de divisas sino también de capitales.

Con esas salvedades, es que vamos a ensayar un análisis del tipo de cambio. Si quitáramos todo el ruido de fondo y nos concentráramos en los fundamentos detrás de las monedas, el dólar debería bajar. La economía estadounidense se encuentra debilitada y sin perspectivas de alcanzar una trayectoria cercana a sus niveles potenciales. Con una economía sin fuerzas y la intención de las autoridades de seguir alimentando el crecimiento con emisión monetaria, es claro que el billete verde debería depreciarse.

La pregunta es, frente a qué monedas. Si miramos el euro, la situación del viejo continente es todavía más grave que la de Estados Unidos. En la principal economía, lo que está bajo cuestionamiento es la capacidad de crecer de forma vigorosa y crear nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, lo que se cuestiona en Europa es la viabilidad misma de la unión monetaria y de la moneda única.

China y los grandes emergentes tampoco contribuyen a generar una coyuntura para la devaluación del dólar. Con el debilitamiento de sus economías y un empuje monetario, también buscan debilitar sus monedas y no perder poder competitivo. Si el mundo desarrollado funciona a media máquina, los emergentes no están dispuestos a resignar crecimiento propio para reequilibrar el balance mundial.

En definitiva, los grandes actores de la economía global funcionan de forma activa para debilitar sus respectivas monedas y cargarle a otros la cuenta de la crisis. En ese escenario, Uruguay tiene menos margen que algunos de sus principales socios comerciales para entrar en esa puja, con lo cual es probable que en los próximos meses el dólar en Uruguay baje de forma moderada y baje también el real brasileño y el yuan chino.

Es probable que así sea porque los gobiernos de esos países buscan apuntalar el crecimiento económico -una necesidad que empieza a instalarse a nivel local- pero a diferencia de Uruguay, no enfrentan una inflación que escapa casi dos puntos del rango objetivo y gozan de un amplio margen de política monetaria.