El gobierno va a estar muy justo con el cumplimiento de las metas fiscales

Es más, puede preverse que aumente por debajo del crecimiento del PIB. Por lo tanto, habrá que ver cómo se compatibiliza esa restricción macroeconómica con los pedidos de aumentos del gasto de los ministerios y de los restantes sectores del Estado. También habrá que atender si en ese proceso de discusión el presidente Vázquez seguirá respaldando al equipo económico como lo ha hecho hasta ahora, expresó el Dr. Michele Santo, director de la consultora Michele Santo & Asociados, en diálogo con ECONOMIA & MERCADO. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

—¿Cómo percibe el manejo de la economía uruguaya luego de transcurridos cuatro meses de gobierno del Frente Amplio?

—Hoy parecen coexistir dos visiones distintas en materia de política económica en el seno del gobierno. En el área macroeconómica, el manejo ha sido muy consistente y prolijo, que continúa las grandes líneas de la administración anterior. En este sentido, las políticas monetaria, fiscal y cambiaria han estado funcionando relativamente bien y, por lo tanto, hubiera sido innecesario efectuar grandes modificaciones. Quizás podría tener algún matiz de discrepancia sobre el manejo de la política monetaria en cuanto al ritmo de expansión de la cantidad de dinero, pero esto aparentemente se va a corregir en el tercer trimestre del año de acuerdo con lo resuelto por el Comité de Política Monetaria (Copom). También, personalmente, hubiera preferido un esfuerzo mayor de consolidación de la situación fiscal apuntando a un nivel de superávit primario por encima del 4% del PIB ya a partir de este año. Pero, en líneas generales, no puede haber grandes discrepancias en el manejo macroeconómico.

En cambio, se han dado algunas señales equivocadas en el área microeconómica con respecto al objetivo de incrementar la inversión con el fin de darle sustentabilidad al crecimiento del nivel de actividad. Por ejemplo, en el ámbito laboral los empresarios han hecho saber su disconformidad con la derogación del decreto que permitía el desalojo de los locales ocupados por huelguistas, con la redacción del proyecto de ley de fuero sindical, con la actitud general del Ministerio de Trabajo en los consejos de salarios, etc. Todo esto se está reflejando en los indicadores más recientes del mercado laboral, donde el empleo ha dejado de crecer. También se notan señales contradictorias con la línea que trata de impulsar el ministro de Economía cuando otros jerarcas hablan de reimplantar el proteccionismo para determinados sectores como, por ejemplo, el cultivo de caña de azúcar, la posibilidad de fijar precios administrados para una canasta de bienes, etc.

—¿Cómo podría afectar esa dualidad del gobierno a economía?

—Las contradicciones del actual gobierno en cuanto a lo que aparecen como dos visiones diferentes de país impactan en forma muy negativa a la inversión en general, cuyos niveles han sido bajísimos en Uruguay desde hace décadas. Es claro que una cosa es lo que proyecta el ministro de Economía y su equipo y otra muy distinta es lo que piensa el resto de la administración en cuanto al manejo global de la coyuntura económica. Va a ser muy difícil, entonces, que los empresarios nacionales y extranjeros estén dispuestos a arriesgar más capital hasta que no se defina esa contradicción básica; es decir, hasta que no se dilucide si la administración toma el camino del socialismo o de un intervencionismo estatal extremo, o el de una economía de mercado con un Estado básicamente regulador, en donde sea esencialmente el sector privado quien se encargue de la generación de riqueza y el crecimiento económico. Sin duda el presidente Vázquez va a tener que definir más temprano que tarde qué rumbo va a tomar su gobierno, porque el país no se puede pasar cinco años para resolver este dilema. De lo contrario, el esquema que ha diseñado el equipo económico para administrar la deuda pública y sostener el crecimiento del PIB se vendrá abajo porque le va a faltar un ingrediente básico que es la inversión. Para que esta aparezca se requiere, además de estabilidad macroeconómica y financiera y una adecuada rentabilidad proyectada, reglas de juego que sean amigables para el desarrollo de los proyectos.

—En los primeros tres meses de 2005, el PIB sólo creció un 0.1% con respecto al trimestre inmediato anterior. ¿Debería ser transitorio ese estancamiento de la actividad?

—Era esperable una desaceleración de la economía porque el país no puede crecer con las tasas altísimas del segundo semestre de 2003 y de todo 2004 dados los actuales niveles de inversión. Además, un fenómeno similar se dio en las economías de Argentina y Brasil. Sin embargo, no era previsible que el descenso en el ritmo de crecimiento fuese tan brusco y que, virtualmente, la economía se estancara. Hoy parecería que parte de ese crecimiento ínfimo tuvo que ver con el llamado «efecto Semana de Turismo», que provocó un cierto desfasaje en la comparación de los resultados del PIB por haber tenido lugar el feriado en el primer trimestre en 2005 mientras que el año pasado fue en el segundo trimestre. De todos modos, algunos indicadores de abril y de mayo indicarían que la economía está retomando una tasa de crecimiento más importante pese a que, como ya se sabía, la cifra va a ser bastante inferior a la de 2004. Por lo tanto, aunque quizás sea difícil alcanzar el 6% de crecimiento proyectado por el equipo económico en función del pobre arranque del año, no me sorprendería que el PIB creciera levemente por encima del 5% en 2005.

—¿En qué medida podría convertirse el alza de los precios del petróleo en un freno para la actividad económica del país en el segundo semestre?

—Uno de los problemas más difíciles que Uruguay va a enfrentar en el resto de este año y, probablemente en 2006, es el alza significativa de los precios del crudo. Si la tendencia alcista de los precios de este commodity exhibida durante del primer semestre de 2005 se mantuviera durante la segunda mitad del año, es decir que se produjera una suba promedio del 40% de los precios medidos año a año, el país estaría pagando poco más de U$S 200 millones para importar la misma cantidad de petróleo que importó el año pasado, lo que representará una pérdida de ingreso nacional de aproximadamente el 1.2%-1.3% del PIB de 2005. A diferencia de lo ocurrido el año anterior cuando el aumento del precio de la carne permitió compensar la suba del precio del crudo, este año no hay absolutamente ningún elemento compensatorio. Eso va a afectar mucho al crecimiento de los sectores exportadores que no pueden trasladar el aumento de los costos de la energía a mayores precios de sus productos. Por lo tanto, el crecimiento proyectado del PIB para este año va a estar explicado mayormente por el «efecto arrastre estadístico» del año 2004, o sea simplemente por la particular secuencia de crecimiento que tuvo la economía uruguaya el año pasado. Si la actividad económica se mantuviera estancada como sucedió en el primer trimestre de 2005, de todas maneras el crecimiento del PIB alcanzaría al 3.7%, es decir que el crecimiento «atribuible» al año 2005 sería del orden de 1.5%.

Restricciones

—¿Cuáles son las restricciones que presenta la economía uruguaya para lograr un crecimiento sostenido en el mediano plazo?

—La restricción más importante es la que se deriva del elevado nivel de endeudamiento del país. Eso implica restricciones fiscales muy significativas y también aparecen todas las restricciones derivadas de la lentitud con que se han procesado las reformas microeconómicas y las reformas estructurales, que deberían potenciar el crecimiento económico a mediano y largo plazo. Esta es una materia en la que Uruguay ha tenido una lentitud exasperante, habiendo quedado muy rezagado con respecto a la mayoría de los países del mundo.

—¿Qué reformas microeconómicas podrían contribuir a reducir las restricciones macroeconómicas?

—En este tema hay varios ángulos en los cuales se debería pensar. El funcionamiento del Estado representa un costo muy importante para el sector productivo que no se puede trasladar al exterior y, por lo tanto, la búsqueda de una mayor eficiencia y eficacia en el manejo del gasto público es un tema que el país debe encarar de una vez por todas. Y no se trata de un tema de terminar con el despilfarro del gasto en celulares o en la locomoción oficial, el punto central consiste en redefinir y repensar el rol del Estado en la economía. Hay que ver qué es lo que está haciendo el Estado y si es necesario que lo siga haciendo para luego analizar cómo —es decir con qué grado de eficiencia y de eficacia— está haciendo las cosas que se desea que continúe haciendo. Aquí habría efectivamente que «sacudir las raíces de los árboles» en cuanto a la profundidad del cambio.

Otras áreas dentro de las reformas estructurales a nivel del Estado tienen que ver con el funcionamiento de las empresas públicas en los sectores de la energía eléctrica, combustibles, telecomunicaciones, etc. Estos van a necesitar inversiones muy importantes en los próximos años, pero el Estado carece de los recursos necesarios para llevarlas adelante. Por lo tanto, habrá que ver de qué forma se pueden dar las asociaciones entre los sectores público y privado así como el pasaje de las empresas estatales de un régimen de derecho público a uno de derecho privado, ya que si van a tener que competir, lo más lógico es que compitan dentro de las normas del derecho privado como cualquier otra empresa, eliminando una cantidad de cargas que el derecho público les impone. En el mismo sentido, habrá que ver cómo se potencia toda la infraestructura de transporte a todo nivel en un contexto de grandes restricciones fiscales que condicionarán los niveles de inversión pública.

Otra reforma estructural importante tiene que ver con una mejora del ambiente de negocios, lo cual abarca un amplio espectro de temas, entre ellos, aprobar una nueva ley de quiebras, como aparentemente está pensando el Poder Ejecutivo, fortalecer el sistema judicial, terminar de depurar el mercado del crédito, activar el mercado de capitales, analizar los diversos sistemas de incentivos para atraer inversión extranjera directa, repensar la inserción internacional del país, etc.

Presupuesto Nacional

—Una de las medidas que permitió al gobierno de Lula granjearse la confianza de los mercados fue haber superado su propia meta de superávit fiscal primario. ¿Sería posible que Uruguay alcance un superávit primario superior al 3.5% del PIB en 2005 como acordó el gobierno con el FMI?

—Creo que las cuentas fiscales van a estar muy justas este año. No descarto que haya que recurrir a medidas tales como consumir las reservas de petróleo de Ancap en el último trimestre de 2005 para lograr por esa vía un superávit financiero. Para superar la meta acordada con el FMI el nivel de actividad tendría que crecer mucho más en el segundo semestre del año de lo que está previsto y, por consiguiente, la recaudación tributaria debería aumentar por encima de las previsiones o, en su defecto, aplicarse una política de gasto público —tanto del gasto corriente como de la inversión— mucho más restrictiva de la que ya se está aplicando en la actualidad. Sin embargo, es poco probable que ello ocurra y, por tanto, creo que el gobierno va a estar muy justo con el cumplimiento de las metas fiscales en este año.

—¿Cómo condicionarán al nuevo Presupuesto Nacional las metas de un superávit fiscal primario en cuanto a atender los rubros inversión y recuperación del salario real del sector público que el gobierno asume como «deuda»?

—Evidentemente esas metas de superávit fiscal primario son una restricción muy significativa para el diseño del Presupuesto. En principio, será muy difícil que el gasto global pueda crecer a un ritmo superior al que se espera de la actividad económica. Es más, puede preverse que crezca por debajo de la expansión del PIB. Por lo tanto, habrá que ver, por un lado, cómo se compatibiliza esa restricción macroeconómica con los pedidos de aumentos del gasto de los ministerios y de los restantes sectores del Estado. Por otro, también habrá que atender si en ese proceso de discusión el presidente de la República seguirá respaldando al equipo económico como lo ha hecho hasta ahora. Como es previsible que el Presupuesto tenga un gasto global acotado, de alguna manera habrá que repartir ese gasto dentro de los diferentes incisos de los distintos ministerios. En consecuencia, esa discusión será muy difícil porque prácticamente no hay ningún margen para efectuar gastos mayores y es claro también que las demandas son muchas ya que el propio gobierno se encargó de alentar expectativas de mejoras importantes durante la campaña electoral. Como el partido gobernante, que históricamente estuvo en la oposición, siempre impulsó esas reivindicaciones, ahora se plantea la situación de que siendo gobierno tendrá que decir «no» a las mismas. Sin duda la discusión del Presupuesto va a ser crucial para la gestión macroeconómica de los próximos años. Habrá que ver si las señales de «austeridad» que se han intentado transmitir en los últimos días, tanto por parte del ministro Astori como por parte del propio presidente Vázquez, se cumplen en la práctica.

Deuda pública

—Usted mencionó el alto nivel de endeudamiento público como la principal restricción de la economía uruguaya. ¿A que obedeció el fuerte crecimiento de la deuda en U$S 1.172 millones en 2004, sobre todo cuando se lo compara con un déficit fiscal moderado de U$S 261 millones?

—La diferencia entre el aumento del endeudamiento neto registrado el año pasado y el déficit fiscal del mismo período está fundamentalmente atada al tema del impacto de los arbitrajes cambiarios, sobre todo de la deuda que no está emitida en dólares. Por consiguiente, la profunda caída de la divisa estadounidense experimentada en 2004 con respecto al euro, los derechos especiales de giro (DEG), el yen , etc. así como la apreciación del peso uruguayo generaron un aumento en términos nominales de la deuda medida en dólares. Dicha diferencia también obedece a un factor «contable» que se vincula con los encajes en moneda extranjera del sistema bancario depositados en el Banco Central. Como dichos depósitos son pasivos contingentes, no están computados como deuda ya que serán exigibles o no en la medida en que caigan los depósitos del público en el sistema bancario y, por lo tanto, los bancos puedan retirarlos del BCU. Sin embargo, esos depósitos ayudan a incrementar los activos de reserva del BCU. En el año 2004 hubo una reducción significativa de esos pasivos contingentes que provocó una caída de los activos de reservas sin que se hubiera dado como contrapartida una reducción del endeudamiento porque, en primera instancia, no estaban computados. Si se toman en cuenta ambos factores: el efecto de los arbitrajes cambiarios y la evolución de los pasivos contingentes, las cifras son consistentes.

—¿Cómo prevé que evolucione la deuda del sector público en el próximo año y medio?

—La deuda nominal va a seguir creciendo durante los próximos años porque todavía hay un déficit fiscal remanente de unos U$S 200-250 millones. Según cómo se den los números fiscales, habrá que financiar esa deuda. Sin embargo, la deuda pública en términos de PIB va a continuar bajando. Este año el ratio deuda/PIB se reducirá de manera muy importante por el efecto de la fuerte suba del producto medido en dólares que se va a registrar como consecuencia del crecimiento del nivel de actividad económica y, fundamentalmente por el alto nivel de inflación en dólares en 2005 comparado con el año pasado. Esto ya se vio en el primer trimestre del corriente año cuando la deuda bruta total pasó a grosso modo de 101% del PIB a 92%.

—A su juicio, ¿cuál será el manejo de la deuda por parte el nuevo gobierno?

—La estrategia del gobierno apunta a mantener el acceso a los mercados internacionales para poder seguir financiando el déficit fiscal remanente y, fundamentalmente, para poder obtener los recursos necesarios para amortizar la deuda con el FMI. No olvidemos que el acuerdo con el organismo multilateral de crédito prevé que se le va a represtar a Uruguay el 60% de sus vencimientos, pero habrá que pagar el 40% restante. Esos pagos se van a financiar con un nuevo endeudamiento a nivel global como ocurrió con los U$S 500 millones de la nueva serie 2017 que se colocó en mayo y en junio de este año. Al mantener un acceso fluido a los mercados internacionales y con una economía en crecimiento, las proyecciones que se hacen sobre «sostenibilidad» de la deuda pública apuntan a que el ratio estaría por debajo del 60% del PIB en 2009. Ese nivel todavía sería muy alto para la economía uruguaya si se atiende a las cifras históricas, pero mucho más bajo de lo que era a fines del año pasado.

Competitividad

—¿Cómo evalúa el actual nivel de competitividad de las economía uruguaya teniendo en cuenta las quejas de los productores agropecuarios y empresarios industriales?

—El nivel global de competitividad de la economía uruguaya no es malo, aunque el sector exportador en el último año experimentó una pérdida importante de su capacidad de competencia y de su rentabilidad respecto a la situación del primer semestre de 2004. Si se toma cualquier referencia histórica en cuanto a competitividad, hoy el país está ligeramente por encima del promedio, lo que puede variar algo dependiendo de los mercados en donde cada exportador opera y de la evolución de los precios internacionales de cada sector. Reconozco que existen desfasajes o desajustes muy significativos en cuanto a la competitividad de Uruguay con Argentina, que es muy desfavorable para nuestro país. En cambio, es muy favorable con el resto del mundo. En lo que se refiere a Brasil, está prácticamente en el promedio de los índices que se registraron en el período 1990-98. A pesar de ello, se da la paradoja que las exportaciones uruguayas al mercado brasileño no aumentan, pero sí se incrementan con Argentina.

—¿Cómo evolucionará la competitividad de la producción uruguaya con Argentina?

—Parece muy difícil que los precios en dólares en Uruguay puedan seguir subiendo mucho más si no ocurre lo mismo en Argentina. En caso de que se diera un desfasaje mayor de los precios en dólares entre ambos países, se estarían creando las condiciones para que la próxima temporada turística sea muy mala en Uruguay; pero no creo que eso esté en los objetivos de nadie. Además, a partir de los niveles actuales, es poco probable que se vuelva a registrar una tasa de inflación en dólares del 27.7% como la que tuvimos en el período julio 2004-junio 2005. Eso se puede dar por una única vez debido, por un lado, al ajuste del nivel de los precios en dólares que habían quedado muy bajos después de la gran devaluación del año 2002 y, por otro, a los cambios monetarios ocurridos en el contexto regional y mundial. Por consiguiente, estimo que la inflación en dólares en nuestro país estará entre 3% y 5% en 2005 medida «diciembre a diciembre», aunque en términos de promedio anual será mucho más alta, pero no más arriba de ese nivel. Eso implica que de ahora en adelante el dólar va a mostrar —o, al menos, debería mostrar— una evolución mucho más parecida a la de los precios internos.

—¿Es factible que la actual subvaluación de la moneda argentina con respecto al dólar se mantenga después de las elecciones legislativas de octubre próximo?

—Los precios en dólares en Argentina van a subir de cualquier manera, salvo que el contexto internacional cambie de manera muy negativa o que problemas internos lleven nuevamente a una salida masiva de capitales como la que se dio entre 2001 y 2003. La duda que puede haber es a qué velocidad los precios se incrementen. Claramente, el gobierno de Kirchner está haciendo todos los esfuerzos posibles para que la suba sea gradual. Por eso interviene en el mercado de cambios tratando de sostener al dólar lo más cerca posible del nivel de 2.90 pesos argentinos por dólar, con la consecuencia de que la inflación interna se ha acelerado. Si se dejara caer el tipo de cambio, la suba de los precios en dólares sería mucho más rápida, pero la inflación interna volvería a ubicarse bastante por debajo del 10%. Salvo que la inflación se acelere muy por encima de ese nivel, seguramente el gobierno argentino continuará con su política de sostener al dólar en el mercado de cambios.