‘El mercado de Uruguay no despierta el apetito de EEUU’

Las proyecciones de crecimiento de la economía han sido revisadas al alza para 2006 y 2007, ¿cuándo se prevé que el contexto internacional no sea tan favorable?
No me animaría a decirlo. Reconozco que hay factores de riesgo evidentes, destaco la evolución del precio del petróleo, pero incluso desde el punto de vista de las tasas de interés, que podría ser otro elemento a considerar, no creo que haya que esperar cambios dramáticos en este período. Tendremos que ir analizándolo paso a paso, pero podemos esperar que durante 18 meses el contexto siga siendo favorable a Uruguay, por poner un período más o menos aproximado.


El conflicto con Argentina por las plantas de celulosa, ¿puede tener otras expresiones como el corte del suministro de gas o eléctrico?

Hay que estar bien concentrados en esta evolución, y evitar sorpresas. Es evidente que puede haber un impacto negativo en materia de venta de servicios de turismo y actividades conexas. Desde el punto de vista de afluencia de inversión del exterior al Uruguay, alguien podría pensar que el riesgo regional pueda jugar negativamente, estoy de acuerdo. Pero también hay que tener en cuenta que en esta comparación que se hace de Uruguay con Argentina, a propósito del conflicto, el que sale favorecido en el mundo es, sin ninguna duda, Uruguay. El país refuerza su imagen por su conducta en este conflicto y Argentina la empeora. Uruguay tiene que seguir firmemente su camino en cuanto a la generación y consolidación de un escenario proclive y favorable a la inversión. Si logramos finalizar en un acuerdo comercial importante con EEUU, eso va a jugar a favor de la inversión en Uruguay, no sólo de EEUU, sino de otros países del mundo.


¿Qué impresión se llevó de las reuniones con Everett Eissenstat, representante comercial de EEUU?

En primer lugar, la apertura y la flexibilidad con la que EEUU y en particular el representante Eissenstat están actuando. Apertura porque realmente, a diferencia del pasado, EEUU hoy tiene voluntad de realizar un acuerdo con Uruguay. En segundo lugar la flexibilidad. Él no ha llegado aquí para decir: es este formato o nada. No es verdad que EEUU diga, por ejemplo, es un Tratado de Libre Comercio (TLC) o nada. No es verdad que EEUU dice o un tratado como el de Perú o nada. (N. de la R.:Acuerdo de Promoción Comercial).


¿Y con qué visión se fue Eissenstat?

Muy buena. Sinceramente, creo que se fue con una visión positiva y el discurso del presidente (Tabaré) Vázquez lo impactó realmente. No hizo afirmaciones posteriores a ese discurso como para quedar bien, las hizo porque quedó muy impactado por el liderazgo del presidente. Hay que tener en cuenta que él ya había tenido una conversación importante con Vázquez el día anterior, cuyo contenido conozco y sé que fue muy buena. Ahora, después de haberlo escuchado el miércoles 9, su impresión fue todavía más importante.


¿Marcó una línea el discurso de Vázquez?

Me parece que hay un antes y un después de ese discurso. No solo marcó una línea, dio una orientación muy clara, que resumiría a través de estos factores. En primer lugar, la desideologización del análisis de este tema y la necesidad de equilibrar los principios, –que son intocables y que están básicamente integrados a los objetivos que tiene este gobierno– y el pragmatismo, que se vincula principalmente con las herramientas. A todas luces, un tratado de comercio con EEUU o con quien sea, es una herramienta. No podemos tratar este instrumento como si fuera un objetivo en sí mismo, como si pusiera en controversia nuestras convicciones, nuestra propia ideología, que la tenemos. La segunda característica es que nosotros no ponemos en cuestión al Mercosur por esta herramienta. Y la tercera es reconocer que el Mercosur está con problemas muy serios. Reconocerlos es tener condición para trabajar en cuanto a su superación. Una de las maneras de comenzar a reaccionar frente a los problemas es la de progresar bilateralmente fuera de la región. Más ahora que los caminos multilaterales están bloqueados.


¿Qué posibilidades se abren?

Estamos pensando, por supuesto en EEUU, que es nuestro principal cliente, pero también en China. Ya estamos iniciando las conversaciones hacia un acuerdo bilateral importante con China, ojalá sea un TLC, aunque tampoco se agota en esa posibilidad. He comenzado a intercambiar posibilidades con el embajador de China y el año que viene vamos a ir con el presidente a China, porque nos parece absolutamente fundamental tener también un acuerdo bilateral importante con ese país. Menciono también a India, con el que estamos avanzando rápidamente en un Tratado de Protección de Inversiones, que es la antesala de un acuerdo comercial amplio.


Hay integrantes del Poder Ejecutivo que dicen que después de la línea que marcó Vázquez, aquellos ministros que están más cerrados a un acuerdo bilateral deben definirse si siguen en el gobierno o no.

Prefiero a esta altura de las circunstancias seguir poniendo el acento en el acuerdo unánime que hay en el gobierno para seguir avanzando en la búsqueda de un acuerdo lo más amplio posible. Sobre esto no hay diferencias. Los matices empiezan cuando aludimos al formato final. Veamos qué formato se puede lograr, y después sí, cuando llegue la definición del formato final puede haber discrepancias. Creo que tampoco hay que dramatizar esas discrepancias y puede haber resoluciones o definiciones que seguramente el gobierno va a tener que tomar para decir “este camino es satisfactorio para el país y lo culminamos” o “no nos gusta este resultado y no lo culminamos”. Otra virtud que tuvo el discurso de Eissenstat fue que dijo “estas discusiones que hay en Uruguay son sanas y en EEUU se reiteran”. Precisamente hay una gran discusión histórica entre demócratas y republicanos, entre otras cosas, acerca del comercio internacional.


¿Qué cuidados se deben tener al negociar con EEUU, para que no pase lo del “abrazo del oso“, al decir del ministro José Mujica?

Hay que tener cuidado y examinar con mucha atención todos los aspectos de la negociación. Desde el punto de vista comercial, estructural de nuestra economía en comparación con la de EEUU, hay un aspecto que ya significa un punto a favor de Uruguay y es que el país tiene un tamaño relativo, tan pequeño, que no creo que despierte apetitos importantes del comercio de EEUU al Uruguay. Lo que sí puede despertar espacios atractivos para EEUU es la inversión. Habrá que tener cuidado no solo en materia de bienes y servicios, también en materia de compras gubernamentales. En materia de propiedad intelectual está el tema de nuestra industria farmacéutica, que es importante y que tenemos que cuidar. Pero ahí tenemos una herramienta muy importante a favor, que es nuestra muy buena ley de patentes. Ley que establece la licencia obligatoria en determinadas condiciones, porque precisamente fue hecha pensando en la defensa de nuestra industria farmacéutica y ahora, en el marco de las negociaciones, es una herramienta que va a operar a favor nuestro.


¿Va a ser un punto estratégico defender la propiedad intelectual de la industria farmacéutica uruguaya?

No me quiero anticipar, pero al igual que en otros terrenos Uruguay va intentar tener el mayor beneficio posible para su producción. No tengo dudas que en EEUU van a hacer lo mismo respecto a la carne uruguaya, al arroz y a los productos lácteos, y van a intentar liberalizar el comercio gradualmente, pero de manera que no afecte sus propios intereses. Ahora, en un balance de efectos, Uruguay va a salir ganando muchísimo con un acuerdo de esta naturaleza. Es más, no tengo una sola evidencia, una sola evidencia empírica, de un país pequeño, mediano o grande –pero tomemos los pequeños– que haya realizado un acuerdo comercial con EEUU y haya salido perjudicado.


¿Cómo siguen las conversaciones?

Esta semana ya se ponen a trabajar los grupos ingresando en un terreno que técnicamente podemos llamar de negociación. Conectándose los grupos a través de diversos medios, electrónicos, directos, porque va a haber delegaciones que viajen, y todo dirigido al 2 y 3 de octubre (cuando se reúna la Comisión Bilateral de Comercio e Inversiones).


¿En esa fecha se tiene que definir el formato del acuerdo?

Exactamente. Ahí ya hay que tener, más allá de que pueden quedar detalles a seguir conversando, una definición de lo que podríamos llamar el formato del acuerdo. Sobre este formato lo que menos importa es el nombre. Hay un pasaje del discurso del presidente, a mi juicio brillante también, en el que dice “no tengo vocación de sigla”, como diciendo analicemos los contenidos. Por supuesto todos los uruguayos esperamos que haya caída de aranceles sobre nuestros productos, aumentos de cuotas y que, por lo menos, podamos limitar los subsidios.


Al otro día del Council of the Americas, el integrante de la Cancillería argentina, Eduardo Sigal, se refirió a la resolución del año 2000 de que las negociaciones para acuerdos extraregionales deben ser encaradas por el Mercosur en su conjunto. ¿Cómo vamos a superar esa traba?

Ya empezamos a plantearlo. En la cumbre de Córdoba señalamos la necesidad de encarar con flexibilidad estas preocupaciones de los países más pequeños. También lo planteó Paraguay. Después lo hablé con la ministra (argentina de Economía, Felisa) Miceli, con el ministro (brasileño de Economía, Guido) Mantega. Yo leí que al señor Sigal le hace “ruido” lo que nosotros hemos dicho (respecto a un acuerdo comercial con EEUU). Para nosotros es un ruido ensordecedor todo lo que ha venido pasando estos años. Precisamente son de 2000, todas las otras resoluciones que no se cumplieron. Entre otras, la de eliminar obstáculos no arancelarios al comercio recíproco, la cláusula de adaptación competitiva que es un obstáculo de la bilateralidad de Argentina y Brasil. Uno no le puede pedir a los demás, que cumplan esto, y lo otro no se cumple. Y para qué mencionar la agresión al espíritu de integración que significa todo lo que ha ocurrido desde Argentina respecto al conflicto de las plantas (de celulosa). Es inconcebible, es absolutamente contradictorio con cualquier idea de integración, lo que ha hecho Argentina respecto a Uruguay. Una política de verdadero bloqueo, no solo de los puentes, ahora están intentando un bloqueo financiero.

POR FABIÁN TISCORNIA DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR