«El motor de la economía es la mente de su gente»

“Es el nuevo lenguaje”, dice. Enríquez participa en la expedición del Sorcerer II, un velero acondicionado como laboratorio por Craig Vender, el científico que lideró el equipo que decodificó el genoma humano, y que está recogiendo muestras en los océanos para identificar nuevas especies vivientes. “Creo que vamos a duplicar el número de especies conocidas en el planeta”, dice el mexicano. Horas antes de viajar a Australia, para embarcarse en el Sorcerer, Enríquez  habló con el director editorial de AméricaEconomía, Raúl Ferro, sobre el papel de América Latina en las nuevas revoluciones que se nos vienen.

¿Qué hacen con los datos recolectados en el crucero?
Toda la información que recogemos se hace pública, lo que va a llevar a una serie de cosas. Vamos a entender mucho mejor qué código genético lleva a qué; cómo funcionan distintas cosas. Además, lo recogido en las muestras de agua ha incrementado el número conocido de fotorreceptores que traducen la energía solar en energía para comer, para mover plantas, para dar color y otras cosas. Viendo eso ahora tenemos cien veces más caminos para pensar en cómo transformar la energía solar.

Dices que la genética es lo que está marcando el futuro y que a los niños hay que comenzar a enseñarles el lenguaje genético. En América Latina ni siquiera hemos generalizado el lenguaje binario, ¿quiere decir esto que la brecha se amplía irremediablemente?
Si fuera especulación mía, pues descuéntalo como un académico más. Pero si cada año ves que los países más grandes de América Latina caen en posición relativa tanto en temas de educación, como en competitividad, como en tamaño total de la economía, pues preocúpate. Si tú ves devaluación tras devaluación y tú ves inestabilidad política tras inestabilidad política; si ves que México pasa de ser la novena economía del mundo a la decimocuarta, son indicadores que te están diciendo que el modelo actual ni es estable ni es sostenible.

¿Tiene América Latina esperanzas de quemar etapas y saltar directamente a la era del lenguaje genético?
Yo creo que sí, porque varios de los países que hoy son binarios son países que ni siquiera participaban en ciencias en 1965 o 1970. Por ejemplo, Corea sólo rebasó a México en ingresos a mediados de los 80. En 1975, un coreano promedio ganaba la quinta parte que un mexicano. Si un pueblo como Corea puede hacer ese cambio en cuestión de 20 años, pues cualquier país latinoamericano también puede, pero únicamente si se da cuenta de que el motor de la economía del conocimiento es la mente de la gente. Entonces tiene que generar esas mentes, tiene que educar esas mentes, hay que importar esas mentes y tiene que poner esas mentes a trabajar en negocios que no solamente sean cemento, acero, tala de árboles…

Las industrias del siglo XIX en las que América Latina es competitiva…
Bueno, si ves el índice de exportaciones, por ejemplo, de Chile, uno de los países más exitosos, casi todo son materias primas.

¿Qué posibilidades hay de generar conocimiento a partir de las materias primas?
Yo creo que se puede hacer mucho con materias primas, porque tú puedes transformar hoy un árbol, o transformar una naranja, o puedes transformar un pollo, o puedes transformar una vaca para que produzcan medicinas, para que te produzcan químicos, para que te produzcan partes para trasplantes humanos. Si el contenido bruto de la materia prima es cinco o diez por ciento materia prima y noventa por ciento conocimiento, entonces lo que estás exportando es conocimiento, no materias primas. Una semilla se vuelve extraordinariamente valiosa en la medida que lleva conocimiento adentro.

La mexicana Seminis ha sido una de las pocas empresas latinoamericanas que apostaron en grande a la genética y la jugada le salió mal, ¿a qué lo atribuyes?
Es perfectamente razonable. Mira el mundo del cómputo. Varias de las compañías líderes, como Altair, la compañía sobre la que comenzó a programar Bill Gates, Commodore o Wang, tuvieron problemas inmensos y perdieron en muchos casos la compañía completa. Lo mismo pasó con la industria automotriz. De 214 empresas compitiendo en Estados Unidos en 1920, cuando los automóviles eran el último grito de la tecnología, hoy quedan siete. El hecho de que una empresa individual tenga o no tenga éxito, no significa que el sistema no se siga moviendo hacia delante rápidamente.

Se podría decir que el problema es que Seminis era la única empresa metida en este negocio…
Sí, si tuvieras cien empresas latinoamericanas compitiendo en este negocio, tendrías cinco extraordinariamente exitosas.

¿Es un negocio que tiene sentido para una empresa latinoamericana o los números son demasiado grandes?
Yo creo que hay tantos nichos nuevos de mercado y tantas aplicaciones, sea en bioinformática, sea en semillas, que si un país latinoamericano intenta meterse a todo y ser primero en todo, no va a funcionar. Pero si no se mete en nada, va a perder su liderazgo en casi toda empresa en este mundo.

Dices que las discontinuidades tecnológicas son los principales drivers que provocan los cambios económicos de largo plazo…
Cuando piensas en términos de historia, en términos de la edad de piedra, de la edad de obsidiana, de la edad de hierro, de la edad de bronce, la revolución industrial, la era digital… Estas discontinuidades hacen que un pueblo o una especie se vuelva dominante. A medida que aprendimos a trabajar la piedra y la obsidiana, nos convertimos en la especie dominante, aunque no seamos la empresa más fuerte. La historia humana, más que la historia de bravos o listos, es una historia sobre quién adapta primero determinadas técnicas que permiten que esa sociedad tenga más poder y tenga más dinero. Hoy serán los países y las empresas que primero dominen lo que tenga que ver con las ciencias de la vida los que podrán convertirse en dominantes. Es la habilidad para entender el código que programa toda forma de vida en este planeta lo que va a convertirse en el principal motor de la economía mundial.

Este tipo de conocimiento ya no es patrimonio exclusivo de países, es cada vez más patrimonio de empresas, ¿qué riesgo hay en la privatización de ese conocimiento?
Es un debate que hemos llevado una y otra vez a lo largo de la historia. Yo diría que entre las sociedades más agresivas en términos de mantener esto como bienes públicos están los ingleses. Ahora, los ingleses fueron los que descubrieron el ADN. Los ingleses fueron los que clonaron el primer animal. Los que descubrieron la penicilina. Es una sociedad que ha profitado muy poco de esto, porque ha insistido en muchas ocasiones en no hacer de esto un bien privado. Hay miles de instancias en las que los privados, o los empresarios, terminan haciendo barbaridades. Pero los sistemas que no dan un incentivo al privado, acaban siendo irrelevantes en el mundo del conocimiento. Por ejemplo, Finlandia, que ahora es un líder de competitividad mundial, no comenzó siendo un ejemplo serio hasta que surgieron empresas privadas como Nokia. Ahora, hay distintos grados de incentivos económicos. No tiene que ser un capitalismo salvaje, pero si no hay privados no hay crecimiento.