El nuevo aeropuerto de Carrasco “interfiere” la operativa del radar.

POR LEONARDO LUZZI DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR

La ubicación del nuevo aeropuerto de Carrasco –que está en su etapa final de construcción–, y los materiales utilizados en su techo, sobre todo el metal, “interfieren” con la operativa del radar que guía la llegada de los aviones a la terminal, informaron a El Observador operadores aeroportuarios.
Técnicos y pilotos consultados tienen distintos puntos de vista en cuanto al riesgo que implica para la navegación que el radar tenga “una sombra aeronáutica”, que se traduce en un ángulo del espacio aéreo no captado por la antena ubicada en ruta 101 y la Interbalnearia.

Esa sombra permanente “limita” la operativa del radar y por tanto de la torre de control, reconoció a El Observador el coronel aviador Daniel Olmedo, titular de la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia). El jerarca indicó que en su opinión la limitante del radar “no significa un riesgo para el tráfico”. También señaló que esa es la opinión de técnicos de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) que estuvieron en Montevideo.

Explicó que el radar de Carrasco “es de aproximación” (ayuda a los aviones a posicionarse hacia la terminal) y no “de precisión”, que son los que colocan a las aeronaves sobre la cabecera de la pista.

Dijo que el problema no fue advertido en el gobierno anterior cuando se subastó la terminal y comenzó a proyectarse el nuevo aeropuerto.

Cuando se privatizó el aeropuerto las comunicaciones quedaron a cargo de la Dinacia por lo que el costo de la solución del radar deberá ser afrontado por el Estado.

Olmedo relató a El Observador que el actual radar fue instalado en el año 1982. Dijo que “cumplió su ciclo” y que tuvo “varias puesta a punto” e incluso técnicos de OACI recomendaron la compra de otro equipo.

En Dinacia se proyecta la adquisición de uno nuevo, también “de aproximación”, a un costo estimado de US$ 9 millones, recursos que aún no están financiados. La compra puede hacerse mediante licitación o a través de la OACI, que tiene un mecanismo de cooperación técnica que por el volumen de compras que maneja permite acceder a mejores precios.

Una vez adquirido, el radar será ubicado dentro del predio del aeropuerto, pero lejos del edificio de la terminal, para evitar la interferencia actual.

Peligro latente. “Siempre es mejor navegar sabiendo que el radar funciona con el 100% de su capacidad”, dijo a El Observador un piloto de una aerolínea comercial que llega a Carrasco. El aviador señaló que en materia aeronáutica da tranquilidad contar con equipos modernos aunque, aclaró, se puede aterrizar sin ellos.

En esa línea de razonamiento, Fernando Reyes, presidente de la Asociación de Controladores de Tránsito Aéreo del Uruguay, comentó a El Observador que el radar de Carrasco está siendo afectado “cada vez más” a medida que avanza la obra del nuevo aeropuerto. Señaló que los radares estás diseñados para detectar metales y reflejar esa imagen en las pantallas de las computadoras. “El edificio del nuevo aeropuerto, de superficie y vigas de metal, es un elemento de interferencia, distorsión y degradación de la señal del radar”, explicó el técnico que trabaja en la torre de control.

Señaló que la aparición de la obra produce en el radar “rebotes y ecos falsos” y “zonas ciegas grandes” que dan una información distorsionada a los operadores.

Opinó que esa interferencia disminuye la señal que se recibe en la torre de control y por tanto constituye “un riesgo” para el tráfico aéreo.

La solución pasa, dijo Reyes, por reubicar en Carrasco el nuevo radar que se proyecta comprar.