El nuevo gobierno se dirige hacia una profundización de las regulaciones

No es creíble que el ministro Martín Lousteau vaya a poder imponer algún criterio de racionalidad económica en la administración


La política económica argentina continuará siendo manejada desde la sombra por Néstor Kirchner, quien cree que sabe de economía. En realidad, no se precisa ser un experto en la materia para adoptar el tipo de medidas a que nos tiene acostumbrado el ex presidente. Son políticas muy primitivas que puede llevar adelante cualquier aficionado, sostuvo el economista argentino Roberto Cachanosky en diálogo con ECONOMIA & MERCADO. El entrevistado analizó, entre otros temas, las restricciones que se presentan para el crecimiento de la economía de Argentina, las perspectivas del manejo de la inflación y la sustentabilidd del actual valor del dólar en el mercado cambiario argentino. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-¿Qué lectura hace de la situación económica de Argentina al comienzo de la presidencia de Cristina Kirchner?

-El contexto en que se está moviendo la economía argentina es el de un país con baja inversión, en donde se ha incrementado la producción debido a condiciones muy favorables en los mercados internacionales. En los últimos cinco años, Argentina ha experimentado un proceso de reactivación económica que es un fenómeno muy distinto al de crecimiento económico, dado que el aparato productivo estaba ocioso como consecuencia de la crisis de 2001-02. Ahora que se han alcanzado los niveles anteriores a ese período crítico, se presentan serios problemas debido al grave déficit energético, una tasa de inflación creciente y la falta de captación de capitales locales y extranjeros. A todo esto debe sumarse la discusión por la recomposición de los salarios que se planteará seguramente en los primeros meses de este año.

-¿Cómo prevé que evolucione la economía argentina en 2008?

-Hoy existe una enorme distorsión de los precios relativos, que en algunos casos están en niveles muy bajos como consecuencia de los intentos del gobierno de Néstor Kirchner por disimular el Índice de los Precios del Consumidor (IPC). En efecto, pocos días después de realizados los comicios presidenciales se anunció el aumento de un 15%-20% de las tarifas del transporte colectivo en la Capital Federal. Mientras tanto el precio de los combustibles se mantiene prácticamente en los niveles de 2002 -cuando el barril de petróleo se cotizaba a US$ 30- pese a que hoy se ha triplicado su valor. La distorsión existente en las tarifas de los servicios públicos se tendrá que recomponer en el correr de 2008. Por ejemplo, el gobierno tiene que pensar en multiplicar por tres el precio actual del gas y deberá duplicar, al menos, el de los combustibles. Tales medidas producirán una reducción del salario real que, junto con la previsible aceleración de la inflación, van a conducir a un contexto de lucha muy intenso por la distribución del ingreso. Eso es apenas una muestra de lo que está por venir como consecuencia de lo que se hizo durante los cuatro años y medio del gobierno de Néstor Kirchner.

-¿Qué restricciones se presentarán para el crecimiento económico de Argentina el año venidero?

-La economía crece cuando cuenta con inversiones productivas. Estas son hijas, por un lado, de un modelo económico consistente -es decir una disciplina fiscal y monetaria, un marco laboral que incentive la contratación de personal, una presión moderada del sistema impositivo- y, por otro, de la previsibilidad en las reglas de juego y la existencia de seguridad jurídica. El crecimiento no está relacionado sólo con medidas que se aplican a la economía, sino también con un contexto político-institucional en donde se respete, por ejemplo, la propiedad privada. Justamente allí existe un serio déficit en Argentina, que continúa siendo un país en donde el Poder Ejecutivo concentra demasiadas atribuciones, el control del Poder Legislativo brilla por su ausencia y la función del Poder Judicial es prácticamente irrelevante y, ciertamente, no es el último bastión que tienen los ciudadanos para defender los derechos de propiedad. Como muestra basta recordar que hace un par de años la empresa Shell tuvo problemas con el secretario de Comercio que amenazó con imponerle abultadas multas a los directores de la multinacional anglo-holandesa porque aumentaron los precios de los combustibles en las estaciones de servicio. De hecho, un alto funcionario del gobierno argentino tiene más poder sobre los derechos de propiedad que un tribunal de la Justicia.

Inflación

-¿Cuál es el indicador macroeconómico más preocupante actualmente en Argentina?

-Sin duda es la inflación, porque constituye el impuesto que la gente percibe con mayor rapidez y,, por tanto, puede generar una huída del peso hacia el dólar y distorsionar los precios relativos.

-¿A qué atribuye los actuales niveles de la inflación que superan sustancialmente a los que se registran en los demás países de la región?

-La alta inflación que afecta a la economía argentina tiene que ver con la política de tipo de cambio alto dado que el Poder Ejecutivo quiere que la cotización del dólar esté por encima del valor de mercado. La dificultad que se presenta es que para forzar ese precio al alza se requiere que el gobierno obtenga un superávit fiscal gigantesco que lo habilite a comprar dólares y mantener la cotización de la divisa estadounidense en niveles superiores a los del mercado o que, en su defecto, realice una emisión monetaria constante para comprar los dólares en el mercado y, de ese modo, sostener su precio. Como el Banco Central ha utilizado el mecanismo de emisión monetaria que alcanza a una tasa del 25%, esa práctica produce un proceso inflacionario que va a deteriorar al tipo de cambio real.

-El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, ha sostenido que la inflación en Argentina obedece al fuerte crecimiento de su economía. ¿Qué opina al respecto?

-El argumento de que hay inflación porque la economía crece es una contradicción. Si la economía se expande, se debe a que hay inversiones y mayor oferta de bienes y servicios. Por lo tanto, no se entiende muy bien cómo es que si aumenta la oferta de productos, puede haber inflación. Es sabido que la demanda depende de la oferta, o sea que nadie puede demandar más bienes y servicios si previamente no le ofrecen mayor cantidad. Es con el producido de la oferta que se puede demandar más.

-¿Cómo vislumbra que evolucionará la inflación en 2008?

-Seguramente el superávit fiscal no va a alcanzar para comprar todos los dólares necesarios para controlar el precio de la divisa estadounidense en el mercado cambiario local y, por consiguiente, el gobierno va a tener que emitir más moneda, lo cual va a generar una aceleración de los precios. Si se le suman los aumentos en las tarifas de los servicios públicos y las demandas de incrementos en los salarios, la tasa de inflación va a estar en niveles muy cercanos o mayores a los de 2007 por más que el Instituto de Estadísticas y Censo (Indec) manejado por el gobierno continúe anunciando aumentos mucho menores del IPC.

-¿Es factible que se produzca un sinceramiento de los niveles del IPC por parte del Indec en el correr de este año?

-No. El Indec no va a reconocer los niveles de inflación verdadera. El motivo de esconder el verdadero nivel del IPC no es para convencer al público de que la inflación es más baja porque cualquier persona se da cuenta de la suba de precios al ir de compras al supermercado. La razón fundamental por la cual el gobierno ha estado dibujando el IPC es porque Argentina está haciendo un default encubierto de la deuda pública dado que el 42% del total de la misma está en bonos ajustables por inflación, que suman 175.000 millones de pesos argentinos. Cada punto porcentual que se reduzca de inflación representa 1.750 millones de pesos mensuales del principal que no se ajustan.

-¿Podrá frenar el ministro de Economía, Martín Lousteau, el proceso inflacionario que afecta actualmente a la economía argentina?

-Será muy difícil que el joven ministro de Economía cambie los lineamientos trazados en la administración anterior, entre otras razones, porque se le impusieron los nombres de sus colaboradores desde el inicio de su gestión. Por ejemplo, el controversial Guillermo Moreno continúa al frente de la Secretaría de Comercio. Además, el economista Lousteau poco podrá hacer si la dirigencia política no lo apoya al fijar un rumbo determinado en la política económica. En los años recientes, el ministro de Economía formal ha sido simplemente una figura decorativa. Lo fue Micelli, lo fue Peirano y también le va a ocurrir lo mismo al actual titular de esa cartera. No es creíble que vaya a poder imponer algún criterio de racionalidad en la conducción económica del gobierno.

-¿Descarta, entonces, que el ministro de Economía, Martín Lousteau, y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, puedan tener mayor autonomía en sus cargos que sus predecesores inmediatos?

-La política económica argentina continuará siendo manejada desde la sombra por Néstor Kirchner, quien cree que sabe de economía. En realidad, no se precisa ser un economista para adoptar el tipo de medidas a que nos tiene acostumbrado el ex presidente. Son políticas muy primitivas que puede llevar adelante cualquier aficionado.

Política económica

-¿Cómo afecta la actual escalada del precio internacional del petróleo a la economía argentina y a los consumidores locales?

-Por falta de nuevas inversiones en la explotación de hidrocarburos, Argentina se está transformando en una importadora neta de petróleo, dado que la producción local es insuficiente para abastecer al mercado interno. Por ejemplo, hay serios problemas de disponibilidad de gas-oil, lo que afecta al transporte de carga y, sobre todo, al funcionamiento de la maquinaria del sector agropecuario. Una mayor importación de petróleo significa que los consumidores tendrán que pagar los combustibles de acuerdo con las cotizaciones del crudo que rigen en el mercado internacional. Si se produce un reajuste de los precios de los combustibles, es probable que el Estado vaya a subsidiar los mayores costos para algunos sectores.

-¿Prevé una radicalización del programa económico que impulsó el ex presidente Kirchner?

-Si bien todavía es muy temprano para emitir un juicio definitivo, todo indica que habrá una tendencia estatal más intervencionista. Cuando cualquier gobierno se pone a regular las variables económicas, al tocar una de ellas se le suelen desordenar otras. Entonces, adopta una nueva regulación que progresivamente va distorsionando al conjunto de la economía y, simultáneamente, va enmarañando el contexto, con lo cual después le resulta muy difícil salir de esa situación aplicando una marcha atrás.

-En consecuencia, las posibilidades de un tibio intento de desregular la economía son remotas. ¡No es verdad?

-Por cierto que sí. Como al matrimonio Kirchner le fue bien electoralmente, no creo que vayan a cambiar el enfoque de la política económica. Tampoco veo que tomen conciencia de la gravedad del problema real de la economía argentina, que es básicamente de abastecimiento y de medidas que van en contra de lo que es una economía de mercado. En otras palabras, van claramente en dirección a profundizar las regulaciones. Por ejemplo, a principios de diciembre pasado se aumentaron los impuestos a las exportaciones de soja, girasol, trigo y maíz. Ahora se aplica una retención del 35% a los casi 50 millones de toneladas de soja que se exportan anualmente, o sea que el gobierno se queda mediante impuestos con 17 millones de toneladas.

-Pero, ¿de qué otra forma se podría financiar el creciente gasto público que tiene hoy Argentina?

-En la medida que el gobierno siga gastando más, se van a necesitar mayores recursos. En ese caso, tendrá que emitir más moneda o aplicar más impuestos, seguramente extendiendo las retenciones a otros rubros de exportación, tales como los minerales.

Pacto social

-Antes de asumir la presidencia, Cristina Kirchner propuso un «pacto social», que definió como un acuerdo de carácter estructural en el cual se van a definir metas, objetivos cuantificables y verificables y que incluiría acuerdos sectoriales sobre cada actividad económica. ¿Cómo interpreta esa definición?

-Todavía no se sabe con exactitud de qué se trata el pacto social. Aparentemente, tiende fuertemente hacia una política del tipo corporativista fascista, mediante la cual el gobierno podría coaccionar tanto a algunos sectores empresariales como sindicales. Los voceros de la presidenta rechazan semejantes acusaciones y sostienen que sólo se va a discutir un acuerdo de precios y salarios más la habilitación de recursos para la inversión. Es sabido que los países necesitan crédito con tasas de interés moderadas para poder invertir, pero primero se debe contar con ahorro interno, que actualmente es muy bajo en Argentina.

-¿No se puede esperar un aumento de ahorro interno?

La mayor parte de los capitales argentinos están depositados en el exterior por razones de seguridad jurídica y ese ahorro viene en cuentagotas, como lo demuestra la inversión extranjera directa de los últimos cinco años. Es decir, los recursos para financiar la inversión van a ser muy limitados porque el ahorro interno es escaso y, además, está exiliado. Entonces, el pacto social se limitará a un acuerdo de precios y salarios, como ya hubo tantos en Argentina, hasta que ese esquema no resista más y haya que reacomodar los precios relativos por la presión inflacionaria.