El repentino interés por América Latina

Por qué George W. Bush, quien mencionó una sola vez a América Latina en sus seis discursos sobre el estado de la nación –ocurrió antes a los atentados del 11 de setiembre de 2001–, tiene este repentino interés por la región en la cual realizará una gira entre el próximo jueves 8 y el miércoles 14?
Un cambio se ha generado. Incluso ayer habló de lucha contra la pobreza, nombró a Simón Bolívar al mejor estilo Hugo Chávez y aseguró que América Latina “tiene un amigo” en Estados Unidos.

Pero, se sabe: la guerra en Irak, la ocupación de Afganistán y los conflictos en Medio Oriente han acaparado la atención y los dólares de Estados Unidos, que ha tenido muy poco tiempo para ocuparse de los asuntos latinoamericanos en estos seis años de gobierno del presidente Bush.

“En cierta manera, este viaje a América Latina, como otros que ha realizado al exterior, no es algo inusual cuando los presidentes se sienten atacados por la opinión pública” como sucede en este caso, dijo a El Observador Marifeli Pérez-Stable, profesora de sociología de la Universidad de Miami y una de las vice presidentas de la ONG Diálogo Inter-Americano.

Cuando le quedan dos años al frente de la Casa Blanca y tras perder el dominio en el Congreso en 2006 a manos de los demócratas, un debilitado Bush visitará cinco países “amigos” como Brasil, Uruguay (ver páginas 3 y 4), Colombia, Guatemala y México.

La elección, claro está, no resultó ser aleatoria ni caprichosa. “Los países que ha escogido son naciones que han demostrado interés de algún tipo en acercarse a Estados Unidos”, agregó Pérez-Stable.

El tour tiene un cometido comercial –con la promoción del biocombustible, la lucha contra la pobreza y el narcotráfico incluidos–, y con un claro trasfondo político. Se ve que el presidente estadounidense se dio cuenta que el sur también existe y que hay otros “americanos”, con el factor Chávez a la vista.

Es que la necesidad de buscar aliados parece ser urgente para Bush, mientras que América Latina no puede desentenderse del interés estadounidense. De esta manera lo interpretó Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard y ex director de economía del FMI. “La hemos ignorado (a América Latina) excesivamente y por mucho tiempo. Y especialmente ahora, cuando existe este gran giro hacia la izquierda”, dijo a la AP.


Visión negativa. En el último tiempo la influencia de Hugo Chávez, mandatario de Venezuela, creció en América Latina hasta el punto que presidirá una manifestación anti Bush en Buenos Aires un día antes del encuentro entre Bush y Tabaré Vázquez previsto para el sábado 10 en Colonia.

La reprobación en la región hacia Estados Unidos –aunque es el primer país en el que se piensa a la hora de emigrar– es muy alta según una reciente encuesta de la BBC y publicada por la revista The Economist. Los argentinos lideran el rechazo con el 64%, seguidos por los brasileños –57%–, los mexicanos –53%– y los chilenos –51%–. En Uruguay solo el 12% aprueba las políticas de Bush.

En Estados Unidos no creen que la gira de Bush provoque un cambio sustancial en el sentir y pensar de los latinoamericanos. El “anti yanquismo” en América Latina se remonta desde las décadas de 1960 y 1970, cuando el gobierno estadounidense apoyó algunas dictaduras para hacer frente al avance del comunismo, y en los años de 1980 cuando tomó partido en las guerras civiles de Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

Además, hoy el presidente Bush sigue empecinado en la impopular guerra en Irak, en un unilateralismo militar que lo llevó a ser cuestionado en todos los rincones del planeta.


Giro en la gira. Con este innovador giro en su política exterior, el mandatario piensa también en el futuro de su país que tendrá un nuevo presidente en dos años, el que seguramente estará de acuerdo en limitar la influencia de Chávez en el continente.

El analista político argentino, Claudio Fantini, escribió en Plan B que Bush viene a la región, no en su representación, sino en la del presidente de Estados Unidos y con todo lo que ello significa. “Así lo considera todo el arco político estadounidense, en el que también hay coincidencia en limitar la petro-influencia del líder venezolano, recomponer la relación continental que la administración republicana descuidó al empantanarse en Irak, y promover combustibles alternativos como el biodiesel para reducir la enorme dependencia de Estados Unidos con el petróleo”.

La cuestión de fondo es si el presidente de la primera potencia del mundo está capacitado para dejar una imagen positiva cuando visite a sus vecinos latinoamericanos. Geoff Thale, de la Oficina en Washington para América Latina, dejó picando la pregunta: “Creo que es fenomenal que vaya (a América Latina). Pero persiste la duda: ¿podrá lograr algo?”.