Empresarios brasileños esperan apertura en Cuba para invertir

«No hubo pedido de mediación, nada», enfatizó ayer ante la prensa el canciller brasileño, Celso Amorím, intentando poner fin a los rumores iniciados sobre un pedido del presidente provisional Raúl Castro al mandatario brasileño para que colabore con la transición en Cuba.

Mientras tanto y aunque suene difícil de creer, la rutina de los 11 millones de habitantes de la isla permanece incambiada. Nada hace pensar que el martes Fidel Castro, el hombre que rigió sus destinos durante medio siglo, haya anunciado su renuncia a la presidencia. El domingo será nombrado su sucesor. Y nada parece cambiar.

El pedido habría sido efectuado por Raúl durante la visita de Lula a Fidel Castro en enero pasado. La misión de Lula era mediar ante Estados Unidos para levantar el embargo económico a la isla así como también para acercar inversiones extranjeras, había informado el diario Folha de San Pablo.

«Yo estuve casi todo el tiempo» presente en las conversaciones entre Raúl Castro y Lula y «puedo asegurar que no se habló de mediación, de nada», aclaró el canciller.

La rumoreada colaboración de Lula se proyectaba sobre las bases de la apertura -relativa- en términos económicos y políticos, de acuerdo a Folha.

Pero más allá de la participación o no, de Lula en la transición, el tema de la apertura económica se ha instalado en el sector industrial de Brasil.

«Si cambia la legislación, las empresas brasileñas, que han desarrollado un gran proceso de internacionalización, están listas para invertir en Cuba», dijo Thomas Zanotto, director de política internacional y comercio de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), la agrupación industrial más importante de América del Sur.

Aunque los empresarios admiten que se han producido pocos cambios en materia económica tras la asunción provisional de Raúl al frente de Cuba en 2006, no dejan de reconocer que la isla es «un mercado con un potencial enorme».

Actualmente Brasil y Cuba mantienen un comercio bilateral de 400 millones de dólares anuales, de los cuales 300 millones son exportaciones brasileñas de alimentos.

El punto clave, según Zanotto, es el retiro del embargo económico que Estados Unidos inflige a Cuba desde 1962 y que ha contribuido en buena medida a debilitar la economía de la isla. Cuba viene acusando los efectos de una economía en crisis desde que la URSS -el principal aliado de la Revolución- se desmembró a principios de los 90, conocida en la isla como el «período especial».

Como resultado de esa crisis, buena parte de la sociedad cubana reclama cambios y reformas en materia económica y social para solucionar los problemas que ha provocado el régimen castrista. Aunque algunos cubanos no esperan grandes cambios con el traspaso de mando, otros son más optimistas y confían en que los signos de «liberalismo» y «pragmatismo» evidenciados por Raúl en estos 19 meses de gestión, favorezcan la recuperación.

Los empresarios brasileños estiman que con el fin del bloqueo de Washington, Cuba dejará de depender exclusivamente de su relación comercial con Venezuela, su principal aliado y socio comercial.

Los industriales brasileños son optimista y creen que con la apertura, países como Brasil, Rusia, India y China podrán competir en Cuba en pie de igualdad con las potencias del primer mundo.