Empresarios se quejaron a coro ante Astori y Bonomi

En la primera reunión formal que mantuvo el gobierno con dirigentes de las principales gremiales empresariales, en la que planteó «distribuir el crecimiento» creando empleos y subiendo los salarios, los representantes del Poder Ejecutivo -los ministros de Economía, Danilo Astori, y de Trabajo, Eduardo Bonomi- recibieron una andanada de reclamos para que se enfrenten los problemas irresueltos que recaen sobre la actividad privada.
Si bien manifestaron coincidencias con la intención del gobierno de generar un ambiente propicio para la inversión que permita mejorar la situación laboral, los representantes del empresariado señalaron que sus firmas enfrentan aún las secuelas de la última recesión y que eso dificulta la concreción de ese objetivo.
Ante los ministros, los empresarios hicieron catarsis sobre problemas que los aquejan y que operan como un lastre para sus negocios: la elevada «presión fiscal», el informalismo y el contrabando, el alto endeudamiento, el bajo precio del dólar, y la falta de «previsibilidad» y «reglas claras».
«Temor», «miedo», «preocupación», «resistencia» y «susto», fueron tan sólo algunas de las sensaciones que plantearon los empresarios durante el encuentro que mantuvieron el lunes 4 con jerarcas del gobierno en la sede de la Federación Rural de la avenida 18 de Julio. Además de Astori y Bonomi, asistieron a la reunión los viceministros de Economía, Mario Bergara, y de Trabajo, Jorge Bruni, el jefe de asesores de la primera de esas carteras, Fernando Lorenzo, y el director Nacional de Trabajo, Carlos Baráibar.
En torno a la mesa, junto a los funcionarios del gobierno, se sentaron 14 directivos de gremiales de todos los rubros, en tanto que otro medio centenar de empresarios participó desde un costado de la misma sala.
Al inicio de la reunión, que se extendió durante casi una hora y media, Astori y Bonomi explicaron la razón de la convocatoria: proponer al empresariado -al igual que lo habían hecho días atrás al PIT-CNT-, conformar un ámbito de discusión en procura de alcanzar un «compromiso nacional por el empleo, los ingresos y las responsabilidades laborales» que sirva de «marco conceptual» para los Consejos de Salarios que se instalarán el 2 de mayo. Según explicaron, la intención es que el presidente Tabaré Vázquez encabece ese espacio de deliberación.
Astori afirmó ante los empresarios que debido a la crisis reciente la «calidad» de los empleos y de los salarios ha «empeorado sustancialmente», y dijo que el «margen de maniobra» con el que cuenta el gobierno para aliviar esa situación es «notoriamente» restringido debido al «grave» endeudamiento público. «Hay un solo camino para encarar progresivamente un equilibrio entre una y otra situación (…) y ese camino se llama inversión, se llama crecimiento, se llama creación y mejoramiento del empleo. No hay otro», dijo Astori dando golpes con su puño sobre la mesa con forma de herradura.
Catarata de reclamos.
Al abrir el fuego por el lado de los empresarios, el presidente de la Cámara Mercantil, Ricardo Seizer, hizo una pregunta que ilustró claramente la inquietud e incertidumbre empresarial. «No sé si es el ámbito, pero básicamente nos podría interesar saber si en las negociaciones que vamos a tener, la idea es hablar de un jornal o una retribución básica (…), si se dirá: ‘el sueldo básico será tanto y se va a incrementar el 2% o el 5%», interrogó Seizer.
De inmediato, Astori aclaró que el gobierno no fue a la reunión con ánimo de plantear una discusión sobre «cómo se instrumenta una política salarial», sino para proponer crear un ámbito que sirva de «marco» para la futura negociación por los sueldos. A su vez, Bonomi dijo que lo que el gobierno pretende discutir con los empresarios es cómo «distribuir el crecimiento» y también «cómo crecer».
Tras esa aclaración, el presidente de la Asociación Rural, Fernando Mattos, tomó la palabra y comenzó a detallar sus preocupaciones como si se tratase de una sesión de terapia, al igual que lo harían luego otros empresarios. Sostuvo que en el agro y en otros sectores de actividad «recién» están «cicatrizando las heridas» que dejó «la crisis»,
Fernando Mattos dijo que los «grandes afectados» por la misma fueron los empresarios y trabajadores privados que tuvieron que hacer el «ajuste», y manifestó varias «preocupaciones». Dijo que «lamentablemente» la economía enfrenta «varios nubarrones en el horizonte» que pueden acotar el ritmo de crecimiento, entre los que citó el elevado precio del petróleo y la baja cotización del dólar a nivel local, lo que a su juicio reduce la «competitividad» de las exportaciones. «El empresario, en general, hoy está un poco reticente, temeroso, asustado debido a las perspectivas que se ciernen sobre toda la economía», expresó.
«Las condiciones de crecimiento necesarias para que estas negociaciones (salariales) tengan un buen final no están totalmente definidas. El empresariado, y lo digo invocando a mi sector, está expectante, con muchas preocupaciones que hacen que el ánimo con el que vamos a estar va a ser de cierto resguardo, de cierta resistencia, y de cierto conservadurismo lógico», dijo el dirigente rural. «Si no tenemos claramente cuáles van a ser las reglas, va a ser muy difícil que podamos sentarnos alrededor de una mesa con una visión optimista y abierta en la búsqueda de la mejora del empleo», remató.
José Luis Puig, titular de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios, respaldó los planteos de Mattos y expuso más quejas. Dijo que la «negociación colectiva» impulsada por el gobierno determinará lo que, según sostuvo, ha sucedido «siempre»; que «nuevamente las empresas que pagan impuestos y están en el sector formal van a ver afectados sus costos». Por esa razón, demandó al gobierno definir sus planes tributarios e informar de qué manera piensa «encarar el tema del informalismo».
La informalidad también fue citada como la mayor preocupación por Aníbal Duran, secretario ejecutivo de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción, uno de los pocos sectores que tiene acuerdos laborales colectivos. «Nosotros no le tenemos miedo a los convenios salariales pero le tenemos miedo a la informalidad y la ilegalidad», dijo, y aseguró que «algunos planes solidarios» impulsados por el Estado lindan la «competencia informal» para el sector.
El titular de la Cámara del Transporte, Julio Sánchez Padilla, insistió sobre el daño que causa la actividad informal a las empresas que operan legalmente y pidió el compromiso del gobierno para «extirpar» el problema. «Es necesario -disculpe, señor ministro de Economía- que nos dé su palabra de que va a combatir el informalismo. Sin eso, es imposible que puedan prosperar la industria, la construcción, el transporte, el comercio, los servicios», dijo.
En tanto, el presidente de la Cámara de Turismo, Mario Amestoy, hizo foco sobre el elevado «costo del Estado», y si bien admitió que el gobierno «no tiene mucho margen» para reducirlo sostuvo que ése es el mismo argumento que se ha esgrimido «desde hace años». «Tenemos un problema de tarifas públicas que acaban de subir, más en el caso del gas oil que es el que afecta la producción, no conocemos qué pasará con el sistema tributario y también nos preocupa las negociaciones colectivas en el Estado», resumió. Dijo que la posibilidad de crear empleos y subir salarios en el sector está «muy supeditado» aloque suceda con el «costo» estatal.
Las «reglas claras».
A su turno, el presidente de la Cámara de Industrias (CIU), Washington Burghi, dijo que esa gremial «está de acuerdo con los Consejos de Salarios» pero indicó que a los empresarios de ese rubro les «preocupa no tener reglas claras predecibles en el futuro». Sostuvo que los industriales desean saber cuál será la «presión tributaria» y el «costo del Estado» en el futuro próximo, y si habrá medidas para combatir el «informalismo» y el «contrabando». «Es muy difícil crecer o dar aumentos salariales cuando el vecino no los da y no los va a dar», alertó.
El secretario ejecutivo de la CIU, Walter Rodríguez, pidió al gobierno «verdaderas condiciones de competitividad» para poder aumentar la inversión como es su aspiración, y protestó porque, según dijo-, «por cada 70 pesos de utilidades» que logran las firmas de la industria «tienen que pagar 30 de impuestos».
El presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz, Hugo Manini, introdujo un nuevo ítem a la lista de reivindicaciones. Hablando no como «académico» sino como «empresario rústico», el productor supeditó la posibilidad de crear empleos y subir salarios a la «reactivación» y explicó que para que ello se dé hay que solucionar el «recurrente» problema del endeudamiento. «El contador Astori destacaba la gravedad de la deuda pública, pero hay que pensar que también hay una deuda privada muy importante», dijo.
El titular de la Federación Rural, Roberto Uriarte, criticó al nuevo gobierno por asimilar la inversión productiva al ingreso de capitales del exterior, lo que fue negado por las autoridades presentes en la reunión. El dirigente rural opinó que «el dinero» para realizar inversiones «está en el país» pero no se ha puesto «a trabajar» debido a que «no se logró recrear la confianza» de los agentes dueños del capital.
Uriarte hizo otra reflexión que pareció disgustar a Astori, quien por única vez interrumpió la alocución de un empresario. Hablando sobre la necesidad de que se atiendan las demandas del empresariado, Uriarte dijo que el gobierno se encuentra «muy solo en sus negociaciones con el FMI» y bregó para que procure «un poco más de fuerza detrás que lo apoye en sus reivindicaciones» ante ese organismo. «Es la mitad de la población la que está apoyando al gobierno, no está solo», interfirió el ministro.
Al cerrar la ronda de intervenciones empresariales, el presidente de la Comisión de Asuntos Laborales de la CNCS, Horacio Castells, se refirió a la realidad de su sector aunque pareció resumir el sentir generalizado de sus pares. «Si no bajamos la presión tributaria difícilmente vaya a haber más trabajo», advirtió Castells tras asegurar que la carga impositiva está «relacionada» con el «gasto del Estado» que «tiene un porcentaje muy alto de salarios y jubilaciones».
Del decreto al mate
Tras escuchar las quejas de los empresarios, Astori retomó la palabra y procuró apaciguar la intranquilidad del empresariado, no sin admitir cierta decepción por no haber escuchado «ninguna opinión» sobre la «idea» de crear un ámbito de reflexión entre ambas partes.
Respecto a los reclamos, el ministro dijo que no era necesario que él asumiera «compromisos» personales de atender los mismos, porque -dijo- el programa con el que ganó las elecciones el Encuentro Progresista ya lo estableció. «Ya estamos comprometidos desde antes de la elección. Y la ciudadanía votó por eso, así que no tengan la menor duda», expresó Astori en un tono tranquilizador.
Por su parte, Bonomi echó mano a un lenguaje más llano en procura de que los empresarios captasen el planteo oficial. «Acá quizás no hayamos desarrollado la confianza suficiente y entonces yo quiero manejar algo también conceptual», dijo. «Nosotros podríamos decretar los aumentos (de salarios). Pero, ¿para qué? ¿Para que no se puedan sostener los aumentos que uno decreta? Ésa no es la intención. La intención es sostener con la producción la mejora en la calidad de vida de los uruguayos», dijo. «La imposición de lo que no es posible es absolutamente transitoria», insistió el jerarca.
«Nosotros no creemos en la idea esquemática de que distribuir es aumentar el salario. Distribuir es crear empleo formal, decente. Eso es distribuir», sostuvo Bonomi. «Ésa es la primera etapa», acotó Astori. «Es claro, la segunda etapa será ver la posibilidad de dónde se puede aumentar más y dónde se puede aumentar menos (los salarios), complementó el titular de Trabajo.
Por su parte, el jefe de asesores del Ministerio de Economía, Fernando Lorenzo, dijo que «independientemente» de que se formalice o no el «compromiso» que propuso alcanzar el gobierno, «el Poder Ejecutivo está comprometido en llevar adelante políticas que aseguren el cumplimiento de su programa, el correcto manejo de las restricciones, y de alcanzar los objetivos que se ha trazado».
Al cierre de la reunión, Astori dijo no pretender una respuesta ese mismo día a su invitación de crear un nuevo espacio de discusión, pero pidió que la misma se diera «a la brevedad, porque los acontecimientos se precipitan».
«Creo que lo que nos queda es colaborar en crear ese ámbito. Vamos a hacer el esfuerzo por colaborar», dijo Uriarte en nombre de los empresarios presentes. «La ingeniería de la reunión la hablamos después», concluyó Astori.
A la salida del encuentro, Astori explicó brevemente a los periodistas el motivo de la reunión, y se retiró raudamente. En tanto, Bonomi declaró que el gobierno quiere «distribuir debidamente el crecimiento, que para el año 2005 será (de) más del 6%» mediante «ajustes (salariales) con un gran sentido de justicia, es decir, darle más a los que ganan menos».
Bonomi y Baráibar se quedaron varios minutos después de finalizada la reunión hablando a solas y tomando mate con el presidente de la Federación Rural, Uriarte, y con el vicepresidente de esa gremial, Eduardo Hughes.