Empresas de software apuestan a asociarse con el Estado para el desarollo del sector.

Para solucionar los inconvenientes que se presentan, la organización presentará en breve un plan que promueva la asociación horizontal entre empresas públicas y privadas que permita el desarrollo de productos nacionales. Por otro lado, el presidente de la CUTI, Álvaro Lamé, anunció que las exportaciones del sector alcanzaron los 220 millones de dólares en 2008, 17% más que el año anterior. Lamé fue entrevistado junto a los empresarios Gustavo Ulivi y Roberto Oliveira, para evaluar la realidad del sector a 20 años de la creación de la CUTI.

(Emitido a las 9.00 horas)

EMILIANO COTELO (EC):
Carlos Gardel y Alfredo Le Pera estaban equivocados. No es cierto que 20 años “no es nada”. Al menos para la industria de la información 20 años es mucho tiempo.

JUAN ANDRÉS ELHORDOY (JAE):
Sí, porque en 1989 la informática se asociaba solo a las empresas y a unos pocos desarrolladores que exportaban software por valor de 250.000 dólares anuales. Las PC no habían desembarcado en los hogares. Las compañías invertían mucho dinero en adquirir equipos muy lentos y con una minúscula capacidad de memoria. Había disquetes 5¼”, aquellos que se doblaban, que tenían una capacidad de 160 kb de memoria. Internet era el sueño de unos pocos. No existían las pantallas a color. Y el famoso mouse era un ser extraño que valía muchísimo dinero.

En este entorno nacía la Cámara Uruguaya del Software, que con los años se adaptó y cambió el nombre por el de Cámara Uruguaya de la Tecnología de la Información (CUTI). A 20 años de su creación, la Cámara renueva sus objetivos, hoy está de festejo, y en ese marco vamos a ubicarnos en un punto, en el objetivo de fortalecer el vínculo entre la industria uruguaya del software y las empresas del Estado, a conectar el Estado con la industria para que en Uruguay se puedan desarrollar productos para el Estado nacional.

EC – Porque, aunque parezca mentira, un sector que exporta a 50 países todavía enfrenta dificultades para desarrollar productos dentro del propio país.

JAE – ¿Cuáles son esos problemas que se presentan? ¿Qué proyectos sí lograron desarrollarse en la administración pública y hoy alcanzan los mercados internacionales a partir de programas innovadores? ¿Qué perspectivas enfrenta el sector en los próximos meses?

Vamos a conversar estos temas y otros con el presidente de la CUTI, Álvaro Lamé, y con los directores de dos empresas que han desarrollado programas para el Estado uruguayo. Hablamos de Gustavo Ulivi, director de Concepto, que armó el Sistema Lucía, que utiliza la Dirección Nacional de Aduanas (DNA) para gestionar el comercio exterior, y de Roberto Oliveira, director de ICA, que diseñó, junto a otras dos empresas, el sistema de trazabilidad conocido como Sistema Nacional de Información Ganadera (SNIG).

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EC – Hoy están festejando 20 años.

ÁLVARO LAMÉ:
Sí, 20 años, en los que han pasado muchas cosas, desde aquellas grandes máquinas que uno veía en las empresas, con inversiones enormes, a la realidad de hoy, con internet, con una evolución de la tecnología de la información enorme y que se ha visto reflejada en una industria uruguaya que ha crecido, que encontró sobre todo en el año 2002, en la crisis, un momento de replanteo de sus mercados que la llevó a estar hoy en 50 países vendiendo soluciones; en ese momento vendíamos sobre todo en Argentina, ese era nuestro mercado…

EC – …Justamente, ustedes han terminado en estas horas una serie de número, una evaluación, y tienen datos para aportar. ¿Cuáles son los números más recientes, los de 2008, sobre el sector?

AL – En 2008, la exportación subió a 220 millones de dólares, un 17% más que en el año 2007, cuando estábamos en 188 millones, que a su vez había sido un 20 y pico más que en 2006, cuando se habían vendido 145, 150 millones de dólares.

EC – A 220 millones de dólares ascienden las exportaciones de software y servicios de Uruguay.

JAE – ¿Cómo se compara esto con la región? ¿Cómo está Uruguay?

AL – En números absolutos somos el principal exportador; en números relativos estamos terceros después de Brasil y Argentina. Durante dos o tres años fuimos el principal exportador de software en todo sentido, en números relativos y en números absolutos.

JAE – En el total de ventas, independientemente del tamaño del país, Uruguay está después de Argentina y Brasil.

AL – Exactamente.

EC – Son números interesantes.

AL – Sí. La encuesta se está terminando de procesar, sacamos los números más importantes, pero seguramente también el tema productividad nos va a dar un indicador interesante con respecto a la región, de estar primeros en ese sentido.

JAE – Más de una vez hemos hablado aquí de los problemas de recursos humanos que ustedes como sector sufren día a día, pero hay otras áreas del trabajo de la CUTI que puede ser interesante ubicar y profundizar. Por ejemplo, entre los objetivos de la CUTI se menciona la necesidad de representar, agrupar, coordinar, organizar y difundir actividades de las empresas asociadas ante los poderes públicos, organismos oficiales y privados, tanto en el ámbito nacional y departamental como internacional. Hay una preocupación por esa verticalidad de empresas del software con el Estado, con esa posibilidad de ofrecer servicios del sector privado al público. ¿Esto no se da?

AL – Se da en algunos casos…

JAE – …¿O se da con dificultades?

AL – Se da con dificultades.

JAE – ¿Cómo es eso?

AL – Hace un tiempo hice un comentario y tuve algunas críticas, pero lo voy a repetir. Vamos a ver que trabajar con el Estado puede servir para exportar software, para exportar conocimiento, porque hay alguien que necesita una herramienta y hay una empresa que la desarrolla, y a partir de ahí cuando uno sale afuera a instalar un software es importante tener una institución como la aduana uruguaya como respaldo…

EC – …Pero ¿qué pasa cuando hay que empezar esa relación, cuando se trata de iniciar el vínculo con el Estado? ¿Qué exigencias se presentan?

AL – Muchas veces las grandes empresas exigen tener experiencia en instalaciones con más de un millón de clientes. Esa es una condición que solamente tienen Antel, UTE, las grandes empresas del Estado, por lo tanto es difícil para las empresas de software uruguayas acceder a ese tipo de clientes. Hay que seguir buscando, en esa transversalidad que tiene el sector con las industrias, con el Estado, contrapartes que nos permitan seguir creciendo.

EC – ¿Es el único tipo de límites o hay otros?

AL – También se exigen garantías, que sea un software de clase mundial, que tenga algún tipo de certificación de calidad, y otras más, son varias…

EC – …¿Esos son estándares a nivel mundial? ¿Suele ocurrir eso? ¿Otros países, otras empresas públicas también ponen esas condiciones? Si fuera así, no habría manera de zafar.

GUSTAVO ULIVI:
A veces sí y a veces no. Si siempre fuera así, nosotros no podríamos estar en la aduana de Costa Rica. A veces es al revés, el uruguayo afuera es mejor reconocido que aquí adentro, y cuando uno dice que hizo tal cosa en algún evento internacional, que hizo tal software para la aduana, lo ven, lo prueban, les gusta y lo adaptan. Panamá y Costa Rica son ejemplos de esto.

EC – Ya que Ulivi empezó a hablar de esa experiencia, vamos a concentrarnos en ese caso, de un sistema de gestión integral aduanera…

JAE – …Que empezó en 1998 en la aduana uruguaya.

GU – Empezó un poco por casualidad. El problema era el año 2000, el famoso tema de los cuatro dígitos, que el software que tenía la aduana no lo soportaba y los estudios de las empresas internacionales daban que costaba más de un millón y medio de dólares sólo superar ese problema. Entonces, un director con visión dijo “por esa plata quiero hacer otra cosa”, y apareció la oportunidad de ofrecer un software que recogía las mejores prácticas internacionales en los temas de aduanas. Salimos por la región, buscamos las mejores prácticas, todo el proceso fue patrocinado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y la solución fue correr el riesgo de hacer en 15 meses un software nuevo para la DNA, que, además de solucionar el tema del año 2000, resolviera otro montón de temas en la operativa. Y la DNA tiene la parte de mejores prácticas en la facilitación y el control, que es lo que no se nombra.

JAE -¿Para arrancar tuvieron la restricción que mencionaba Lamé?

GU – No, porque algunos directores deciden correr el riesgo y optan por empresas menos reconocidas pero que pueden llegar a cumplir ciertas aversiones al riesgo…

EC – …El director que hace eso ¿pasa por encima de una norma?

GU – No, corre su riesgo como una empresa privada que decide hacer un proyecto un poco más arriesgado que otros.

AL – No hay normas establecidas en contra de contratar empresas uruguayas. Esto pasa, más que nada, cuando se arman los pliegos y las licitaciones, ahí se ponen condiciones que no dependen de los directorios. Es más, si uno sale a conversar con los directores de los entes, todos coinciden en que tenemos que trabajar mucho más en esto, hay muy buena disposición. A veces termina siendo quien toma la decisión de lo que va a comprar… En una época se decía: “si comprás tal marca, no vas a tener problema”; tiene que ver con que “yo le compré a tal empresa, que es una multinacional, que tiene determinadas condiciones, y si esto no funciona bien, no es mi problema, yo le compré a la que en teoría era la mejor”.

EC – En pocas palabras, ¿qué es el Sistema Lucía?

GU – Es un sistema integral de gestión. A través de internet los operarios –despachantes, agentes de carga y demás de Uruguay, que son más de 3.000, 4.000 usuarios– hacen toda la operación de comercio exterior, de importación, exportación y tránsito, y toda la gestión de carga electrónicamente. Y la DNA se dedica a controlar esa información, y, a través de criterios de riesgo, decide qué operación controla y cuál no. Salió de la aduana todo lo que era la digitación de los datos. Hace 15 años digitaba todo esto con sus funcionarios; hoy lo realizan los privados a través de su software privado, dialogando con el Sistema Lucía.

EC – Ese sistema lo diseñó la empresa Concepto. ¿En qué plazo?

GU – En 15 meses.

EC – ¿Cuánta gente trabajó en esto? ¿Cuántos eran ustedes en ese momento?

GU – En el momento de más trabajo llegamos a ser 25, 30 personas.

EC – ¿Cómo siguió la historia? Porque tiene una segunda vertiente afuera.

JAE – Es interesante el hecho de que el propietario del software es la DNA.

GU – La propiedad patrimonial es compartida en forma independiente entre la DNA y Concepto, cualquiera de los dos pueda venderlo o donarlo…

JAE – …¿Cómo fue el caso de la donación a Costa Rica?

GU – Nuestra estrategia siempre fue que fuera el país el que lo donara, porque que una empresa privada done un software parece poco útil, poco gracioso; sin embargo, que un país done un software a otro puede entrar en algún marco de cooperación. Y Costa Rica se interesó en este software, contactamos a las autoridades con el gobierno uruguayo –en esa época el gobierno del presidente Batlle–; yo fui uno de los que le mandaron una carta al presidente Batlle pidiendo esto, y el presidente contestó que sí, encantado, y se procedió a realizar la donación.

EC – ¿Cuál era la ventaja de hacer esa donación a Costa Rica?

GU – Desde el punto de vista legal teníamos que encontrar la herramienta para que ellos tuvieran la propiedad. Una era venderle y otra era dársela gratis, y la otra era la donación a través del país. Cuando Uruguay dona se produce todo un protocolo internacional en el que el país es reconocido como que está entregando una tecnología a un país como Costa Rica, que es muy reconocido por los temas tecnológicos. Eso también fue una buena penetración. De hecho, los primeros meses tuvimos problemas con la Cámara de Software de Costa Rica, que no nos dejaba entrar porque entendía que Costa Rica era un país de primera línea y no tenía por qué traer software extranjero.

EC – Desde el punto de vista del marketing de la industria del software de Uruguay la donación fue exitosa, útil, valiosa. Pero ¿qué implicó desde el punto de vista de ustedes, de la empresa Concepto?

GU – Detrás de eso hicimos un contrato para ponerlo en marcha, que también financió el BID, fue un proyecto del BID para la aduana de Costa Rica. Estos software, por más que tienen incorporadas las mejores prácticas, necesitan ser adaptados a todo lo que es la parte tributaria, por ejemplo, que es diferente en cada país. En eso estuvimos trabajando.

JAE – Ahí la aduana de Costa Rica contrató a Concepto como empresa. La DNA de Uruguay no tuvo nada que ver.

GU – La DNA no tuvo nada que ver, la aduana de Costa Rica contrató a Concepto para la puesta en marcha y la adaptación en los temas legales que correspondían.

JAE – El negocio de la empresa de ustedes vino tras la donación que hizo la DNA.

GU – Exactamente, lo que se llama la personalización del software al país de destino. Fue lo mismo en Costa Rica y en Panamá.

EC – ¿En Panamá fue a continuación?

GU – En Panamá, hace dos años nos pidieron no todo el sistema, sino un módulo, el de análisis de riesgo. El gobierno lo donó, el director de Aduanas del momento lo donó, y nosotros fuimos a ponerlo en marcha y a adaptarlo a los temas legales del país.

EC – ¿Qué ha pasado después con ese sistema? ¿Ha tenido otras aplicaciones?

GU – En Costa Rica tenemos un contrato de cuatro años de mantenimiento, que estamos terminando, lo cual es muy bueno. Y hemos hecho trabajos particulares en Ecuador, Nicaragua, hemos analizando los software que tienen y para ver la factibilidad de poner en marcha módulos de esto. Hay que tener en cuenta que instalar todo el sistema completo es un riesgo muy grande para un director, porque implica una reforma importante de todo el organismo. Entonces, algunos, como Panamá, empiezan por una parte.

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EC – Vamos a ver el otro ejemplo.

JAE – Tiene que ver con el SNIG, al que durante mucho tiempo se le llamó sistema de trazabilidad y que hoy es una realidad. La empresa ICA se asoció con Artech y Sonda para el desarrollo de este sistema. Oliveira, ¿cómo lo explicaría sucintamente?

ROBERTO OLIVEIRA:
Como tú bien decías, es bastante más que un sistema de trazabilidad, es un sistema de información ganadera. Este sistema maneja toda la información de la cadena cárnica, el stock de animales, los movimientos de animales, los partes de faena –la información que viene de las plantas frigoríficas–, la información de los consignatarios. Estamos hablando de un sistema que maneja la información del primer producto de exportación del país, para dar una idea de la dimensión.

JAE – ¿Este producto tiene antecedentes? Porque el concepto trazabilidad es bastante reciente.

RO – Hay que diferenciar, sistemas de información ganadera seguramente tienen varios países, en otros la industria no ha llegado a un grado de desarrollo como para tenerlo, pero en particular este sistema es la introducción del concepto de trazabilidad individual, de identificación individual de los animales, un paso que Uruguay dio en forma obligatoria hace dos años y en forma voluntaria hace algún año más. Esto pone a Uruguay al frente del concepto de seguridad alimentaria del mundo de hoy, y de las exigencias de los mercados, sobre todo de los que pagan más.

EC – ¿Cómo llegó su empresa, junto con las otras dos, a ser elegida por el Estado uruguayo para desarrollar un producto tan complejo?

RO – En el año 2002 hubo una licitación internacional financiada por el Banco Mundial a la que se presentaron 18 propuestas pertenecientes a 12 empresas –porque se podía presentar más de una propuesta–, y nosotros tuvimos la suerte y la virtud de ganar…

JAE – …Había empresas internacionales.

RO – Por supuesto, la mayor parte eran empresas internacionales. Este es un caso claro de las posibilidades de empresas uruguayas de venderle al Estado…

EC – …¿En este caso no hubo restricciones?

RO – No creo que haya restricciones, se trata más de diferentes tipos de sistemas. A veces los sistemas que contrata alguna empresa existen en forma estandarizada a nivel internacional. Uno puede entender el razonamiento de un jerarca que dice “prefiero comprar algo probado que algo que me van a desarrollar”.

No todos los sistemas son implantables, lo que llamamos “productos enlatados”. Este es un caso claro, no existe ni puede existir en el mundo un sistema de información ganadera que contemple la realidad de Uruguay, porque ningún país tiene la logística, los procedimientos de la ganadería uruguaya. Entonces, necesariamente cuando el Estado va a hacer un sistema de este tipo tiene que contratar un desarrollo.

Cuando hablamos de desarrollo y no de compra de productos ya hechos les damos la oportunidad a las empresas uruguayas que pueden desarrollar; hay muy buena capacidad en la industria uruguaya de desarrollo. Ahí competimos en el mismo terreno, más allá de los problemas que planteaba Álvaro, que son ciertos, cuando algún organismo del Estado plantea exigencias a nivel de facturación, de ventas, que son inalcanzables. No hay empresa uruguaya que pueda competir con una empresa que factura 1.000 millones de dólares. Si me van a puntuar por la facturación, seguramente voy a perder en la calificación económica, que es un conjunto con la calificación técnica.

JAE – En este caso eso no corrió.

RO – No se dio, en esta licitación el Estado tuvo el buen criterio de privilegiar la parte técnica y no la económica en la puntuación. Eso quiere decir que una empresa uruguaya con una muy buena propuesta técnica, a pesar de no tener un gran tamaño, puede competir y ganar, como en este caso.

JAE – En el caso del SNIG y de la empresa que ustedes representan, ¿qué implicó el haber triunfado en esta licitación? ¿Cuántas personas trabajan en este proyecto? ¿Qué nuevas posibilidades de negocios tienen por delante?

RO – Esta fue una licitación particular, el ministerio llamó no solamente al análisis, diseño y desarrollo, sino también a la operación del sistema. Por tanto, nosotros analizamos el sistema, lo diseñamos, lo desarrollamos y hoy lo seguimos operando. Hay un trabajo adicional, no fue solamente el desarrollo, sino operar el sistema.

JAE – ¿Cuánta gente trabaja actualmente?

RO – Estamos instalados en el propio ministerio, tenemos 35 personas en forma directa, permanente, más allá de los indirectos de soporte, mantenimiento, etcétera.

JAE – Sobre las espaldas de esos 35 trabajadores recae todo.

RO – Sobre ellos descansa el SNIG.

JAE – ¿Hay posibilidad de que la empresa de ustedes desarrolle este tipo de productos en otros mercados, en otros países?

RO – Sin duda, el tema trazabilidad en general en los alimentos, no sólo en la ganadería, tiene cada vez mayor actualidad. No va a pasar mucho tiempo antes de que ningún producto alimentario pueda ser colocado en un mercado desarrollado sin una trazabilidad atrás…

JAE – …¿Es posible, como en el caso de Concepto, que el Ministerio de Ganadería done el programa y les permita desarrollar productos en otros mercados?

RO – Ese es un modelo posible. El tema no está definido, pero muchos temas se enfocan desde el punto de vista de la propiedad, de de quién es la propiedad; no hay duda de que cuando el Estado compra un sistema la propiedad es del Estado. Es más, generalmente los pliegos de las licitaciones establecen claramente eso y no es cuestionado por nadie.

Más allá de la propiedad, hay un tema de una estrategia de país de integración público-privado. No hay reglas para eso. Yo parto de la base de que Uruguay es un gran laboratorio, hay mucha capacidad en las empresas, pero como hay poca industria la mayor parte del desarrollo se hace en el Estado. Por tanto habría que buscar la manera de que el Estado se asociara con los privados para exportar conocimiento en general.

EC – ¿Por ahí van los esfuerzos de la CUTI?

AL – Sí, desde que yo asumí y antes se está trabajando en un mapa estratégico que se actualiza año a año, que tiene algunos objetivos como llegar a una facturación de 500 millones a fines de 2010, mejorar la posición exportadora, trabajar en la asociatividad de las empresas, en nuevos modelos de negocio, en nuevos relacionamientos con el Estado, en marcos regulatorios. Hay todo un trabajo, a partir de esos objetivos hemos detectado todos los caminos que tenemos que recorrer para alcanzarlos. Parte de ese trabajo es seguir trabajando con el Estado para posicionar a las empresas uruguayas y a los productos que se desarrollan en Uruguay, que son de muy buena calidad. Yo viajo bastante seguido por temas de la Cámara y me encuentro con otras cámaras, con empresarios de otros lados, y somos un referente.

EC – Ustedes hace tiempo que vienen planteando este problema y esta inquietud, esto no es nuevo. ¿Cómo está el diálogo con el sistema político en torno a estas cuestiones? Me refiero en términos amplios, no solo al partido de este gobierno, también a los partidos que están en la oposición.

AL – En el cóctel que hacemos esta noche va a haber algún mensaje de ex presidente. La industria ha sido acompañada, en general, por los gobiernos y en distintos gobiernos se han hecho cosas a favor del desarrollo de la industria. El diálogo es bueno, estamos conversando a distintos niveles; al punto que nos hemos planteado que hay que generar un decreto, hay que hacer algo para obligar a que compren. Hemos estado trabajando en eso, pero no nos parece un camino a recorrer; de hecho somos una industria exportadora, no podemos generar proteccionismo.

EC – Ese es el punto crítico, cuál es el medio, cuál es la herramienta.

AL – Pasa más por conversar y ponerse de acuerdo con quienes toman las decisiones en el Estado que por reglamentar o legislar.

EC – Cuando tú decías “decreto no”, Gustavo sonreía. Da la impresión de que es un asunto en el que han estado trabajando.

GU – Trabajamos en una comisión de relación con el Estado, y no sabemos si por decreto o por qué mecanismo, pero la idea es generar un fomento a la alianza público-privado para que estos productos no se pierdan. Porque si leemos las cartas orgánicas de los organismos, éstos están claramente dedicados a otra cosa: a generar energía, al control, al tema ganadero, no a desarrollar software para exportar. Entonces, lo que buscamos con la CUTI es que todos ganemos, que gane el Estado porque ha desarrollado eso y que gane la empresa privada.

EC – Estuvimos hace pocos días en Florida y conversamos, en particular, con el intendente sobre la experiencia Florida Digital, que es muy interesante en cuanto a las posibilidades que abre para la relación entre los ciudadanos y el municipio. Pero no solo con la Intendencia misma, sino también con otros servicios públicos, con empresas privadas que han ido volcando algunas de sus líneas de comunicación y de negocios en el sitio web de la Intendencia de Florida.

Lo recordé porque llega un mensaje de Juan, de Florida, que dice que hoy en Florida está el prefeito –el intendente– de Santa Vitoria do Palmar, de Río Grande del Sur, que ha llegado para interiorizarse en la experiencia de ciudad digital que quiere desarrollar en su localidad. Y Juan pregunta si en esa exportación del modelo de ciudad digital las empresas uruguayas salen beneficiadas. ¿Qué conocen de este caso?

AL – Sí, de hecho gran parte de las soluciones que ha desarrollado la Intendencia han sido en acuerdo con empresas privadas. Yo estaba en Costa Rica cuando se le entregó el premio a Florida Ciudad Digital, había ido a dar una charla sobre el tema teletrabajo y tuve la oportunidad de estar con Juan (Giachetto, el intendente) y con Riviezzi, que para mí es el alma máter. Ahí se mostraron un montón de cosas que se han hecho en Florida, y había un montón de interesados en exportar o llevar esas experiencias a sus países. Hay un montón de empresas vinculadas, todos los desarrollos están hechos por empresas privadas.

GU – Una acotación muy cortita. Este tema de la integración público-privado trasciende la exportación, se da internamente también. Hay dificultades para comercializar o llegar a acuerdos de comercialización entre el Estado y las empresas, pero también para el mercado…

EC – …¿Por ejemplo?

GU – El ejemplo más claro es la Universidad de la República (Udelar). Yo pertenecí muchos años a la Udelar y tengo claro qué dificultades tuvo la Universidad para encontrar caminos para integrarse con la industria. La Universidad de hace 15 años no estaba preparada para producir conocimiento dentro de ella misma patrocinado por una industria, estaba preparada para un esquema totalmente diferente, no para integrarse con la producción.

AL – Hoy contamos con el Centro de Ensayo de Software (CES).

GU – Hay muchos años de trabajo de mucha gente de la Universidad para buscar esquemas de integración. Faltan mecanismos de integración y de regulación. Por ejemplo, ¿cómo hago para que un empleado público trabaje como un empleado de mi empresa, ya sea en el exterior o acá? ¿Cómo hago para pagarle? Tengo que partir de la base de que si un empleado público va al exterior, tiene que ganar más que lo que gana en Uruguay…

JAE – …En el caso de la Udelar ahora es posible.

GU – La Universidad ha buscado sus caminos, quizás no los ideales, pero los ha buscado.

AL – Hoy tenemos un ejemplo bueno, que es el CES, que apunta a la calidad del sector, que es una asociación entre la CUTI y la Udelar a través de la Facultad de Ingeniería, con la Fundación Ricaldoni; está funcionando muy bien. El proyecto arrancó con un fondo de la Unión Europea hace tres años y entre otras cosas provocó que apareciera un tema de testing en Uruguay que antes no estaba, y hoy hay muchas empresas trabajando en eso. Es un buen ejemplo la asociación con la Universidad.

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EC – Felices 20 años para la CUTI y que les vaya bien en el festejo de esta noche en el Teatro Solís a partir de las siete de la tarde.

AL – Estamos convocando a todos los socios, a distintas autoridades, a autoridades de otras cámaras, para compartir estos 20 años, para mostrar en lo que estamos y qué es lo que vemos que tenemos que hacer en adelante para seguir creciendo.

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Transcripción: María Lila Ltaif