Empresas y clientes actuando juntos para enfrentar problemas sociales

Son los mismos que sostienen que hay un abismo entre las obligaciones y compromisos del quehacer cotidiano de los gerentes y la «retórica políticamente correcta» de la RSE.

Esta corriente de pensamiento opositora, que es más fuerte de lo que parece y emerge con firmeza ante la crisis, sostiene con vehemencia que la primera responsabilidad de la empresa es obtener ganancias y mantenerse viva. Para ilustrar el conflicto, recurren a ejemplos extremos. Si alguien explota mano de obra infantil, venderá más remeras a US$ 1. Quien lo haga en plantas que funcionen acordes con la legislación, deberá venderla a US$ 5 y quedará fuera del mercado por competencia desleal. Naturalmente, se omite en el argumento que, al margen de la ley, nadie merece tener utilidades ni ganar mercados.

Richard Edelman, director de la consultora internacional de comunicación e imagen que lleva su nombre, escribió un relevante artículo en el Financial Times en el que afirma que maximizar resultados no puede ser el único objetivo de las empresas. Su idea central es que las compañías requieren de una nueva estrategia de compromiso público y necesitan restaurar la confianza pública en el mundo de los negocios. Edelman avanza un paso más y reclama «responsabilidad social mutua», donde las empresas y los clientes actúen de consuno para enfrentar serios problemas sociales.

Para los objetores de la RSE, no hay problema en coincidir en que la reputación de una firma es algo definitivamente importante. Lo que cuestionan es que no ven que exista una clara vinculación entre la reputación y los resultados de una empresa. Dicho de otro modo, compañías con pésima reputación obtienen jugosas ganancias y empresas con prestigio arrojan pérdidas. Este tipo de conflictos, pronostican los objetores de la RSE, serán cada vez más frecuentes en las actuales circunstancias en que se desenvuelve la economía mundial.