En Finlandia la discusión ya ha sido zanjada hace muchos años

Sencillamente, los finlandeses no comprenden cómo el conflicto argentino-uruguayo ha llegado tan lejos. La fábrica que Botnia posee en Joutseno es un complejo industrial gemelo al que se construye en Fray Bentos. Aunque su capacidad de producción es ligeramente menor a la proyectada para la planta uruguaya: 850 mil toneladas de celulosa por año, frente a un millón en la uruguaya.

Junto a esta planta coexisten otras tres, entre ellas la fábrica de papel de su directa competidora, Stora Enso, la mayor planta de Europa. A orillas del lago Saimaa y a unos 20 kilómetros de la frontera con Rusia, el polo industrial del poderoso sector forestal finlandés trabaja sin aparentes tropiezos con su entorno natural y, más concretamente, con los pobladores de la región.

La ciudad de Joutseno, ubicada en una densa zona boscosa a unos 250 kilómetros de Helsinki, tiene 10.251 habitantes. Sin embargo en los alrededores, fundamentalmente en pequeñas villas cercanas en áreas rurales, los pobladores alcanzan una cifra aproximada a las 80 mil personas. El casco urbano de Joutseno comienza precisamente a medio kilómetro de la planta de Botnia y la primera edificación es la escuela pública local. Periódicamente los vecinos tienen la mayor evidencia de la cercanía de las plantas de celulosa: el característico olor de los contenidos sulfurados que se utilizan en el proceso de la celulosa.

«Voy a venir a vivir aquí con mi familia. Ya viví seis años en este lugar anteriormente y no considero que la cercanía de las fábricas sea un problema», dice Paave, una joven que charla con su amiga en la terraza de un restaurante ubicado en el centro de la ciudad. De todos modos Paave reconoce que el olor que llega y se va es un fenómeno bastante corriente. «Cuando tienen algún problema con una máquina, recibimos información de la planta y ya sabemos cuál es el problema y su efecto», dice.

Prácticamente a ninguno de los pobladores de Joutseno consultados por El País se le ocurre que la cercanía de las plantas sea un problema.

Muchos de los habitantes de Joutseno saben del conflicto entre Uruguay y Argentina. Lo siguen con atención por los noticieros televisivos y por los diarios locales. Suelen quedar perplejos cuando oyen que las mismas industrias con las que conviven son colocadas en la categoría de «delincuentes ambientales» por los activistas entrerrianos.

PUERTAS ADENTRO. La planta fue construida en 1908 y luego de pasar por varias etapas de adaptación, fue adquirida por Botnia en 1996. Actualmente del viejo edificio no existen casi vestigios, y si bien ya comienza a ser más antigua que la que la empresa construye en Fray Bentos, todas sus instalaciones son modernas.

Risto Joronen, el gerente general de la planta, es el anfitrión para el grupo de periodistas uruguayos y argentinos autorizados a entrar a la fábrica. Asegura que en los 25 años que lleva trabajando para Botnia al frente de distintas plantas, nunca enfrentó una emergencia ambiental derivada del mal funcionamiento de la fábrica.

El centro neurálgico de la planta es la sala de control, un recinto que parece emular a la NASA en pequeña escala, donde unos cinco ingenieros se turnan para verificar monitores con gráficas y grandes pantallas de plasma con imágenes del interior de la planta. «Desde aquí se hace un control constante de todo el proceso, cuando aparece algún problema o un valor incorrecto en alguna gráfica, de inmediato se soluciona», explica Joronen.

Son unas 240 personas las que trabajan allí, más casi medio centenar de operarios encargados de tareas de mantenimiento. Pero lo primero que llama la atención dentro del enorme complejo industrial es la ausencia casi total de personas en la mayoría de los sectores. Luego Joronen explicará que la automatización del proceso ha hecho que la plantilla se redujera dramáticamente en los últimos años, quienes operan la fábrica son en realidad en su mayoría ingenieros y técnicos.

Matti Toivonen (28) es uno de los ingenieros que trabaja en el área de línea de fibra. Estuvo con el grupo de ocho técnicos uruguayos que el año pasado se capacitaron para sus futuras tareas en Fray Bentos. «Todos los que vinieron estaban muy entusiasmados y creo que aprendieron mucho», recuerda.