En Gaza, la guerra aún no halla una salida

CAROLINA ALEXANDER, BLOOMBERG

Umm Hamid arrulla a su bebé con ictericia en una banca en el puesto de control de Erez entre Gaza e Israel, con la esperanza de que no se convierta en una víctima más de lo que llama la guerra «olvidada».

«Toda la atención está en Líbano y nosotros estamos en la oscuridad, pero aquí también hay mucha miseria», dijo la madre de 31 años, mientras esperaba para entrar a Israel y llevar a su hijo al hospital Hadassah para recibir tratamiento hepático. «¿Qué va a ser de nosotros?». Muchos de los 1.400.000 habitantes de Gaza se hacen la misma pregunta.

Israel entró a la franja de Gaza tras soportar meses de ataques con misiles -hasta 1.000, según algunos cálculos- y de que un ataque el 25 de junio por Hamas, que controla el gobierno palestino, mató dos soldados israelíes y el secuestro de un tercero. Tanto Estados Unidos como Israel clasifican a Hamas como organización terrorista.

Desde entonces más de 200 palestinos han muerto en Gaza, y las batallas continúan, aunque gran parte de la atención mundial está centrada por el momento en el cese de las hostilidades entre Israel y Hezbollah en Líbano. Tanto en Líbano como en Gaza, Israel dice que su intención es detener los bombardeos con misiles y evitar los ataques desde tierras que evacuó unilateralmente.

En tanto, Hamas consigue apoyo en Gaza. Sus opositores dicen que el número de muertos hace disminuir el apoyo a políticos como el presidente Mahmoud Abbas, visto por Israel como potencial socio negociador.

«El creciente número de víctimas civiles por las acciones de Israel en la región fortalece a los extremistas, debilita a los partidarios de la paz y exacerba el conflicto», dijo en Saeb Erekat, principal negociador de paz palestino.

Además, 800 personas han resultado lesionadas en Gaza, según el ministerio palestino de Salud, que no divide a las víctimas en civiles y combatientes.

El año pasado Israel retiró unilateralmente sus fuerzas de Gaza y demolió asentamientos judíos. Y la «respuesta de los militantes fue terror, terror, terror y terror de nuevo», dijo el mes pasado el primer ministro israelí, Ehud Olmert, citando los diarios ataques de misiles palestinos.

Cifras de la policía israelí muestran que casi 300 cohetes Qassam cayeron en o alrededor de ciudades como Sderot y Ashkelon desde principios de año. Aunque el número disminuyó considerablemente desde que se iniciaron las hostilidades -108 fueron disparados el mes pasado y sólo 12 en agosto- expertos israelíes dicen que esto no quiere decir que el peligro haya dis- minuido.

«La motivación palestina sigue siendo elevada», dijo Yoni Figel investigador principal del Centro Interdisciplinario de Herzliya. «Ellos deciden cuándo quieren lanzar cohetes y a qué escala. La amenaza y el reto para Israel sigue siendo el mismo».

«Yo no soy terrorista». Israel está disparando docenas de proyectiles al día contra Gaza y realizando ataques aéreos contra combatientes y edificios que sospecha se utilizan para almacenar armas. La destrucción en Gaza – que es mucho más chica que Montevideo- va desde puentes, fincas y plantas de agua hasta la única estación eléctrica.

Huda Mahmoud Hammouda, directora del Servicio de Información palestino, centro de medios afiliado a Abbas, dijo que el conflicto está empujando a más palestinos hacia Hamas y alejándolos del Fatah de Abbas. «Sus palabras sobre la paz carecen de significado frente a estos ataques».

En Shoka, un vecindario de Rafah, en el sur, Muhammad Ali al-Mamoun, de 75 años, agitaba con ira un tallo de tomates maduros y se preguntaba por qué las máquinas demoledoras de Israel arrasaron el invernadero en el que invirtió 10 años.

«Yo no soy terrorista; no tengo armas aquí», dijo al-Mamoun, rodeado por 19 familiares que ahora viven en una tienda de campaña aledaña porque sus hogares fueron demolidos. «Nadie va a compensarme, a nadie le importa lo que nos pasa aquí». El jeque Mansour Braika, alcalde de Hamas, dice que más de 320 casas y 520 invernaderos fueron dañados o destruidos.

El 8 de julio un tanque israelí llegó a la zona industrial Piedco dirigida por Wadie El-Masri. Cuando las tropas se retiraron seis días más tarde, dijo, acabaron con un palmar, derribaron bodegas y grabaron con balas el nombre del soldado secuestrado Gilad Shalit en la puerta de cemento. El-Masri calculó los daños en unos U$S 450.000.

Israel y Estados Unidos impusieron un embargo a la Autoridad Palestina luego de que Hamas ganó las elecciones legislativas en enero.

El 70% de los habitantes de Gaza dependen de donaciones de alimentos. Una agencia de la ONU proporciona harina, azúcar y leche a 900.000 personas.

«No tenemos camas, no hay agua para bañarse», dijo Tisam Said Khamash, que vive en la escuela Jabalya, en el norte de Gaza, con otras 36 familias desde hace nueve días. «Mis hijos caminan por calles llenas de basura».

Samir Ali Kam, de 33 años, residente desempleado de Jabalya, perdió a su esposa y a tres hijos el mes pasado cuando un proyectil cayó en su casa.

«Quiero vivir en paz», dijo Ali Kam, que dice no estar realmente interesado en la política. «Pero las acciones de ellos alientan a la gente a tomar una línea más dura». Cuando se le preguntó qué futuro cree que le espera a su hijo de 11 años, dijo: «Estoy seguro de que crecerá y querrá combatir a los judíos, pero le diré que no mate a civiles».

Cifra

Más de 200 palestinos han muerto en Gaza desde que se inició la ofensiva, el 25 de junio