Equidad es compatible con crecimiento económico, declara el Banco Mundial

El Banco Mundial señaló ayer que la equidad, o igualdad de oportunidades entre las personas, es compatible con la prosperidad a largo plazo y debería de ser parte de las estrategias para reducir la pobreza.
En su informe anual sobre desarrollo, el organismo apuesta por la equidad no como un fin en sí mismo, sino como una situación que tiende a impulsar inversiones mayores y más productivas, lo que se traduce en una aceleración del crecimiento.
«No estamos soñando despiertos», señaló Francois Bourguignon, economista jefe del Banco Mundial durante la presentación del estudio, que sale a la luz con el título de «Equidad y Desarrollo». El reporte pone de manifiesto cómo las enormes desigualdades existentes en el mundo actual -tanto dentro de países como entre ellos- contribuyen a perpetuar la privación extrema que afecta a grandes porcentajes de la población.
La entidad, que celebrará este fin de semana en Washington su reunión anual conjunta con el Fondo Monetario Internacional (FMI), indica que esas disparidades provocan la pérdida de capital humano y, «en muchos casos», ralentizan el crecimiento sostenido.

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Los autores del informe, liderado por Francisco Ferreira y Michael Walton, creen que las políticas pro equidad pueden permitir que se superen esas brechas. «El objetivo no es la igualdad de ingresos, sino el ampliar el acceso de los pobres a servicios sanitarios, educación, trabajo, capital y el derecho a la propiedad de la tierra», señala el informe.
El organismo financiero también aboga por la creación de redes sociales que protejan a los más vulnerables y por un acceso más igualitario a la tierra, la justicia y sistemas de infraestructura económicos como carreteras, electricidad y agua potable. Según el Banco, la posibilidad de obtener más créditos y seguros es otra forma de mejorar la igualdad de oportunidades y de aumentar la prosperidad.

COMERCIO
Además de las reformas internas, también es necesario, según el BM, que las naciones persigan una mayor equidad en el ámbito global.
Esa mayor justicia exige, entre otras medidas, la liberalización comercial que se recoge en la ronda de Doha, el uso de medicamentos genéricos por parte de los países pobres y el que los países ricos faciliten los flujos migratorios. Un mundo más justo, requerirá, según Ferreira, «un cierto grado de conflicto», porque habrá que acabar con parte de los subsidios de los que disfrutan las élites. En este sentido, el informe subraya cómo en países como Uruguay y Argentina los ricos fueron menos afectados por las crisis económicas al sacar su dinero fuera del país, mientras los pobres pagaron los costos.

Según el economista, las élites deberían ver esa situación como «una inversión en sus nietos y bisnietos y en una sociedad más pacífica, donde hay más confianza y más gente productiva». (En base a EFE)