Es impensable establecer un tipo de cambio fijo, aseguró Fernando Lorenzo

El economista Lorenzo relató que el plan de emergencia social del Encuentro Progresista – Frente Amplio, «es la prioridad número uno, el estandarte donde desde toda la nueva administración, y fundamentalmente desde el Ministerio de Economía se prioriza como parte de la contribución a la estabilidad, es parte de la estabilidad, en un concepto amplio. Se requiere de la estabilidad, no solo de los precios, no solo del nivel de actividad, sino del conjunto de equilibrios de la sociedad. Una sociedad que emerge con dificultades muy serias, con sectores que han padecido muchísimo los efectos de ese difícil período que atravesó nuestra sociedad».

En base a estas ideas, Lorenzo consideró que el desafío es «superar algunas de las restricciones fundamentales que han estado presentes hasta ahora en nuestra economía. Nosotros tenemos una restricción fundamental, para mí la más importante, que es un proceso de inversión insuficiente. En Uruguay se invierte poco, pero no es porque hubo una crisis. Llevamos mucho tiempo invirtiendo muy poco. E invertir poco significa pensar muy poco en el futuro. De lo que se trata en la economía, en las empresas, en las familias, es de pensar en el futuro. Y cuando invertimos poco se trastocan las prioridades».

Tipo de cambio

Al referirse al comportamiento del tipo de cambio en nuestro país, durante una entrevista concedida a radio Sarandi, el economista Fernando Lorenzo recordó que «Uruguay adoptó en el año 2002 un tipo de cambio flotante y básicamente, las reglas del juego en un escenario de estas características si se puede mantener la estabilidad, son que el tipo de cambio suba o baje de acuerdo a las condiciones del mercado. Hoy la evolución del tipo de cambio tiene muchísimo que ver con las condiciones del mercado y estas condiciones nos dicen dos o tres cosas: en primer lugar, el dólar está débil no solamente en Uruguay, lo está internacionalmente. Y si se quiere, en nuestra comarca más cercana, en todo el Cono Sur, hay un proceso de apreciación de las monedas locales. Un proceso que no es exclusivo de Uruguay. Eso responde a factores muy directamente vinculados a la situación macroeconómica de Estados Unidos. Porque este país tiene dos datos económicos que hay que tener en cuenta, un abultadísimo déficit fiscal, y un abultadísimo déficit en su cuenta corriente, es decir, gasta muchísimo más adquiriendo y transfiriendo dinero al exterior, de lo que recibe por los mismos conceptos. Y eso genera un cuadro macroeconómico que si se tratara de una economía pequeña y sin divisa internacional, como lo es Uruguay, sería una situación que nos permitiría hacer muy pocas cosas. En una economía de las características de la de Estados Unidos, lo que genera es un desequilibrio que se expresa en los mercados de cambios, de euros, de tasas de interés. Si fuera en la nuestra, casi se trataría de síntomas de que habría un problema muy grave».

Apreciación distinta
Lorenzo explicó que en este aspecto, Uruguay vive un escenario distinto al que se vivía durante los años 90, «porque en esa época, este proceso de apreciación se daba cuando los márgenes de los principales negocios de exportación del país estaban relativamente comprimidos. En este momento ocurren presiones muy parecidas a aquellas, pero en un escenario donde los márgenes de los sectores exportadores uruguayos, sobre todo de aquellos que verdaderamente son el corazón de la matriz productiva exportadora del país, son relativamente favorables. Entonces, ocurren estos episodios que muy difícilmente en un escenario como el actual, y en el que emerge con las restricciones reales de la economía, es muy difícil que las políticas públicas puedan manipular el tipo de cambio. Y sobre todo, es impensable que el tipo de cambio pueda ser fijado. Además, desde el punto de vista estrictamente económico, fijar un precio que se defina en relación con otros precios, como es el tipo de cambio real, que es quien define la importancia del tipo de cambio, ese tipo de variable es muy difícil de manejar. Pero ese es un factor de la competitividad, que Uruguay, habiendo atravesado un período tan prolongado y con tantos efectos reestructuradores, como ocurrió en los años 90, nos marca a fuego y hace que el tipo de cambio adquiera una relevancia muchísimo más importante en la agenda con demasiada frecuencia. Yo creo que es bueno tener en cuenta que este tipo de episodios, de presiones a la apreciación de la moneda nacional, no es solo para Uruguay. Y a veces tomamos el ejemplo de Chile como modelo exitoso en un conjunto de temas. La experiencia de Chile se usa y se deja de usar para cantidad de cosas. En Chile, en los últimos dos años y medio el dólar pasó de 720 pesos chilenos a 550 aproximadamente. Y en ese escenario, el sector exportador chileno no habla de atraso cambiario y además se encuentra en un boom de inversión y de incremento de la productividad. Esto no quiere decir que estas situaciones no tengan impacto. Claro que tienen impacto, pero la mejor forma de defender la competitividad entendida como incremento de productividad real en el sector que tiene capacidad de competir internacionalmente, no tiene que ver esencialmente con que el tipo de cambio sea el único mecanismo de promoción. La competitividad genuina, la competitividad estructural, tiene que ver con otras cosas», apuntó Fernando Lorenzo.