España tiene una propuesta para destrabar el conflicto

Esta fórmula, que el «facilitador» Juan Antonio Yánez Barnuevo guarda para presentar en el momento oportuno, sería la única concreta hasta el momento. En líneas generales se trata de designar a la zona donde se levanta la planta de Botnia como un área ambiental altamente protegida, cuyo contralor estaría a cargo de un comité de monitoreo conjunto con la participación de algún organismo internacional, posiblemente vinculado a la ONU.

La propuesta del monitoreo conjunto ha sido reiteradamente ofrecida por Uruguay, incluso con la posibilidad de un tercer miembro que podría ser otro país o un organismo internacional. Ello, sin embargo, ha sido rechazado por Argentina incluso en forma explícita a través de notas diplomáticas.

En tanto, una declaración conjunta sellará hoy el final de la primera ronda de diálogo. No se alcanzará un acuerdo, pero se delineará el camino por el que Uruguay y Argentina esperan llegar a un entendimiento. Ayer la delegación uruguaya se mostraba más optimista.

Cara a cara -o «face to face» como prefiere decir el jefe de Gabinete argentino, Alberto Fernández- los dos países enfrentados por las plantas de celulosa hablaron ayer por primera vez en un año. La reunión duró 12 horas y estuvo precedida por un encuentro de algo más de 45 minutos entre el rey Juan Carlos de Borbón con los jefes de las dos delegaciones en el Palacio de la Zarzuela: por Argentina estuvieron el canciller Jorge Taiana y Alberto Fernández, y por Uruguay el canciller Reinaldo Gargano y el secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández. También participaron el canciller español Miguel Angel Moratinos y el Yánez Barnuevo.

Cuando concluyó la extensa jornada de trabajo en el Palacio de la Quinta el canciller Gargano aseguró que hoy se haría un importante anuncio, aunque no significará un acuerdo.

«Todavía queda mucho por hacer», dijeron prácticamente al unísono los titulares de las dos delegaciones. Ello significa que, más allá del inicio del diálogo, las posiciones aún se encuentran en las antípodas. Argentina habla de relocalización y Uruguay de su preocupación por el bloqueo de los puentes. De momento la única fórmula concreta para salir del diferendo parece descansar en la carpeta del facilitador, aunque de ella no se llegó a hablar durante la reunión de ayer, según confiaron a El País fuentes de la Cancillería uruguaya.

Pero el de hoy sería un día decisivo para fijar el futuro de esta nueva fase del conflicto y entrar de lleno en las negociaciones. Se espera que los dos países suscriban una declaración conjunta en la que reafirmen su voluntad de continuar dialogando y donde, además, se hará explícito el reconocimiento a la gestión de buenos oficios de la Corona española. También se delineará la agenda de las futuras reuniones, que difícilmente tenga a Madrid como escenario, por lo que volverían definitivamente a la región.

LA QUINTA. Ayer la hora 9.15 de España las comitivas partieron del Hotel Monte Real al Palacio de la Quinta. La caravana de ocho automóviles se internó por el Camino del Pardo, flanqueado por una tupida arboleda, hasta la majestuosa puerta de la Quinta del Duque del Arco que pertenece a la Casa Real.

Allí los esperaban Moratinos y Yáñez Barnuevo para iniciar sin demora la reunión. Al comienzo del encuentro el facilitador planteó que su deseo era que ambos países llegaran a un «sinceramiento» y hablaran abiertamente de sus puntos de vista respecto del conflicto.

Pero sobre la hora 11 los españoles invitaron a los cancilleres Gargano y Taiana, así como a los dos Fernández, al Palacio de la Zarzuela donde los aguardaba el rey Juan Carlos. Se trató de una visita de cortesía en la que el monarca español expresó su deseo de que dos naciones hermanas llegaran a un acuerdo. Con la calidez que caracteriza al rey llevó adelante unos 45 minutos de conversación donde uruguayos y argentinos pudieron olvidar por un momento sus diferencias.

Ya sobre el mediodía las cabezas de ambas delegaciones regresaron a la Quinta. A las puertas aguardaban periodistas uruguayos y argentinos, expectantes por lo que ocurría dentro y mantenidos amablemente a raya por agentes del Cuerpo Nacional de Policía. Las medidas de seguridad dispuestas por el gobierno español son severas e incluyen la custodia permanente a cargo de unidades tácticas y agentes del Centro Nacional de Inteligencia que siguen a Sol y a sombra a cada uno de los funcionarios rioplatenses.

La Quinta, habitualmente abierta al público para recorridas turísticas, permanecerá cerrada hasta mañana, cuando ya las dos delegaciones estén emprendiendo el retorno.

«SINCERAMIENTO». «Esperamos que mañana al mediodía o tal vez un poco más tarde tengamos algo concreto que anunciarles», dijo ayer al cabo de las 12 horas de reunión un sonriente y cansado Gargano a los medios que lo abordaron en el lobby del hotel Monte Real.

La operación de «sinceramiento» demandó más tiempo del proyectado. Los argentinos plantearon abiertamente su idea de la relocalización de la planta de Botnia, los uruguayos su preocupación por la continuidad del bloqueo; y nuevamente los argentinos su preocupación por la «sanidad» del río Uruguay, punto éste sobre el que ambas partes estuvieron de acuerdo en forma inmediata.

También Argentina planteó su acusación de violación del Tratado del Río Uruguay, tema que está actualmente en la órbita de la Corte Internacional de Justicia en La Haya.

«No quedó nada por decirse», aseguró el director de Secretaría de la Cancillería uruguaya, José Luis Cancela.

Los integrantes de la delegación uruguaya dijeron que, pese a la firmeza de los planteos, las conversaciones fueron en buen tono, aunque no se desprende de lo escasamente conocido de esta jornada que los dos países hayan logrado acercarse.

«No queremos hablar de monitoreo conjunto mientras no se resuelvan los pasos previos», apuntó Taiana durante la rueda de prensa que dio junto a Alberto Fernández en el hotel. Los representantes argentinos volvieron a cargar contra la empresa Botnia, a la que sin ambages Taiana calificó como «un problema» para su país.

Las actitudes de unos y otros diferían. Los argentinos, primeros en llegar al hotel, bajaron de los coches con rostros serios y pidieron unos minutos a los periodistas argentinos para bajar al lobby y hablar. Los uruguayos llegaron sonrientes y distendidos. Gargano no dudó en acercarse a los micrófonos y declarar su satisfacción por el inicio de las conversaciones.

Más tarde Alberto Fernández señaló lo «auspicioso» del diálogo y para ilustrar sus palabras recordó que «la última vez que hablé con Gonzalo (Fernández) fue para decirme que Botnia no iba a parar (las obras) y luego no volvimos a hablar más». Eso ocurrió en marzo de 2006, luego del encuentro de los presidentes Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez en Chile.

Tras los contactos con la prensa, las dos delegaciones se retiraron a cenar. Los argentinos partieron hacia algún sitio en Madrid, en tanto que los uruguayos lo hicieron en uno de los salones del hotel. Durante la larga sobremesa continuaron hablando sobre el tema.

Se están dando pasos hacia la reconciliación, aunque la salida al conflicto todavía espera en algún punto del calendario.