Está bien pensar en Brasil como el principal socio comercial

Mujica aprovechó la distensión del momento para, en un discurso muy breve, volver a hacer hincapié en la importancia de que los empresarios uruguayos miren cada vez más a Brasil como el país más importante en la región, dado que allí existe un altísimo potencial para la inversión en Uruguay y como destino de las exportaciones nacionales. También recalcó que la estrategia del país será negociar la inserción a nivel internacional en concordancia con el Mercosur, gestión que deberá ser liderada por Brasil.
Al destacar la importancia del gran vecino, el presidente lamentó que «hemos estado divorciados con la América que habla portugués. Es hora de hablar el portugués despacio y el español despacio. A partir de allí nos entendemos». El mandatario también instó a los empresarios a «no entrar en nacionalismos pequeños de cotorro, que nos estropean el verdadero nacionalismo, que es la construcción de lo que son las posibilidades de esta América». Para enfatizar la trascendencia de Brasil, destacó que ese país «tiene la mayor reserva de energía hidroeléctrica en el mundo. Eso quiere decir que tiene energía barata de cara al futuro». Mujica hizo estas consideraciones al participar en el tradicional almuerzo que cada 1º de mayo y desde 1997 lo reúne con empresarios en el «Quincho de Varela», cercano a su casa. A la reunión asistieron varios ministros de Estado y legisladores junto a decenas de empresarios, entre ellos los titulares de las Cámaras de Industria, Comercio y Minoristas.
No hay dudas de que las palabras del presidente son reflejo de los recurrentes problemas que los exportadores uruguayos han venido teniendo con sus ventas a Argentina, las que han sufrido casi el mismo bloqueo y el mismo enlentecimiento que han padecido otros países que le venden a esa nación.
Por eso es por demás acertado qué el presidente Mujica sugiera a los exportadores uruguayos que piensen en Brasil, entre otras cosas, porque días pasados, cuando se entrevistó con su par brasileña, Dilma Rousseff, seguramente obtuvo promesas más alentadoras que las que días antes le hizo Cristina Fernández. Así pues, la vía parece estar abierta. Lo único que resta es ponerse a producir y esperar que el gobierno siga haciendo todo lo que está a su alcance para que las puertas del gran mercado brasileño permanezcan abiertas.