Europa en manos de Irlanda.

Con menos de un 1% de la población de la Unión Europea (UE) y poco más de un 1% de su economía, Irlanda tiene pleno dominio de la ambición comunitaria de llegar a ser los “Estados Unidos de Europa”. Irlanda pasará a ser mañana el único de los 27 países de la UE en someter el Tratado de Lisboa al voto directo de los ciudadanos. Puesto que una derrota en cualquier miembro significa la derrota del tratado en todos, toca a los irlandeses decidir si la alianza sigue su camino hacia la unidad política soñada por sus fundadores.
Si bien todos los demás miembros están ratificando el tratado mediante sus respectivos Parlamentos –15 ya lo han hecho–, el derecho irlandés requiere que sean los votantes quienes decidan.

Los responsables europeos cruzan los dedos ante el referéndum, principal incertidumbre del proceso de ratificación que debe concluir en diciembre para permitir al bloque funcionar con mayor eficacia a partir de 2009. “No hay plan B”, declaró el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. “Esperemos que el Tratado de Lisboa sea ratificado. Si no es así, todos pagaremos el precio”.

El tratado suscrito en Lisboa en diciembre pasado es un documento de 277 páginas que crea los cargos de presidente, da más autoridad al ministro de relaciones exteriores, otorgar más poderes al Parlamento Europeo y reduce las potestades de la Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la UE.

Unión por el Sí. Los tres mayores partidos irlandeses (Fianna Fáil –en el gobierno–, el Fine Gael y el Partido Laborista –en la oposición–) se pronunciaron por primera vez juntos a favor del Sí. Ayer, el primer ministro irlandés, Brian Cowen, aseguró: “Las generaciones futuras no nos agradecerán si somos nosotros los que detenemos (la construcción de) una Unión Europea que es la mayor fuerza de paz y prosperidad de nuestra historia y de la historia de Europa (…) En un entorno cada día más competitivo, es imperativo no dar la impresión de que le damos la espalda a Europa”.

En el bando contrario, el Sinn Fein –el brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés–, el único partido con representación parlamentaria opuesto al Tratado, insistió en que el documento puede ser renegociado e instó al gobierno a volver a Bruselas para obtener un “acuerdo mejor” para Irlanda. El presidente de la formación, Gerry Adams, recordó que su experiencia en el proceso de paz norirlandés le ha demostrado que “siempre hay un Plan B”. El problema, según Cowen, es que el actual Tratado es el “Plan B”, pues se trata del documento simplificado que sustituyó al proyecto de Constitución que Holanda y Francia rechazaron en 2005 en consultas populares.

Un veto en el referéndum malograría los esfuerzos hechos por la UE durante muchos años para darse una voz mayor en los asuntos mundiales gracias a su poderío económico. El tratado es la “culminación de los esfuerzos para transformar la comunidad europea tras la caída del comunismo y la incorporación de nuevos miembros del Este de Europa”, dice John K. Glenn, director de política exterior del German Marshall Fund en Washington. “Le permite a la UE ponerse de acuerdo en materia de asuntos como la seguridad interna, el terrorismo y la inmigración”.

Durante el grueso de la campaña, las encuestas mostraron que había una mayoría a favor del acuerdo. Pero la oposición viene creciendo, y en un sondeo publicado el 6 de junio, los adversarios recibieron la mayoría por vez primera, por 35% contra 30%. En una encuesta publicada el domingo, el Sí tenía ventaja de 42% contra 39%, lo cual se sitúa dentro del margen de error estadístico, y un 19% estaba indeciso.

Los partidarios temen que se repita lo que pasó en 2001, cuando un aumento de la oposición al final de la campaña causó la derrota del actual tratado de gobernación de la UE, más limitado. Tras una intensa campaña, las fuerzas proeuropeas lograron que el pacto se aprobara un año después.

Con un producto interno bruto de US$ 19.800 millones, la UE es el mayor bloque económico del mundo, dotado de su propio banco central, comercio exterior y autoridad normativa, y cerca de 100.000 páginas de leyes que rigen un mercado común del Atlántico a la frontera rusa. Tras un alza sin precedente este año, el euro vale cerca de US$1,56, en comparación con US$1,17 al estrenarse en 1999. Compartido por 15 países de la UE, el euro ha ido socavando el predominio del dólar estadounidense. Ya representa un 26,5% de las reservas mundiales en divisas, frente al 63,9%, la menor porción de este hasta la fecha. (AFP, Bloomberg, DPA y EFE)