Ex vocero acusa a Bush de mentir en caso de la espía

Hace pocas horas, el ex experto de la Casa Blanca en Comunicaciones y ex vocero oficial, Scott McClellan, en un adelanto de sus memorias, que aparecerán en abril en un libro titulado «¿Qué Pasó?», denunció que fue engañado por la plana mayor de la administración. Acusa a Bush, al vicepresidente Dick Cheney, a Karl Rove (cerebro gris del gobierno de Bush que renunció hace tres meses), al ex asesor del vice Cheney, Lewis «Scooter» Libby y al jefe de Gabinete Andrew Card.

Sorprendió la fuente de la denuncia. McClellan era un hombre que gozaba de la entera confianza del presidente Bush, lo acompañaba desde que era gobernador de Texas, luego en todo el primer período de gobierno y gran parte del actual hasta 2006.

En Estados Unidos, la persona que descubre la función de un agente secreto es perseguido penalmente. Esta vez el sonado caso de «Plame Gate», que ocupó durante meses la primera plana de la prensa y que pareció cerrado con el procesamiento hace un año de Libby, por perjurio, a 30 meses de prisión y 250 mil dólares de multa, vuelve ruidosamente al primer plano.

«Todos coincidieron en negar cualquier implicancia en la publicidad del nombre de la agente secreta Valerie Plame y así lo trasmití a los periodistas de EE.UU. y corresponsales de distintas partes del mundo», sostiene McClellan. Pero agrega el ex vocero: «hubo un detalle, no era verdad, sin saberlo difundí una información falsa».

El caso de Valerie Plame se inicia como una venganza contra su marido, Joseph Wilson, embajador y experto en material nuclear, que antes del ataque a Bagdad, fue enviado por la CIA a Nigeria, para investigar si verdaderamente estaba entregando uranio a Saddam Hussein para la fabricación de armamento atómico.

Wilson retorna e informa negativamente de las sospechas de la Casa Blanca y el Pentágono. Pasaron los días y no logra respuesta ni se le solicita ampliación de sus trabajos. Y cuando el presidente Bush en el discurso ante el Congreso (año 2003) justifica el ataque a Irak por la existencia de armamento nuclear, Wilson escribe un artículo en The New York Times refutando los argumentos oficiales para la guerra.

Y allí en la Casa Blanca se inicia la venganza, no directamente contra el diplomático, sino contra su bella mujer, deslizando a dos periodistas su carácter de espía de la CIA. Hoy ambos, Judith Millar y Matthew Cooper, han dejado de pertenecer a las plantillas del Times.

La revelación termina con la carrera de agente de Valerie Plame y expone su vida y la de su familia, el marido y sus hijos mellizos, quienes decidieron como arma de defensa salir a la prensa y formular la denuncia penal.

Pero el libro que fragmentariamente ha salido a luz, puede abrir las puertas a un nuevo escándalo en torno a la Casa Blanca. En pleno festejo del tradicional «Thanksgiving» (Día de Acción de Gracia»), la fecha más importante en EE.UU., que reúne a todas las familias (se estima que desde ayer se movilizan hasta el domingo en la noche 38 millones de personas) en torno a la mesa con un gigantesco pavo relleno en el centro, nuevamente las denuncias golpean las puertas de la casa de Bush, en el rancho de Texas, donde pasará la fiesta.

Anoche, varios legisladores y dirigentes de la oposición demócrata especulaban con la posibilidad de promover juicio político al inquilino de la Casa Blanca o al vice Cheney. La investigación del Congreso se pondrá en marcha de inmediato.