Exportar más para poder importar más

Jorge Caumont

A pesar de que el ingreso per cápita creció y es relativamente alto en dólares, nuestra economía sigue siendo pequeña. Existen recursos naturales importantes, pero no se dispone de ellos en gran cantidad. La población no es numerosa ni tiene una calificación que por su eficiencia pueda sortear la limitación de su número. Y la inversión, aunque sube, tampoco muestra una eficiencia significativamente mayor a la de años anteriores. La productividad total de los factores productivos puede haber crecido, como lo dice un informe de una calificadora de riesgos extranjera, pero ello es de dudosa comprobación. Ante todo eso, Uruguay no deja de tener una economía pequeña y, sobre todo, un mercado interno sumamente limitado, tanto en población como en capacidad de compra. Solo una situación mundial y regional como la de los últimos años, de difícil repetición en el futuro, de fuerte depreciación interna del dólar que abarata a la producción transable y en particular a la importable, ha permitido que el comercio de bienes y de servicios haya crecido como lo ha hecho. En buena medida es por el consumo interno, tanto público como privado, que la economía viene creciendo en los últimos tiempos y que se espera que lo siga haciendo en el resto del año y en el que viene, de acuerdo con las autoridades económicas.

MÁS EXPORTACIONES. Siendo una economía pequeña que crece por y para el mercado interno, y dadas las condiciones mundiales y laborales de los tiempos recientes -aunque mirando el corto plazo es factible que ello siga ocurriendo- es difícil que nuestro país continúe en una senda de expansión económica similar por mucho tiempo más. Con la baja tasa de aumento de la población, con la dotación fija de factores productivos como la tierra y con una inversión que no aporta mucho tecnológicamente de acuerdo con lo que resulta de algunos estudios sectoriales, esas variables macroeconómicas provocarán, con el paso del tiempo, un enlentecimiento de la actividad. Tomando distancia de los tiempos macroeconómicos e internándonos en otros, más alejados en el futuro, es difícil concebir a Uruguay expandiéndose sostenidamente bajo la influencia única del consumo interno. Lo limitado de su mercado interno provocará, más tarde o más temprano, un estancamiento productivo si el enfoque de la producción no incorpora además, a la proyección externa, a la expansión de las exportaciones de bienes y de servicios. Como acertadamente se ha indicado en numerosas ocasiones de estancamiento de la actividad o de crisis y como se ha olvidado en momentos de expansión, las políticas de mediano y de largo plazo deben apuntar al objetivo de, aceptando ser un país pequeño, no tener limitaciones de mercado. Sin descartar la posibilidad de seguir creciendo también hacia adentro, el objetivo debe ser lograr que Uruguay sea un país exportador, para lo que tendría que duplicar la participación del valor agregado en las ventas externas de bienes y de servicios en el producto total de bienes y de servicios del país, en su PIB.

COMPRAR PARA VENDER. Proyectar la economía al resto del mundo no significa estimular con subsidios a la producción exportable. Entre otras cosas, implica aflojar los gravámenes sobre las importaciones. Importar más permitirá exportar más. Pocas veces se entiende que frenar importaciones es frenar exportaciones y que los gravámenes sobre aquellas son impuestos sobre éstas. Y esto es así porque tanto por el lado monetario de la economía como por el lado real, para exportar más hay que importar más. Por el primero, porque frenar importaciones es reducir la demanda por divisas y, en consecuencia, porque el tipo de cambio resultará menor al que habría en condiciones de mayores compras externas. Por el lado real, porque frenar importaciones es permitir que los recursos no transables locales sean más caros que en el exterior y que los recursos transables, los que se pueden importar, también lo sean. Por ambos lados se puede probar, y se ha hecho en numerosas ocasiones en nuestro país y en otras naciones, que obstaculizar las importaciones termina siendo en perjuicio de los exportadores.

Para un país pequeño el mundo es el área óptima de comercio pero no siempre, por esa razón, se debe desconocer que existen países con los cuales resulta difícil entablar relaciones comerciales que sean fructíferas para ambas partes. Es el caso de las relaciones comerciales con los miembros del Mercosur. Uruguay ha sacrificado muchas cosas creyendo que lograría mejorar sus ventas a la región. Con Argentina y con Brasil desde hace ya tiempo y, ahora con Venezuela. Pero los resultados no han sido buenos ni lo serán. Primero, porque en el caso de muchos productos que podrían importarse a menores precios de otros países de fuera del Mercosur, el margen arancelario de preferencia que Uruguay le ha brindado a los socios regionales ha hecho más conveniente importarlos desde ellos y no desde los orígenes más económicos. Por esa causa se ha estado importando ineficiencia. Pero también, debido a las preferencias arancelarias que ha brindado a los países de la región y el incentivo que ello ha dado a las importaciones desde ellos, se ha perdido recaudación aduanera, recaudación fiscal. Mirando el Mercosur desde su inicio en 1991 vemos que mientras las ventas a Argentina han subido 47% en términos reales, las exportaciones uruguayas a ese país han crecido 140% y que tanto las exportaciones a Brasil como las importaciones desde Brasil se han duplicado en igual lapso pero con una base para el crecimiento notablemente mayor en nuestro socio. Pretender crecer con el comercio con Argentina es una utopía difícil de entender, cuando se trata de una nación poco confiable económicamente, con control de cambios y tipos de cambios múltiples. Pretender hacerlo ahora también, abriendo el comercio con Venezuela, un país que tiene control de cambios y en el que el valor del dólar en el mercado paralelo es 155% mayor que en el oficial, y un país que además no paga regularmente y como debe ser, sus transacciones comerciales, es asimismo una utopía. Y aunque Brasil es nuestro principal socio comercial no se debe desconocer que, regularmente, ejerce presiones proteccionistas que obstruyen a nuestras exportaciones. Por ello, para no seguir trastabillando y en el caso de numerosas industrias seguir cayendo por los esfuerzos de ya varias décadas de seguir dándole nuevas oportunidades a la región, sea por afinidades políticas, ideológicas o de otra naturaleza, es tiempo de innovar. Una innovación que pasa por buscar la asociación comercial con la Unión Europea, con China, con Japón, con Canadá, con muchos emergentes como Corea del Sur, Taiwán y Singapur y con el propio Estados Unidos. Después de todo, ya hemos probado y reprobado la asociación con la región.

Fuente: ECONOMIA Y MERCADO (EL PAIS)  OPINION 01/10/2012 Página 2