Franceses entre huelgas y sabotajes.

Los sabotajes y agresiones cayeron ayer, justo en el primer día de negociaciones para terminar con los paros en el transporte, que ya llevan ocho días y a esta altura están ocasionando pérdidas millonarias de entre 300 y 400 millones de euros al día, según el Ministerio de Economía y Finanzas.

Si bien empañó un poco más el clima de las negociaciones -ya lo había hecho el propio Sarkozy diciendo que no daría el brazo a torcer-, hubo un leve acercamiento entre las partes, que en cierta forma mejora las perspectivas hacia una salida al conflicto.

Por octavo día consecutivo, ayer hubo graves perturbaciones en el transporte. La dirección de ferrocarriles nacionales (SNCF) justificó las demoras por esa «acción coordinada de sabotajes» en algunas líneas de trenes de alta velocidad del Este, Norte y sureste del país, «destinada a obstaculizar la reanudación del tráfico».

Entre otras acciones se mencionó la quema del tendido eléctrico y destrozos de las señalizaciones.

Hubo «un incendio muy importante de los cables de la red de señalización que ha provocado daños de 30 kilómetros» en la línea Atlántica, por donde «ningún tren puede circular», dijeron fuentes de la SNCF.

Según la SNCF, hubo retrasos importantes, pero que de todas maneras circularon 400 de los 700 trenes de alta velocidad y al menos 88 de los 300 rápidos. Nuevamente hubo trastornos en las rutas y autopistas que conducen a París, donde se registraron hasta 258 kilómetros de atascos. El tráfico del transporte público urbano, en tanto, había mejorado: funcionaba el 50% de los autobuses y tranvías, según la empresa que administra este servicio (RATP).

Contra las declaraciones de las empresas, el sindicato de los maquinistas denunció agresiones contra «la integridad de las personas y sus bienes» en detrimento de sus adherentes.

El presidente del gremio CGT, Bernard Thibault, condenó esos ataques y sugirió que pudieron haber sido fraguados intencionalmente para desacreditar al sindicato. Las agresiones fueron contra los que se reintegraron al trabajo.

«Catástrofe». Los sindicatos habían propuesto una ronda de negociaciones tripartitas -sindicatos, empresas, representantes del Estado-, que comenzó ayer por la mañana en el RATP y siguió con los ferrocarriles.

La reforma que propugna el gobierno francés prevé un aumento del tiempo de cotización que deben cumplir los beneficiarios de los regímenes de jubilación, de 37,5 a 40 años.

Una encuesta publicada ayer por el diario francés «Le Figaro», elevaba al 68% la proporción de franceses que considera injustificada la huelga de los transportistas y un 69% quiere que el gobierno se mantenga firme.

Laurence Parisot, presidenta de la organización de empresarios franceses (Medef), calificó la huelga como una «catástrofe» con un costo económico «probablemente gigantesco». «Sabemos que muchos inversores extranjeros renunciaron a hacer operaciones en Francia», dijo.

La de los transportistas no es la única protesta contra las reformas que impulsa el mandatario francés. En el sector de las universidades, unos 40 establecimientos siguen en paro contra una ley que propugna una autonomía en el presupuesto y en la gestión del personal.

Y por otra parte, varios miles de vendedores de tabaco protestaron contra la ley que restringe lugares para fumar.