Frente fiscal y deuda impiden que Uruguay logre el “investment grade”.

Los analistas de dos consultoras -CPA Ferrere y PricewaterhouseCoopers Uruguay-, el secretario ejecutivo de la Asociación de Bancos, Julio de Brun, y la asesora de la Cámara de Comercio, María Dolores Benavente, estimaron que aún persisten algunas dificultades para que Uruguay alcance el “investment grade”, que es la mejor calificación de la deuda uruguaya. Todo pese a que el riesgo país está en niveles históricamente bajos. El cierre de ayer fue de 229 puntos básicos.

DIFICULTADES

“Hay un conjunto de factores domésticos que, desde un punto de vista teórico, disminuyen el riesgo soberano y por tanto incrementan la probabilidad de recibir un investment grade por parte de una calificadora”, aseguró a Ultimas Noticias el economista Rafael Mantero, de CPA-Ferrere.

Como fortalezas del país, indicó la estabilidad macroeconómica y del sistema financiero, lo que en general favorece la pretensión de mejorar la nota, la mejora del fiscal, la menor dolarización de la deuda y una menor ratio deuda/producto. Añadió que en la actualidad el país cuenta con parámetros alentadores, como tener adecuados perfiles de vencimientos, exposición a riesgo de tasa de interés y distribución de los tenedores de deuda soberana, en particular, en lo relativo a la relación entre tenedores domésticos y extranjeros.

Mantero sostuvo que en Uruguay existe margen para recomponer superávit primario a los niveles precrisis, llevándolo al 3% del Producto Bruto Interno (PBI), lo que sería funcional a esa pretendida mejora en la nota-país.

“En parte, el resultado fiscal se está ya recomponiendo vía una mejora de los resultados de las empresas públicas, particularmente de UTE, dadas las lluvias recientes y el aumento de tarifas de agosto, y vía una mejora en el nivel de actividad”, señaló. “Pero es probable que para alcanzar el 3% de superávit primario, y por lo tanto que esto provoque un resultado global equilibrado, sea necesario algún esfuerzo fiscal adicional, en particular por el lado del gasto público”, señaló.

Sin embargo, indicó que aún existen alarmas encendidas. “En cualquier caso, parece razonable pensar que si el superávit fiscal primario permanece por debajo del 3% en los próximos años, es muy baja la probabilidad de que Uruguay alcance el investment grade”, sostuvo.

En cuanto a la dolarización, indicó que “existe margen para continuar” con la misma, a pesar de verificarse que este “es un camino lento”, en particular debido a la tendencia de los inversores uruguayos de continuar manteniendo cierta predisposición en contra del ahorro en instrumentos en moneda nacional.

“Por lo tanto, si bien es claro que margen existe, no es mucho lo que el gobierno, o más bien el Estado, puede hacer para acelerar el proceso de desdolarización iniciado por las últimas dos administraciones”, sostuvo.

“Además, es claro que la desdolarización ha tenido un costo financiero para el Estado, en tanto que para colocar deuda en moneda nacional o en unidades indexadas se han pagado tasas superiores a lo que serían valores de arbitraje, por lo que el margen para acelerar la desdolarización vía tasas en moneda nacional atractivas tiene limitantes”, agregó.

Otro observador con cierto escepticismo fue el economista Ramón Pampin, de la consultora PricewaterhouseCoopers Uruguay, quien advirtió las fortalezas y las debilidades de la demanda.

“En el país existen notorios logros a nivel macroeconómico y esto ha ido en consonancia con la mejora de las notas a la deuda soberana uruguaya”, señaló a Ultimas Noticias. El profesional reconoció que “el manejo de la deuda ha sido uno de los logros” de la actual administración, lo que “ha sido reconocido como tal por las calificadoras”. Pero advirtió que para lograr una mejor visión por parte de las calificadoras y los inversores extranjeros, el país requiere de dos aspectos sustantivos. “En materia financiera, los logros han sido indudables”, señaló.

“Sin embargo, los avances que se puedan lograr en ese ámbito pueden posibilitar que se mejore aún más la clasificación de nuestra deuda soberana”, añadió.

El profesional explicó que de acuerdo a su perspectiva, los avances requeridos “no sólo deberían ser respecto al peso de la deuda sobre la economía, sino relacionados a que se disminuya el grado de dolarización de la misma”.

Y añadió que en materia fiscal, se requieren “avances en cuanto a alguna regla que aporte certidumbres hacia futuro”. “Este tipo de medidas pueden aportar a una mejor visión del país por parte de los inversores”, agregó.

Reticencia

Otros dos observadores mostraron reticencia ante la eventualidad de que el país logre un cambio en su actual calificación.

“Sería importante mejorar el equilibrio fiscal”, aseveró a Ultimas Noticias el director ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados (ABP) y ex presidente del Banco Central durante el anterior gobierno, Julio de Brun.

“Ese es uno de los temas que miran las calificadoras para modificar cualquier nota”, sostuvo.

El otro problema que las calificadoras estudian con detenimiento es el del tamaño de la deuda externa. “Otro aspecto relevante para lograr esa eventual modificación tiene que ver con una reducción sustancial del tamaño de la deuda”, agregó.

El funcionario señaló que la ratio deuda/Producto Interno Bruto “debería quedar entre 30% y 35% o al menos retroceder a menos de 35%”.

Esto significa una reducción de entre cinco y diez puntos porcentuales, ya que en la actualidad la ratio deuda/PBI está entre el 40% y el 45%.

Pero hubo miradas aún mas escépticas. “Será importante ajustar el frente fiscal y la ratio de la deuda”, dijo a Ultimas Noticias la economista Dolores Benavente, ejecutiva principal de una de las administradoras previsionales privadas de plaza. Señaló que a su juicio, ambos parámetros son sustanciales para que las calificadoras modifiquen la nota-país y advirtió que no ve esa posibilidad en el corto plazo.