Fuerte crítica y advertencia de iglesias cristianas a políticos

El Consejo de Iglesias Cristianas del Uruguay (CICU) reclamó ayer que se deje de “hacer del pobre y de la pobreza objetos de campaña política”, y advirtió a los líderes que los pobres “son personas que tienen en sí la fuerza para ser considerados copartícipes de los cambios (..) y derechos civiles que deben ser respetados y tomados en cuenta”. A su vez llamaron a responsabilidad al gobierno y a los partidos políticos y pidieron recuperar “la capacidad de indignación”.
La máxima autoridad de las iglesias cristianas afirmó que para atender la situación de pobreza se debe dar lugar a todas las personas “sin exclusiones”.

El consejo –integrado por las iglesias Católica, Anglicana, Metodista, Pentecostal Naciente y las evangélicas Luterana, Valdense y del Río de la Plata– afirmó en un comunicado que esas instituciones realizan “esfuerzos que alivian la emergencia” social con “comedores, alimentos, atención a los más vulnerables, los niños, los enfermos”, pero consideró que el mismo “no es suficientes, es frágil y se hace con recursos limitados”.

Las iglesias llamaron a su “propia responsabilidad, pero también a las instituciones pertinentes, a los políticos y al gobierno, a dar pasos, sin demora, para juntos buscar salidas posibles”.

Según el CICU, el gobierno y los partidos políticos deben “tomar la iniciativa de encontrar otros caminos, más allá del crecimiento económico y de cambios presupuestarios, para recuperar lo trascendente de lo humano y convocar a todos a reconstruir una sociedad más humana, justa, donde todos y todas tengas acceso a sus derechos naturales como personas”.

En el comunicado, las iglesias reclamaron “recuperar la capacidad de indignación por lo que pasa”, por “las muertes por desnutrición, por la incapacidad de atención médica o por la violencia social (que) se transforman en un número y dejan de conmovernos”. Agregaron que cualquier vida “es preciosa e irremplazable a los ojos de Dios y debería serlo a los ojos de todos los que habitamos este país”.

Según el comunicado, el CICU ve con suma preocupación el “deterioro de las condiciones” de vida en Uruguay.

Afirma que las instituciones de contención y servicio a los pobres están colapsadas y que el país asiste al “suicidio silencioso de los adultos y de adolescentes y niños por el colapso económico”. Considera que estos problemas son la punta del iceberg de la “destrucción del tejido social”, la “fragmentación de la familia” y la “pérdida de valores”.

“La proyección hacia el futuro perfila un país que tendremos dificultades en reconocer”, agrega el comunicado.

Para las iglesias cristianas “el deterioro que la desnutrición produce en los niños y niñas” no es recuperable, y “los cambios de comportamiento en las relaciones humanas no serán fáciles de revertir”. Pidió “reconstruir una sociedad” en la que “todos tengan acceso a sus derechos como personas”.