G-20 discutirá futuro del libre mercado y blindaje anticrisis.

ESTA SERÁ la primera cumbre del grupo, creado en 1999 por los presidentes de las naciones más ricas del mundo que conforman el G-7 para tener un foro de diálogo que incluya también a las economías emergentes más poderosas y que en el caso de Latinoamérica alcanza únicamente a México, Brasil y Argentina.
Los presidentes de esos tres países de la región estarán en Washington, compartiendo el mismo nivel de Australia, Indonesia, Arabia Saudí, Sud-áfrica, Corea del Sur y Turquía. Pero analistas privados han adelantado que no se esperaba mucho de este grupo más allá de críticas a los ricos, particularmente Estados Unidos, donde se han creado modalidades financieras vistas en su momento como innovadoras pero que contribuyeron a la crisis, como los capitales derivados.
Bush asistirá a la cumbre debilitado, no sólo porque dejará el cargo en unos 60 días en medio de una popularidad en baja récord que araña el 30% sino por la aplastante derrota que sufrió su Partido Republicano a comienzos del mes a manos del demócrata Barack Obama.
Además de Bush, el primer ministro británico Gordon Brown y el presidente francés Nicolás Sarkozy están realizando grandes esfuerzos para el éxito de la reunión. El entusiasmo de los dos europeos es tan grande que incluso llaman a la cumbre «Bretton Woods II», en memoria de la reunión de hace más de 60 años que estableció reglas para las relaciones comerciales y financieras en el mundo y creó el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial después de la Gran Depresión estadounidense y a fines de la II Guerra Mundial.
Algunos han señalado como raíces de la crisis el sistema que nació entonces y que fue degenerando con un liberalismo financiero ilimitado, promovido por Estados Unidos, que dio lugar a una forma de «capitalismo estadounidense». Este, afirman, puede estar llegando a su fin con una quiebra de grandes instituciones financieras y bancos, que justamente son su columna vertebral, que está forzando a Bush a «salvarlos» mediante nacionalizaciones con paquetes de rescate, en una acción contraria a sus políticas de gobierno.
La Casa Blanca ha adelantado que Bush insistirá no sólo en la reforma financiera internacional sino en que el éxito de esta sólo sería posible si no se basaba en «un compromiso común con los principios del libre mercado», lo que incluía la continuidad del actual sistema de economías abiertas y competitivas. «El presidente aprovechará esta oportunidad para urgir a sus colegas a no mirar hacia adentro y sofocar los mercados», dijo Daniel Price, asesor de Bush para asuntos económicos internacionales. «La retórica proteccionista sobre el amurallamiento de mercados o compañías no contribuye a la estabilización internacional sino más bien a una mayor in-certidumbre».
«La historia nos ha enseñado que las medidas proteccionistas exacerban, no moderan, los períodos de inestabilidad económica», dijo Price a reporteros en la Casa Blanca. Felipe Calderón, de México; Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil y Cristina Fernández, Argentina, los tres latinoamericanos asistentes, han dicho que la crisis financiera no afectaría gravemente a sus economías, pero expresarán su preocupación por la necesidad de socorrer a otras más débiles, incluso dentro de la misma región, que están ya sufriendo las primeras consecuencias de la difícil marea.
El alto nivel de optimismo con que Brown y Sarkozy ven la conferencia ha sido considerado por muchos como exagerado. Estados Unidos ha dicho que el trabajo contra la crisis no será terminado en una sola cumbre sino que esta era apenas el comienzo de una serie.
El canciller francés Bernard Kouchner, parte de una avanzada de delegados que ya están en Washington, dijo que era necesario «moderar las expectativas» de esta cumbre. «No saldrán las grandes recetas que algunos creen», dijo. «La razón: ciertas decisiones grandes sobre regulación de los mercados mundiales deben aguardar a Obama».