Ganó Alan García y ahora deberá reivindicarse con su pueblo

Las disculpas que pidió el ex presidente peruano Alan García por su nefasto gobierno anterior parece que dieron resultado, ya que el socialdemócrata líder aprista triunfó y será el nuevo mandatario peruano, según los primeros datos oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) y los conteos rápidos de diversas organizaciones.
Según la Onpe, García tenía el 55,5% de los votos contra el 44,5% de Ollanta Humala, con el 77,3% escrutado.

Por su parte, la consultora independiente Apoyo otorgó a García el 52,7% contra 47,3% de Humala. La organización Transparencia, señaló que García logró el 52,4% contra 47,6% de Humala, con un margen de error de 0,5%.

García sucederá al presidente Alejandro Toledo y asumirá su cargo el 28 de julio por un periodo de cinco años.

Tras conocerse los resultados de los conteos rápidos, García y Humala emprendieron una seguidilla de discursos.

Luego de dos apariciones públicas con aire triunfalista en las que Humala dijo que su partido político logró una “histórica victoria social y política”, pasada la medianoche de Uruguay, el candidato reconoció su derrota pero aseguró que continuará con su proyecto nacionalista.

García también tuvo dos discursos triunfalistas y se proclamó vencedor de la elección. “Quiero agradecer a los peruanos el voto mayoritario que me han dado (…) El pueblo ha votado por nosotros”, señaló en medio de la algarabía de sus seguidores de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), quienes ondeaban banderas y gritaban: “¡Sí se pudo, sí se pudo!”. Partidarios apristas corearon más temprano: “Chávez, escucha, García ya ganó”, en un mensaje dirigido al presidente venezolano Hugo Chávez, quien se enfrentó durante toda la campaña al líder aprista y respaldó a Humala.


La reivindicación. En su discurso, García volvió a pedir perdón a los peruanos y prometió que en esta segunda oportunidad: “Moriremos en el empeño de no fallar ni defraudar a los peruanos”.

Considerado uno de los más astutos y carismáticos políticos de Latinoamérica, García es dirigente del histórico y centro-izquierdista Partido Aprista Peruano (PAP) –fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre– y ya gobernó la nación andina entre 1985 y 1990, cuando contaba con sólo 36 años y se convirtió en el jefe de Estado más joven de Iberoamérica.

En la última campaña García reconoció que su juventud le jugó una mala pasada. Y no era para menos. En su primer gobierno García dejó a la economía colapsada y una tasa de inflación acumulada del 7.600%, que evaporó –literalmente– el poder adquisitivo de los peruanos. Afrontó además el fortalecimiento del grupo Sendero Luminoso y el momento más crítico de la prolongada guerra interna.

Tras convertirse en presidente, vivió dos años de idilio con el pueblo, con medidas como la restricción del pago de la deuda externa, el rechazo a los organismos multilaterales, la reducción de gastos militares y la limitación de las importaciones.

El punto de inflexión llegó en 1987 cuando intentó nacionalizar la banca, lo que generó una oleada de protestas lideradas por el escritor Mario Vargas Llosa, que propugnaba una política conservadora y quien en este balotaje le dio su apoyo por considerarle “un mal menor”.

Una de las acciones más cuestionadas del primer gobierno de García fue la matanza de más de 250 presos en tres cárceles de Lima, en 1986, como respuesta a un motín de supuestos terroristas.

Tras los comicios de 1990 –que ganó Alberto Fujimori sobre quien pesan denuncias de violaciones a los derechos humanos y corrupción–, fue nombrado senador vitalicio, pero poco después fue acusado de enriquecimiento ilícito y se le responsabilizó de la matanza de las cárceles limeñas. Pasó a la clandestinidad y partió al exilio a Colombia y Francia. La Corte Suprema de Justicia declaró en 2001 prescritos los delitos y volvió al ruedo hasta que ayer logró su reelección. (AFP, AP y EFE)