Gobierno prepara plan energético nacional con estrategias para las urgencias inmediatas

Con el propósito del Uruguay Productivo entre ceja y ceja, la estrategia en materia energética en estos momentos de crisis es requerirle ahorro al consumidor residencial para dejar un margen suficiente a las industrias, de forma de no bloquear la tendencia creciente de la actividad, algo que el subsecretario de Industria, Energía y Minería, Ing. Martín Ponce de León resume muy bien cuando expresa que «ahorro de energía significa trabajo».
Precisamente Ponce de León fue uno de los entrevistados por CRÓNICAS para elaborar este informe y puntualizó que en invierno el pico de consumo de energía eléctrica es de 1.500 megavatios y que el 50% es demandado por los hogares, que a su vez, utilizan la mayor parte de esa energía para cocinar y calefaccionarse.
También destacó que desde hace 15 años no se hacen inversiones para mejorar el respaldo térmico que compensara la falta de energía hidráulica con costos razonables, pero señaló que se han adoptado algunas medidas: en este invierno una planta que se construye en Punta del Tigre comenzará a producir 200 megavatios y en pocos días, UTE hará un llamado a licitación para comenzar a producir energías alternativas como la eólica, la biomasa o las microturbinas, a razón de 20 megavatios por cada modalidad, que el ente sé compromete a comprar por 20 años, a precios del mercado.
Este fue el diálogo con el Ing. Ponce de León:

– ¿Cuál es el panorama?
– Primero debemos señalar que la energía tiene varias fuentes, los hidrocarburos, el gas, la leña, la energía eléctrica, así que hay un tema global del país, con el alza del precio del petróleo que todos vemos y uno más específico de esta coyuntura con una situación muy especial en el sector eléctrico.

– Que es muy preocupante…
– En el sector eléctrico tenemos la confluencia de tres factores: primero, un año de sequía muy importante en la zona del norte del país donde están las represas, que como se dijo está entre los 7 peores años de los últimos cien. Esto implica que tenemos bajo caudal de agua, en Salto Grande estamos en muy poco más del 10% de la Capacidad de generación y en Rincón del Bonete, donde tenemos la reserva más significativa, cerramos el lago a mitad de marzo hasta hoy y sin embargo, la cota no ha subido nada, sigue en 75,21 m con mínimas variaciones que se adjudican al viento porque no ha llovido. Cuando llueve, Uruguay tiene energía esencialmente hidroeléctrica que es barata y cuando no llueve debe tener respaldo térmico, pero Uruguay no hizo en los últimos 15 años las inversiones necesarias en el respaldo térmico y ese es el segundo factor negativo, porque nos encontramos que cuando no hay agua, el respaldo que tenemos es insuficiente.

-¿Qué se hizo al respecto?
– El año pasado hicimos una primera compra de 200 megavatios de equipamiento de instalación rápida, del cual se puede tener en el sistema una cierta cantidad porque no es un equipamiento muy económico de usar y está en construcción esa central en Punta del Tigre donde este invierno va a entrar en una primera etapa esos 200 megavatios. Un aporte que si miramos que tenemos 580 de generación térmica y le adicionamos 200 estamos agregando la tercera parte. Hada 15 años que Uruguay no incorporaba plantas térmicas; esta planta tiene 2 combustibles posibles, gas y si no hubiere, gasoil. Posiblemente comience a funcionar con gasoil y UTE que tiene un contrato de gas con Argentina, verá en qué momento se puede comenzar a utilizarlo.

– ¿Cuál es el tercer factor?
– El tercer factor que incide en la situación de la energía eléctrica es el contexto de falta de respaldo regional. Uruguay tiene una muy fuerte vinculación eléctrica con Argentina, -2.000 megavatios- así que teóricamente nuestro país podría comprarle toda la energía a Argentina y no generar un megavatio. Pero Argentina está transitando en estos últimos años por un período de bastantes dificultades energéticas y por tanto, es un respaldo más endeble. De todas maneras, Argentina si bien bajó el nivel histórico del respaldo, de todas maneras diariamente nos envía de 200 a 250 megavatios, lo que es muy importante. Entonces la suma de estos tres puntos, sequía, poco respaldo térmico y poco respaldo regional lleva a que en el período de invierno, cuando más sube el consumo, Uruguay enfrente una situación que hemos calificado de muy delicada. No queremos esperar a llegar a julio o agosto para encontrarnos con problemas más serios y viendo las circunstancias el gobierno no solo ha manifestado con transparencia lo que sucede sino que ha convocado la otra forma de incidir sobre este tema, que es por el consumo y por ello el plan de ahorro.

– Así que en esencia el plan es dirigido a los hogares…
– Uno puede pensar que en los hogares se consume poco y por tanto puede ahorrar poco, pero como eso se multiplica por ciento de miles, termina siendo el ahorro más grande.
En los hogares lo que más energía consume es todo aquello que produce calor. Uno puede usar estufas de super gas en lugar de eléctricas, mejorar con burletes el aislamiento térmico. Uruguay es un país que en general ha cuidado poco la energía y cómo la gasta por lo que estamos diseñando un programa de eficiencia energética para mejorar este aspecto, incluso con normas para la construcción y la industria.

– ¿Hay otras medidas?
– Quizás como dato adicional, importa decir que el Poder Ejecutivo aprobó y en cosa de días va a salir el llamado que la UTE está instrumentando, para los primeros equipamientos de generación eólica, de biomasa y microturbinas, con 20 megavatios de cada una de estas energías. La licitación se va a convocar sobre la base que se va a pagar por 20 años, toda la energía que generen los oferentes; se va a adjudicar a los oferentes más baratos y el precio lo va a fijar el mercado, así que habrá energía del viento usándose en el país, de biomasa -vaya si tenemos disponible en un país agropecuario como el nuestro desde cascara de arroz, o residuos forestales o lo que fuere y habrá energía de ríos y arroyos a los que Uruguay no les prestó hasta ahora atención porque tenía las grandes represas. UTE está dispuesta a pagar y el gobierno ha dispuesto que se pague al precio que sea necesario para estimular su producción, porque esto significa antes que nada incorporar tecnología que el país no tiene de energía limpia y renovable.

– En el marco del plan de ahorro se habla de impulsar el consumo de supergás con rebajas impositivas en su precio, ¿esto es viable?
– No nos gusta hablar de precios salvo que estemos seguros de lo que se está haciendo. El resto nos parece un manejo que no nos gusta, de las expectativas de la gente. Lo que sí decimos en el marco de este plan de ahorro, que ojalá exista un incremento del consumo de supergás porque todo lo que estemos usando para calefaccionar con combustible en lugar de electricidad es bienvenido. En otras circunstancias uno podría decir que también el gas natural es un potencial combustible alternativo, pero en esta coyuntura, está notoriamente escaso, mientras que con el supergás no hay limitaciones y el Uruguay tiene muchas más bases instaladas, las familias tienen más posibilidades de hacer uso del supergás con relativa facilidad por un par de meses que el gas natural.

– Pero hace pocos años, el gas natural parecía la panacea porque lo proclamaban como el energético barato y abundante que el país precisaba…
– Hay varios temas mezclados, primero en lo personal y ahí están las actas parlamentarias porque en los últimos cinco años fui legislador y también hay trabajos anteriores, siempre pensamos que Uruguay no tendría que quedar tan expuesto en materia de respaldo como quedó por esa supuesta exuberancia de gas argentino. El tiempo demostró lamentablemente que esas apreciaciones, que esas apuestas que se estaban haciendo por quienes en aquellos momentos estaban en las responsabilidades, eran profundamente equivocadas. Pero en segundo lugar, teóricamente el gas natural, es un combustible más barato que el petróleo, esencialmente porque está atado a las redes de gasoducto. Recién ahora se está comenzando con la posibilidad al traslado del gas licuado pero son ingentes los costos de licuar primero y regasificar luego, así que digamos que el gas es todavía un combustible por transporte mucho más difícil que el petróleo. Donde hay gas suele ser un combustible mucho más barato, pero lo cierto es que cuando se hicieron las redes y comenzó a llegar el gas natural a Uruguay aún cuando no había limitaciones de Argentina, el combustible no le llegaba al consumidor a precios tan competitivos. La prueba es que la cantidad de clientes de la distribuidora de gas más grande que es la de Montevideo, no solo no aumentó sino que incluso disminuyó, por cuanto la gente instalaba el gas y después lo eliminaba porque le resultaba más caro. Repito, no fue verdad que el gas llegara a los hogares al precio económico que algunos habían pronosticado.

– ¿La falta de gas ha perjudicado a la industria?
– En el Uruguay la industria se alimenta históricamente con el fueloil. Hubo una época en que había crecido la leña de manera significativa, luego lamentablemente se retrocedió y se volvió al fueloil en esa etapa del dólar barato y se dejó de usar un combustible nuestro como la leña, para regresar al combustible importado. En el medio se comenzaron a intercalar algunos contratos de gas en algunas industrias. Estos contratos son de dos tipos, firmes y los interrumpibles. Los contratos firmes se mantienen siempre, incluso se han mantenido en estos momentos de crisis pero otras industrias tomaron contratos interrumpibles, lo que los lleva a que en todos estos años especialmente en el invierno cuando Argentina tiene más carencia de gas, interrumpa el suministro haciendo uso del derecho establecido en el contrato, de manera que no hay nada que acá el industrial no supiera. En ese caso se suele recurrir al fueloil o leña como alternativa. El total del gas, sumando todo público, privado, industrial, todo tipo dé uso hoy no llega al 2% del consumo de energía del país, es decir que tiene una incidencia poco significativa.

– ¿Por qué es caro el precio de ese producto?
– Del precio final que paga la familia cuando recibe el gas en su casa, es menos del 20% del precio en boca de pozo, el grueso de los costos son de transmisión e intermediación.

– Se ha manejado la posibilidad de importar gas natural y regasificarlo en el país, considera razonable esta iniciativa?
– Por lo menos a la fecha de hoy los datos que tenemos indican que las unidades de regasificación que hay que tener par recibir esos barcos tan especiales que traen el gas licuado y poder inyectarlo en las cañerías, tienen dimensiones mínimas que son muchas más grandes que el consumo del Uruguay. El país consume tan poco que esos equipamientos solo tienen viabilidad económica si quien los instala tuviera compromisos muy firmes de contratos de suministros, por ejemplo con Argentina o con el Sur de Brasil. Pero ahí ya estamos hablando de cosas que se juegan en una cancha que no es nacional.

– ¿La falta de gas natural puede adjudicarse a las tensiones políticas de Uruguay y Argentina?
– No, en absoluto, lo que hubo fueron dificultades técnicas que todos sabemos. Tenemos un excelente nivel de coordinación con las autoridades energéticas tanto de Argentina como de Brasil y es justo que lo digamos con toda claridad. Terceros actores pueden haber pretendido otra cosa, pero lo concreto, real y efectivo es que se ha trabajado con grado de colaboración que habla de los mejores niveles de relación.

-¿Esta crisis energética evidencia la carencia de una política de previsión, de contingencia ante estas situaciones?
– Creo que evidencia sobre todo, la necesidad de tener una estrategia de mediano y largo plazo. Estos días tuvimos un seminario donde decisores de muy diversas áreas del sector público, estuvieron cuatro días encerrados con técnicos de la Fundación Bariloche, estudiando justamente estrategias energéticas para establecer un política nacional de energía que sea algo que cuente con un respaldo social y político ampliamente mayoritario, que por tanto, permita hacer proyecciones de políticas que inevitablemente tienen que ser de largo aliento. Este es un proceso que el gobierno tiene que liderar e incluye medidas de urgencia que tienen que ver con el atraso que hoy hay, medidas de largo plazo que es lo que tratamos de articular para que haya coherencia entre quienes están estudiando desde los biocarburantes, el biodiesel, hasta la energía eléctrica o el gas. Pero todo eso no es más que la preparación de lo que tiene que ser un trabajo con participación muy abierta de la sociedad para diseñar una política energética nacional que tiene que incluir las más diversas facetas de la energía, no solo los hidrocarburos, el gas o las energías alternativas como la eólica u otras de más largo aliento como la energía solar, sino que tiene que incluir todas las pautas de consumo, no ya de ahorro sino de eficiencia energética. Recordemos que la energía es la forma de multiplicar la capacidad de trabajo humano y es de una importancia absolutamente capital en la vida de una sociedad.

-¿Ese plan se podrá instrumentar en este período de gobierno?
– En este período de gobierno, aspiramos, primero a recuperar el atraso en algunos sectores claves y a comenzar a trabajar en áreas donde el país lamentablemente no había comenzado, pero en ese marco, simultáneamente darnos el encuadre para hacer una discusión de lo que solo podrá hacer una política nacional cuando tenga un nivel de respaldo que garantice su continuidad.