Gran Bretaña en vilo por un atentado ‘inminente’

La alerta nacional británica en materia de seguridad seguía siendo ayer «crítico», el nivel más elevado. La policía está realizando contrarreloj una investigación, la mayor desde los atentados del 7 de julio de 2005, en pos de arrestar sospechosos y evitar un ataque terrorista que, en base al nivel de alerta decretado, se cree inminente.

Esto ocurre a pocos días del segundo aniversario del «7-J», que causó 56 muertes, y luego de los dos fallidos ataques con coches-bomba del viernes en Londres y de que un vehículo en llamas se estrellara el sábado contra el edificio central del aeropuerto de Glasgow, en Escocia. Ninguno de estos hechos causó víctimas, pero movilizó a cientos de policías en todo el país y elevó el miedo en la población.

Durante esa investigación, la policía llevó ayer a cabo una explosión controlada de un coche sospechoso en el estacionamiento del hospital Royal Alexandra, en Glasgow. Se considera que ese vehículo está relacionado con el ataque al aeropuerto de esa ciudad, aunque al momento no se encontraron indicios de explosivos en su interior.

La policía realizó varios registros cerca de Glasgow, y detuvo a tres personas, dos hombres y una mujer, en Liverpool y sus alrededores. Con éstas, ya son cinco las detenciones de sospechosos vinculados a los fallidos atentados de Londres y Glasgow. Los dos ocupantes del vehículo en llamas que embistió al aeropuerto escocés ya habían sido capturados. Uno de ellos permanece hospitalizado en estado crítico -en el mencionado Royal Alexandra- con serias quemaduras.

El flamante primer ministro británico Gordon Brown, que sólo lleva cinco días en el poder, dijo en una entrevista a la BBC que «es evidente» que su país está enfrentando a terroristas relacionados con Al Qaeda. Las primeras investigaciones apuntan a ese extremo.

Como parte del miedo reinante, el hallazgo de un «paquete sospechoso» en el aeropuerto londinense de Heathrow (el mismo que había sido escenario de otro atentado terrorista frustrado en agosto del año pasado), obligó por dos horas a la clausura y evacuación de una de sus terminales. Finalmente, se retornó parcialmente a la actividad normal, sin que los investigadores divulgaran información alguna.

Tras los atentados fallidos del viernes y sábado, Francia y Estados Unidos también reforzaron sus medidas de seguridad. En este último país también se vivieron horas de tensión en la terminal aérea neoyorquina John F. Kennedy tras la aparición, al igual que en Heathrow, de otro «paquete sospechoso» (ver nota aparte).

Para resaltar el impacto global de los frustrados atentados, desde Estados Unidos -que no elevó su nivel de alerta por estos acontecimientos- se anunció que serán desplegados más agentes de seguridad en los vuelos transatlánticos.

Ni siquiera el recuerdo de la Princesa Diana estuvo ajeno al temor reinante. Un enorme concierto benéfico en el remozado estadio de Wembley para conmemorar el que hubiera sido el 46° aniversario de Lady Di, tuvo el marco de 65 mil espectadores y grandes luminarias del rock, pero también tuvo a 450 policías y muy estrictas medidas de seguridad.

Tensión Étnica. Esta nueva amenaza terrorista ocurre a días del segundo aniversario del «7-J», realizado por musulmanes británicos. Este hecho exacerbó las tensiones étnicas en Gran Bretaña.

Los dos ocupantes del ve-hículo que se estrelló contra el aeropuerto de Glasgow tenían rasgos físicos «indopaquistaníes», lo que hace pensar en un recrudecimiento de estas tensiones.

La colectividad musulmana en Gran Bretaña asciende -según el censo de 2001- a un millón y medio de personas, muchas de ellas nacidas en las propias islas y otro gran porcentaje originario de Pakistán. La postura del gobierno de alineamiento total con Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo no cayó nada bien en la diáspora y, según distintos analistas, tendió a radicalizarlos.

Insultos, angustia, miedo y furia cundían ayer en Gran Bretaña. Dirigentes políticos y religiosos llamaban a la calma, pero algunos musulmanes temían una reacción, en tanto algunos no musulmanes buscaban a quién echar culpas.

Los ataques recientes provocaron incidentes aislados de insultos racistas en las calles de Londres, por parte de jóvenes blancos a personas de apariencia del Sur de Asia o musulmana, tales como conductores de taxis. El legislador Mohammad Sarwar, de Glasgow, dijo que algunos musulmanes en Escocia habían recibido amenazas o insultos.

La ira de los musulmanes apuntaba a los terroristas, pero también a una sociedad que, en su opinión, investiga a los islámicos cada vez que se produce un ataque terrorista.

En un intento de no convertir a toda una comunidad en cabeza de turco, el presidente del gobierno escocés, Alex Almond, dijo que «ninguno de los dos hombres» que habían atacado la terminal de Glas- gow «habían vivido en Escocia». «Nuestros vínculos siguen siendo sólidos», añadió, esperando bajar decibeles a una tensión a punto de estallar.

Etnias: Se teme un recrudecimiento de las iras contra la población musulmana británica