Greenpeace entregará a Gargano ‘la llave’ para destrabar conflicto

Poco después de esta nueva intervención de la organización ecologista su director político, el argentino Juan Carlos Villalonga, informó en Montevideo que entregarán a los cancilleres Reinaldo Gargano y Jorge Taiana las llaves del cepo con que inmovilizaron el vehículo de carga en la vecina localidad argentina.

La medida de los ecologistas irritó a representantes del gobierno argentino, según confiaron a El País fuentes de la administración Vázquez que mantuvieron contactos con las autoridades del vecino país en las últimas horas.

Por el momento el rodado de carga permanece detenido, ya que además del cepo colocado por los activistas una jueza argentina resolvió imponer una medida cautelar al vehículo en tanto comenzaba a analizar el caso.

CEPOS HUMANOS. Sobre las 16 horas el camión Scania, con matrícula MTP 1220, proveniente de Chile se detuvo en el puesto aduanero ubicado en la cabecera del puente Colón–Paysandú. El vehículo, al igual que los otros cuatro que habían pasado similares controles, llevaba una carga de estructuras metálicas destinadas a la construcción de la planta de celulosa de Botnia.

Pero el camión no pudo continuar camino. Una decena de activistas, que vestían mamelucos de color naranja, se tendieron sobre el pavimento para obligar al conductor a detener la marcha. Los «cepos humanos» pertenecían a Greenpeace, un contingente de integrantes de la organización de distintas nacionalidades —los hay de Alemania, Brasil, Chile, Finlandia, Italia, México, Argentina y Uruguay—que venían «siguiendo la pista» al convoy de camiones que se dirigía a Fray Bentos.

«La idea es la misma, exactamente la misma, con la cual hicimos la protesta el día martes, es parte del reclamo de parar las obras. Si no se paran las obras no hay diálogo posible, eso es lo que tratamos de que Uruguay entienda. Si las empresas continúan a este ritmo la construcción es imposible sentar a los técnicos o a los diplomáticos a encontrar una solución», explicaba un par de horas después el director político de Greenpeace, Juan Carlos Villalonga, durante una rueda de prensa en Montevideo.

MOLESTIA. La decisión de los activistas de Greenpeace pareció colmar la paciencia del gobierno argentino, que entiende que «todo tiene un límite» y por lo tanto resolvió tomar cartas en el asunto, aunque en los hechos se vio impedido de habilitar la circulación del pesado rodado, debido a que una jueza se adelantó e impuso una medida cautelar de no innovar sobre el vehículo.

Según relataron a El País fuentes del gobierno del presidente Tabaré Vázquez, cuando se conoció el episodio, el embajador uruguayo en Buenos Aires, Francisco Bustillo —tal como se había acordado con el canciller Reinaldo Gargano— inició una serie de gestiones con autoridades de la administración de Néstor Kirchner.

Los contactos del gobierno uruguayo con el argentino alcanzaron al embajador en Montevideo, Hernán Patiño Mayer, al jefe de gabinete del canciller Jorge Taiana, Agustín Colombo, y al ministro del Interior, Aníbal Fernández.

De acuerdo con las fuentes consultadas, Fernández transmitió a voceros de la administración Vázquez que hay «un límite para todo» y comunicó que había «dado la orden» a la Gendarmería argentina, para que habilitara la libre circulación del camión.

Pero, el jerarca argentino explicó que se encontró con un imprevisto: una jueza había dispuesto una medida cautelar de no innovar, ya que entendió que de esa manera se evitarían posibles inconvenientes, ya que confiaba en que luego de un cierto tiempo, los activistas de Greenpeace dejaran sin efecto la medida, después de conseguir cobertura mediática.

Por eso, explicó Fernández, el gobierno argentino pedía «paciencia» a su par uruguayo, porque aguardaban que la magistrada levantara la medida de no innovar. Incluso, el ministro del Interior de Kirchner transmitió que hoy viernes el camión estaría circulando.

Desde el gobierno uruguayo se solicitó que fuera «cuanto antes», y que el camión pudiera circular «en la madrugada».

Fernández garantizó que no se iba a «permitir» ese tipo de acciones de Greenpeace, e insistió en que «todo tiene un límite».