Greenpeace ‘invadió’ el puerto de Botnia y continuará con protestas

Desde el aire un helicóptero seguía los movimientos de las embarcaciones ambientalistas. Dos horas más tarde volvían a quedar en libertad, dado que la empresa finlandesa no había presentado denuncia. Sin embargo, y tal como lo anunció ayer en rueda de prensa Greenpeace, la organización se propone mantener abierto su «frente de lucha» encadenando activistas en los pilotes de la terminal portuaria.

Greenpeace reclama la inmediata paralización de las obras que las empresas Botnia y Ence vienen llevando a cabo, para discutir la implementación de un «Plan de Producción Limpia». Hasta tanto no sea escuchado su reclamo el movimiento ambientalista dijo tener un plan de contingencia, con la logística y los relevos de activistas necesarios, como para llevar adelante medidas similares a las que pusieron ayer en práctica en la capital de Río Negro.

El director político de la organización, el argentino Juan Carlos Villalonga, dijo ayer en rueda de prensa que si bien los métodos que utiliza Greenpeace son pacíficos «toda protesta significa quebrar un límite».

Mientras en Montevideo los dirigentes de la organización hacían conocer su postura, otros cinco activistas —un chileno, un mexicano, un alemán, un brasileño y un uruguayo — se mantenían en la protesta. Finalmente, ya sobre las 17.30 y luego que la jueza fraybentina mantuviera arduas negociaciones con los activistas, estos terminaron por deponer la medida y se retiraron. No obstante, ya anunciaron que las medidas de protesta continuarán.

EL RECLAMO. Villalonga llegó a la sala de conferencias del Hotel Embajador acompañado del activista finlandés Mikael Sjövall y la dirigente fraybentina del Movitdes, Delia Villalba, una de las organizaciones que se oponen la instalación de las plantas en la ciudad.

«Nosotros estamos reclamando al gobierno uruguayo y al gobierno argentino también y en esto queremos ser muy claros: reclamamos a ambos gobiernos porque creemos que en esta polémica, en este conflicto, hay errores cometidos por ambos gobiernos y llegamos a esta situación de situación de controversia pública, de controversia diplomática, con errores que se vienen cometiendo por ambos gobiernos y por eso el reclamo es dirigido hacia ellos dos. Lo que estamos pidiendo es, por supuesto, el parate de las obras», explicó Villalonga.

La utilización de tecnología «limpia» en el procesamiento de la pulpa de celulosa, principalmente en la obtención del «blanqueo» del papel es uno de los puntos críticos que cuestiona Greenpeace. La organización sostiene que tanto Botnia como Ence deben utilizar TCF —siglas de Totalmente Libres de Cloro— en esta etapa del procesamiento. Sin embargo, no solamente cuestionan aspectos tecnológicos que, a juicio de Greenpeace, las empresas no estarían aplicando en Uruguay sino también en la fase primaria de producción, esto es en la plantación de eucaliptus, cultivo que sostienen resulta degradante para los suelos.

Los reclamos de los ambientalistas se dirigen, concretamente al gobierno uruguayo al que piden que eleve el nivel de exigencias para las empresas. «Es imposible que mientras los presidentes han acordado una comisión binacional para determinar estudios, llegar a ciertos acuerdos, un grupo de técnicos de alto nivel para que lleguen a un informe, etc., las empresas continúen las obras a un ritmo, la verdad, estremecedor —apuntó Villalonga—. Si ustedes observan lo que está pasando hoy en Botnia, se van a dar cuenta que la empresa piensa claramente que cada día que gana, cada ladrillo que pone, es un margen menos de negociación o un margen menos de libertad que le dejan al gobierno uruguayo».

MAS RADICALES. La dirigente del Movimiento por la Vida, el Trabajo y Desarrollo Sustentable (Movitdes), Delia Villalba, planteó un matiz más radical en la estrategia de lucha contra la instalación de las plantas de celulosa.

«El movimiento de Fray Bentos, Movitde, y las ONGs acá en el Uruguay vamos más allá en el sentido de que no aceptamos que nos prometan ningún tipo de blanqueo ni ningún tipo de tecnología no contaminante —enfatizó Villalba—. En primer lugar porque no creemos en estas empresas, en segundo lugar ya tenemos en cierto modo instalada toda la catástrofe que ha provocado todas esas plantaciones de eucaliptus y que ahora nos están prometiendo plantaciones de pinos. Por último, porque esas industrias contaminantes no estarían de acuerdo con el país productivo que nos han venido prometiendo y que todos los uruguayos hemos venido soñando y proyectando».

Por lo pronto, tanto Greenpeace como las organizaciones locales de Fray Bentos que se oponen a los emprendimientos tienen planes de lucha para mucho tiempo.