Hay gobiernos democráticos genuinos y duraderos por primera vez en la región. AMÉRICA LATINA.

JORGE REBELLA

En la mayoría de las naciones latinoamericanas, ni la realización de elecciones periódicas y generalmente limpias, ni un mayor respeto por los derechos humanos han sido factores suficientes para asegurar la aplicación universal del Estado de derecho o una buena gobernanza. Por lo tanto, los pilares del sistema democrático, tales como el Congreso, los partidos políticos y los tribunales, son menospreciados más que respetados, afirmó el analista británico Michael Reid, editor de la sección dedicada a Latinoamérica, Canadá y el Caribe de la revista The Economist. El entrevistado es autor de la obra «El continente olvidado: la batalla por el alma de América Latina», considerado uno de los mejores libros de 2008 por el Washington Post. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-¿Por qué América Latina es, a su juicio, el «continente olvidado»?

-Quienes miran al mundo desde Estados Unidos y Europa se asombran del crecimiento económico vertiginoso hasta hace poco tiempo de China e India, ven la pobreza de África como un llamado a la conciencia y algunos consideran que ciertas partes del mundo islámico representan una amenaza a su seguridad. En cambio, América Latina pasa desapercibida porque no constituye una de las prioridades de las potencias occidentales. No es suficientemente pobre para despertar lástima y recibir ayuda solidaria, ni plantea mayores desafíos a los estrategas militares. Tampoco su economía ha crecido tanto como para acelerar las pulsaciones en las salas de directorio de las grandes compañías.

-¿No existen temas de relevancia en Latinoamérica que despierten la atención en el Primer Mundo?

-Sí, los hay, pero son de menor importancia. Además de la preocupación que causan los inmigrantes ilegales y los cárteles de la droga latinoamericanos en Estados Unidos, la región alberga ambientes naturales de gran biodiversidad, tales como la Amazonia, los glaciares de los Andes y las Islas Galápagos que, según los ecologistas, requieren una mayor protección.

-¿Tampoco interesan los cambios políticos ocurridos en América Latina en estos últimos años?

-El manto de olvido que cayó sobre la región después de la Guerra Fría, lo levantó la prensa norteamericana y europea por un breve período luego que diferentes partidos de izquierda ganaron las elecciones presidenciales en una docena de países latinoamericanos. Lo que sí debería atenderse es que, en esta primera década del siglo XXI, América Latina, con la solitaria excepción de Cuba, constituye la tercera gran región del mundo, después de Europa y Norteamérica, donde funciona la democracia. Sin embargo, la poca atención prestada a América Latina por parte del mundo exterior es por lo general un hecho benigno. Después de todo, la falta de noticias es una buena noticia.

Democracia consolidada

-¿Se ha instalado definitivamente el sistema democrático en los países latinoamericanos?

-El principal argumento de mi libro es que, por primera vez en la historia de América Latina, han surgido gobiernos democráticos genuinos y duraderos. Ese proceso, tanto por su extensión como por su profundidad, es una novedad en la mayoría de los países de la región. En muchos de ellos, la democracia atraviesa etapas turbulentas y caóticas, existiendo posibilidades de que dicho proceso pueda ser revertido. Aunque la mayoría de estas naciones se encuentra a una distancia considerable de alcanzar el estatus de «democracia consolidada», no podemos perder de vista que los gobiernos latinoamericanos siempre tendrán características propias, así como los sistemas democráticos francés e italiano se diferencian de los de Estados Unidos y Gran Bretaña.

-¿Cuáles son los mayores obstáculos para que se consolide el proceso democrático en América Latina?

-La mayor dificultad consiste en que esta región tiene la distribución más desigual del ingreso a nivel mundial, lo cual ha generado históricamente disparidades e injusticias sociales. Hoy existe una pobreza bastante difundida en América Latina. Por eso, los esfuerzos de los latinoamericanos para que funcione el sistema democrático y usarlo para crear sociedades más justas y prósperas tiene una enorme significación. En ese sentido, la región se ha convertido en una de los laboratorios de ensayo más importantes del mundo para la viabilidad del capitalismo democrático como un proyecto global. Por tanto, la gran tarea que enfrentan los políticos demócratas latinoamericanos es crear mayor equidad sociopolítica y económica sin poner en peligro las condiciones para la inversión privada. Afortunadamente, hay razones para creer que la disyuntiva entre crecimiento y equidad es falsa.

-¿Qué otros elementos conspiran contra el proceso democrático en la región?

-Sin duda, se tiene que consolidar el Estado de derecho en América Latina. Sólo tres países relativamente pequeños -Costa Rica, Uruguay y, en menor medida, Chile- pueden afirmar que son democracias consolidadas, de acuerdo con los criterios más estrictos de ciencia política. En las demás naciones latinoamericanas, ni la realización de elecciones periódicas y generalmente limpias, ni un mayor respeto por los derechos humanos han sido factores suficientes para asegurar la aplicación universal del Estado de derecho o una buena gobernanza. En efecto, la Justicia funciona con demasiada frecuencia en forma muy lenta, es venal y actúa en forma arbitraria. Bajo esas circunstancias, la igualdad ante la ley está muy lejos de cumplirse ya que los poderosos generalmente hallan las maneras de protegerse a sí mismos. Por tanto, los pilares del sistema democrático, tales como el Congreso, los partidos políticos y los tribunales, son menospreciados más que respetados en muchos países de la región.

-¿Qué efectos tienen las listas de candidatos al Congreso confeccionadas por las cúpulas partidarias en el sistema electoral?

-La ventaja de la elección por distritos, tal como existe en Gran Bretaña y Estados Unidos, es que el representante electo sienta más responsabilidad por los votantes que lo eligieron directamente. En cambio, los diputados electos por una lista partidaria tienden a fortalecer a los partidos políticos. Para contrarrestar una eventual subordinación a la cúpula partidaria, se utilizan las listas partidarias «abiertas» en las elecciones brasileñas, en donde cada estado es un enorme distrito electoral, permitiéndose a los ciudadanos que voten por candidatos de diferentes partidos. Paradójicamente, eso refuerza la tendencia de los representantes a enfocarse en intereses especiales cuando llegan al Congreso.

-¿Cuáles son los fenómenos más destacados en la política regional de principios del siglo XXI?

-Primero, es notorio el declive de las políticas basadas en clases sociales, también llamadas «clasistas», que recibieron gran influencia del marxismo. En los años sesenta y setenta había muchos partidos latinoamericanos vinculados a sindicatos de trabajadores y también algunos vinculados a asociaciones de empresarios.

Segundo, es visible el surgimiento de políticas basadas en identidades étnicas en algunos países, como son los casos de Bolivia y, en cierta medida, Ecuador, Venezuela y Perú. La ventaja de este tipo de enfoque es que desnuda serios problemas raciales que tienen raíces históricas. Sin embargo, cuando la población está catalogada por razas se hace más difícil la negociación en la sociedad. Eso lleva generalmente a la polarización de los ciudadanos, como ocurre hoy entre los bolivianos. Por otra parte, cualquier persona tiene, además de su identidad étnica, otras dimensiones muy importantes como ser humano: trabajador, consumidor, jefe de familia, etc.

-¿Por qué la mayoría de los países sudamericanos han elegido gobiernos de izquierda últimamente?

-El motivo principal es que los partidos de derecha y centroderecha gobernaron en la década del noventa en América Latina y la alternancia de partidos de distinto signo político en el gobierno constituye un fenómeno normal en un sistema democrático. Además, los recientes triunfos electorales de los partidos de izquierda tiene mucho que ver con el estancamiento económico y/o graves crisis económicas que se produjeron entre 1998 y 2002. En esos casos, los electores generalmente castigan al partido en el poder, aun cuando no sea el culpable directo de los problemas ocurridos.

-¿Cómo se explica que la izquierda no ha podido imponerse en Colombia y Perú?

-Lo atribuyo a que son los únicos dos países en que movimientos guerrilleros sobrevivieron a la Guerra Fría, en gran parte, porque se financiaron con el narcotráfico. Hay una resistencia a los partidos de izquierda en ambos países porque, en la memoria de la gente, están identificados con la violencia. Pero, es posible que una izquierda populista gane la próxima elección en el Perú.

Neopopulismo

-¿A qué atribuye el auge del populismo en América Latina ?

-El fortalecimiento del llamado «neopopulismo» está vinculado a la combinación de la falta de igualdad socioeconómica y el mito de la importancia de los recursos naturales en América Latina. Me refiero al viejo dicho que reza: «lo que hace rico a un país son sus recursos naturales». Si fuera cierto, Suiza, Japón e Israel serían naciones pobrísimas. Los factores de enriquecimiento son en realidad la productividad y la institucionalidad que incentivan el trabajo y la capacitación de la gente. Ante la pobreza extendida en Latinoamérica, el discurso populista siempre trata de buscar un culpable, ya sea la «oligarquía», el «imperialismo», etc. Tanto en Argentina en la década del cuarenta como en Venezuela en los años noventa, se recurrió a ese discurso para captar adeptos de diversa extracción social cuando los partidos tradicionales disminuyeron su caudal electoral. Asimismo, la creciente expansión del sector informal de la economía favorece el discurso populista ya que resulta más difícil implementar una política institucionalizada cuando vastos sectores de la población trabajan por fuera de las normas legales.

-¿Puede esperarse que los partidos neopopulistas continúen extendiéndose en la región?

-Es factible, pero no cuentan con altas probabilidades. En los últimos años, el populismo se ha visto fortalecido en los países productores de hidrocarburos, como Venezuela y Ecuador, debido a la suba de los precios del crudo y el gas. Pero, luego de la baja de la cotización del barril de petróleo a partir del último semestre de 2008, es previsible que los gobiernos de corte populista no puedan disponer de fondos cuantiosos para concretar sus proyectos dentro y fuera de fronteras. En cambio, los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia y Perú, entre otros, que siguieron políticas económicas responsables en el período de bonanza, están en una posición más favorable para poder aplicar medidas eficaces para atenuar los efectos nocivos de una recesión global. Sin duda, esta situación va a funcionar como un freno para la difusión del populismo en América Latina pero, de todos modos, este no va a desaparecer.

Militares

-En la mayoría de los países latinoamericanos, se ha ido reduciendo el poder de las Fuerzas Armadas con el fin de la Guerra Fría. ¿Prevé que los militares puedan recuperar su influencia para incidir en cuestiones políticas en el mediano plazo?

-Por ahora, no hay motivos para que eso ocurra, salvo en Venezuela. Al fin de cuentas, Chávez ha designado a una cantidad de oficiales en cargos claves del gobierno. No me extrañaría que algún día uno de esos militares se rebele si la recesión económica generara caos y desorden social.

Un caso especial es el de México. Uno de los logros históricos del régimen del PRI fue haber sacado a las Fuerzas Armadas de la política. Pero ese partido nunca se ocupó de crear una Policía capaz de prevenir e investigar el delito. Como el cuerpo policial se ha visto superado desde todo punto de vista por el crimen organizado, el gobierno de Calderón ha tenido que recurrir, por falta de otros instrumentos, al ejército que cuenta con mayor capacidad estratégica. Esta situación ha incrementado el poder político de los militares mexicanos de una forma que no califico como peligrosa, pero sí preocupante.

-¿No conservan aún mucho poder las Fuerzas Armadas de Colombia y Perú?

-En Perú, las fuerzas armadas tradicionalmente han tenido una influencia política excesiva. Los dirigentes políticos perdieron una oportunidad histórica de reformarlas y sujetarlas al poder civil después que los militares habían caído en el desprestigio por sus vínculos con la corrupción de Montesinos y Fujimori. El caso de Colombia es distinto porque la política de seguridad democrática impuesta por la administración Uribe y la ayuda militar de Estados Unidos han contribuido a profesionalizar a las fuerzas armadas colombianas y sujetarlas a un control civil cada vez más estricto.