Hoy todavía importa

Pero que la recesión se haya detenido no significa que la economía esté a punto de revertir en forma vigorosa su tendencia anterior y pase a registrar un fuerte crecimiento. Es más, apelando a razones objetivas, podemos decir que el país, lejos de buscar la recuperación de sus niveles de actividad de fines de los noventa, se encuentra en depresión. Y esa depresión de la que costará desprenderse, es la que se critica desde muchos sectores económicos, financieros y políticos pero sin contribuir en general, con aportes fundamentales para propiciar su abandono.

Hoy la economía uruguaya habría alcanzado un cierto equilibrio macroeconómico caracterizado por un estancamiento productivo en un contexto depresivo, baja inflación y equilibrio de corto plazo en su sector externo. Pero ese equilibrio temporal se ha alcanzado con un altísimo nivel de desempleo. Es, además, una situación que se sostiene por un limitado crédito al sector público – tanto en monto como en tiempo- para que cumpla con sus obligaciones de corto plazo. De acuerdo con estimaciones oficiales conocidas y las del propio FMI, lejos está Uruguay de recuperar los niveles de gasto interno y externo del año 1998; tardará muchísimos años, tal vez no menos de una década, en recuperarlos. Ante este panorama, la reacción política no ha tardado pero señala soluciones distantes de las adecuadas y se podría decir, emulando a Onetti, que es probable que las propuestas adecuadas se den «cuando ya no importe».

En condiciones normales, cualquier economía que encuentre su equilibrio macroeconómico para un nivel de empleo menor al de la plena ocupación soportará una combinación de políticas macroeconómicas que intentarán acercarla al pleno empleo. Dicho de otro modo, las tres políticas básicas de manejo de la coyuntura económica indeseada -la monetaria, la fiscal y la cambiaria- se utilizarán para mejorar el nivel de actividad sin generar presiones inflacionarias o deflacionarias y brindando estabilidad cambiaria o de balanza de pagos. En nuestro país se percibe el esfuerzo de la conducción económica, no siempre bien encaminado, de estabilizar los precios y el sector externo pero tales esfuerzos que pueden ser favorables para el crecimiento bajo determinadas condiciones; se dan en un contexto en el que los verdaderos factores de crecimiento están ausentes.

LOS FACTORES. El lunes pasado, Economía & Mercado reprodujo una entrevista a Arnold Harberger, de la Universidad de California en Los Angeles, publicada en el boletín del FMI de fecha 21 de julio. Entre otras cosas, en la entrevista se analiza la relación entre el crecimiento y las políticas económicas a propósito de la exposición que el ex profesor y varias veces jefe del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago hiciera en 1998 ante la American Economic Association. Harberger, que visitara en numerosas ocasiones nuestro país, recuerda la clasificación moderna de las fuentes de crecimiento de una nación. Indica sumariamente que ellas son «el aumento de la mano de obra y la mejora de su calidad, la tasa de inversión en capital nuevo y la productividad del capital y la reducción del costo real». También señala que «en la práctica no hay muchas políticas que con seguridad afecten al crecimiento de manera profunda y positiva» pero agrega que «lo que las políticas pueden hacer es dar rienda suelta a las fuerzas naturales del crecimiento y permitirles actuar a fondo … lo que significa mantener a las políticas macroeconómicas en orden: moderación fiscal y monetaria». Es muy ilustrativo Harberger al indicar que, cuando se refiere a buenas políticas ellas «son como una persona que se cuida, come sano y hace ejercicio seguido … cuando venga el invierno no se engripará o se curará antes … las buenas políticas ayudan a prevenir las catástrofes o a superarlas a un costo global menor … aunque no podemos prometer que una política determinada traerá un determinado porcentaje de crecimiento».

NUESTRO PAIS. Se presenta muy claro que en nuestro país no se «potencian las fuentes naturales de expansión» en el sentido planteado por Arnold Harberger. La tasa de aumento poblacional es baja y explicada por los numerosos factores que la determinan según el Premio Nobel Gary Becker, lo que redunda en un bajo crecimiento de la fuerza de trabajo. Es difícil lograr recomponer una tasa mayor en el corto plazo, pero es factible lograrlo en el mediano y largo plazo a través de modificaciones en el marco en el que se desarrollan los demás factores naturales de expansión. La educación no está orientada a mejorar, en el sentido adecuado, la calidad de esa mano de obra, es ineficiente en términos de las necesidades que tiene el país debido en buena medida, a la gratuidad generalizada de la enseñanza secundaria y, sobre todo, terciaria. La tasa de inversión es baja y la productividad del capital también lo es al tiempo que los costos reales son extremadamente altos por la significativa intervención estatal en la economía, vía impuestos y precios de servicios del sector público. Se puede afirmar que la estructura de precios relativos y de salarios que surge de la conjunción de todos estos factores está tremendamente distorsionada y conspira contra la mejor asignación de los recursos productivos.

Considerando diferentes períodos, más o menos extensos, se percibe que la tasa de crecimiento subyacente o potencial de la economía uruguaya es sumamente baja. Circunstancias externas y fundamentalmente regionales pueden dar la impresión, en algunos momentos, que es posible que nuestro país crezca a tasas altas o medianamente satisfactorias. Sin embargo, cuando se toman en consideración períodos más extensos el resultado es decepcionante. Sucesivos ajustes de política fiscal, de política monetaria y de política cambiaria se han mostrado ineficaces para permitir sortear esos resultados. Es evidente que insistir con ellos es inútil, el problema radica en la capacidad de manifestarse de las fuentes naturales para nuestra expansión. Para aspirar a una mayor tasa de crecimiento potencial en el mediano plazo no es posible, entonces, operar únicamente con políticas macroeconómicas. Estas deben dar un marco de estabilidad necesario para el crecimiento pero, por otro lado, es impostergable apelar a cambios radicales del contexto en el que se desarrollan las fuentes naturales de expansión.

QUE CAMBIAR. En gran medida, las mayores distorsiones que sufre la economía son provocadas desde el sector público, en particular, desde el ámbito estatal. Su accionar provoca fuertes distorsiones en los precios relativos por medio de una estructura impositiva que es inadecuada en su forma y en su finalidad, acicateada por la necesidad de corto plazo de financiar un gasto estatal desproporcionado para los resultados que brinda. Es por ello que se debe tomar conciencia de la impostergable necesidad de atacar el problema y reformar al Estado para que brinde funciones útiles para la sociedad, y no subsidiar a corporativismos conocidos, que abandone las que no debe cumplir pues lo hace mal o afectando adversamente a la actividad privada, a las decisiones de los consumidores y de los inversores y a la productividad del capital, por medio de impuestos, precios que no reflejan el valor de los servicios o simplemente mediante prohibiciones o regulaciones inconvenientes.

También es necesario revisar a fondo la política comercial para, en el mismo sentido, evitar distorsiones de precios que afectan a los consumidores y a la inversión sana y capaz de extenderse para favorecer al crecimiento económico. Como menciona el propio Harberger en la entrevista y lo demuestra en su accionar académico ya de medio siglo acompañado de múltiples experiencias mundiales y sobre todo en países latinoamericanos, «en cuanto a la microeconomía, lo importante es que los agentes económicos, empresas y hogares, perciban con la mayor nitidez posible el verdadero costo real de lo que consumen y de lo que producen y el verdadero precio de venderlo en el mercado …. lo que se logra en general si la estructura de precios, incluyendo a los salarios y otros precios de factores de producción, no está distorsionada». Los gobiernos, agrega Harberger, deben aprender que «a nivel microeconómico deben eliminar los precios mentirosos».

Se presenta claro que la tendencia de la economía uruguaya en el largo plazo es insatisfactoria y se ha visto y sentido por toda la población que la política macroeconómica es ineficaz para lograr aumentar la tasa potencial de crecimiento de la economía nacional. Si hay decisiones de cambio mejoraremos. Si no hay voluntad, capacidad o valentía para tomarlas, seguiremos, como nos muestra la experiencia ya de larga data, recurriendo a esfuerzos aislados de la política macroeconómica que serán inútiles.