Incertidumbre y dólar amenazan expansión del consumo privado.

Durante el primer trimestre del año, el gasto de los hogares uruguayos en bienes y servicios de consumo aumentó 6,3% medido en volumen físico, respecto a igual período de 2011. De esa manera, los datos recogidos por el informe de Cuentas Nacionales divulgado la semana pasada por el Banco Central dio cuenta que el gasto final del sector privado avanzó más que la economía, que se expandió a una tasa de 4,2%.

De hecho, si el consumo de los uruguayos se hubiera mantenido en los mismos niveles de 2011, la economía uruguaya no solo no habría crecido a esa tasa -en términos interanuales- en el primer trimestre del año, sino que se habría contraído 0,4%, según los datos procesados por El Observador.

El consumo de los hogares, junto con la inversión realizada por el sector privado, representa el principal componente del Producto Bruto Interno (PBI) uruguayo. Solo el consumo privado fue el destino de 68% de la riqueza generada por el país en 2011. Si además se considera la inversión realizada por fuera del Estado, la participación del mercado doméstico asciende en 14 puntos porcentuales.

«El componente de la demanda más pesado es el consumo privado, tanto las exportaciones como la inversión pesan poco en el PBI», explicó a El Observador Alfonso Capurro, gerente del departamento de Economía de la consultora CPA Ferrere. Más aun, «para que haya un accidente en el crecimiento y se revierta el ciclo, debe haber una afectación importante del consumo privado, de lo contrario solo veremos una desaceleración», advirtió.

Ese no es el escenario actual. Si bien el consumo privado se desacelera de forma importante, con un crecimiento que casi es la mitad que en el primer trimestre de 2011 -cuando alcanzó una tasa de 10,6%-, todavía se mantiene pujante.

Capurro advirtió, sin embargo, que de mantenerse los actuales niveles de devaluación de la moneda local -el dólar aumentó 10,4% en lo que va del segundo trimestre del año-, «la compra de bienes durables va a sufrir una desaceleración importante».

En los hechos, el motor del consumo se encuentra fuertemente expuesto a la suba del dólar. Según el informe de Cuentas Nacionales elaborado por los técnicos del BCU, el componente dinamizador del gasto privado durante el primer trimestre fue «el crecimiento de los productos de origen importado, en particular bienes de consumo semiduradero y duradero».

Electrodomésticos, automóviles, celulares, computadoras, esos son rubros que movilizan el comercio -sector que creció 5% a pesar de la mala temporada turística a inicios de 2012-. Pero la pérdida de competitividad de la economía uruguaya en los últimos meses también lleva su parte.

«Hay una competencia entre bienes importables y de producción local», señaló el economista Ramón Pampín, gerente de consultoría económica de PwC. Hay productos que los uruguayos hoy consumen de origen extranjero y que antes eran producidos en la economía local.

Lógicamente, las ventas de bienes importados tienen una menor contribución al PBI. Por un lado se suman a la hora de computar el consumo pero luego se restan por el lado de las importaciones. Lo único que queda al final del día es la ganancia del comerciante y sus intermediarios locales.

Mientras que las exportaciones crecieron 1,9% en el primer trimestre, las importaciones aumentaron 9,5%. De esa manera, las compras al exterior restaron 3,5 puntos porcentuales de crecimiento durante ese período, según los cálculos realizados por El Observador con base en el informe de Cuentas Nacionales.

El informe del BCU indica que ese aumento se debió en buena medida a «las compras de bienes intermedios y de consumo, mientras que se redujeron las de bienes de capital».

También pesan las expectativas y su evolución. La gerenta de consultoría económica de Deloitte, Florencia Carriquiry, sostuvo que «el contexto internacional y regional notoriamente no muy favorable puede llevar a que se posterguen algunas decisiones de gasto». La dificultad proveniente del exterior, con una crisis inminente en el viejo continente, una economía estadounidense que crece muy lento y la fuerte desaceleración de la región, llevan a que los consumidores se muestren menos dispuestos a gastar.