¡Inflación temblad! Ahhh

El dato de inflación de agosto tomó por sorpresa a todo el mundo. El Índice de Precios del Consumo (IPC) que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) se incrementó en 1,73% en el octavo mes del año, superando así largamente las expectativas más pesimistas de los entendidos, relevadas a través de la consulta mensual que realiza el Banco Central del Uruguay (BCU) y llevando el aumento de precios acumulado en el año a 8,22% y la tasa anualizada de inflación a cifras superiores al 9%, 2,5 puntos porcentuales por encima del límite superior del rango objetivo establecido por las autoridades.

El crecimiento sorprendente de los precios llevó a que el BCU efectuara una reunión urgente del Comité de Política Monetaria (Copom) que tomó medidas más que significativas. Resolvió pasar a utilizar la tasa de interés interbancaria por préstamos a un día (call), como variable de manejo de la política monetaria, al tiempo que fijó su valor en 5%, cincuenta puntos básicos por encima del actual 4,5%. El anclaje de las expectativas de los agentes parece estar detrás de esta decisión.

Según la última encuesta de expectativas de inflación que divulgó a mediados del mes pasado el BCU, el promedio de las respuestas de los especialistas consultados había arrojado una proyección para la variación del IPC, en agosto, de 0,57% mientras que la respuesta que arrojó el máximo valor se ubicó en 0,9%. Esto significa que el dato de crecimiento de precios al consumo casi duplicó las perspectivas más pesimistas de los entendidos. Incluso, cuando se conoció el crecimiento del IPC el mes anterior, que se había ubicado en 0,83%, varios analistas habían coincidido en que seguramente en el octavo mes de 2007 los precios aumentaran pero a una tasa inferior.

Sin embargo, la evolución de los precios de algunos bienes, especialmente alimentos, empujó un alza inesperada del IPC. El rubro en su conjunto registró un crecimiento del orden de 3,44% y explicó por sí solo algo más de un punto porcentual del total del aumento del indicador. Dentro de ese contexto general, se destaca el encarecimiento de los derivados de las harinas, la carne, los lácteos, los aceites y las verduras y legumbres.

Además, se registraron subas significativas en vivienda, al empuje de combustibles para calefacción y alquileres, cuidados médicos y conservación de la salud y transporte y comunicaciones, por el incremento en los precios de los combustibles.

Ante esta situación, el BCU convocó de urgencia a una sesión del Copom en la que se tomaron decisiones trascendentes respecto al manejo de la política monetaria de aquí en más, en la búsqueda de hacer más eficientes los efectos de la misma sobre la evolución de los precios.

¡Qué cara está la cebolla! La valoración del BCU, en línea con lo expresado en otras oportunidades por el equipo económico y por la gran mayoría de los analistas, es que los factores que explican la sorprendente evolución de los precios en Uruguay son esencialmente de carácter transitorio. Durante la conferencia de prensa convocada por el directorio del Central, el presidente del organismo, Walter Cancela, señaló que son básicamente cuatro los componentes del IPC que justifican el alza mayor a la esperada del indicador: combustibles, carne, bienes que tienen como insumo la harina de trigo y las verduras. Estos bienes, que representan menos del 20% de la canasta del índice, explican, según dijo Cancela, 4,74 puntos porcentuales de los 8,23 que se incrementó el IPC en lo que va del año. En los tres primeros casos, dijo, el alza se debe a la evolución de los precios internacionales, mientras que en el último caso a la contracción de la oferta de verduras y legumbres producto de situaciones climáticas extremas (sequía, seguida de inundaciones, continuada por heladas).

¡Qué querés que haga! El presidente del BCU manifestó que estos factores están fuera del alcance de lo que puede hacer la política monetaria. De la única manera que se podría influir en estos aspectos, señaló, es induciendo una caída en el tipo de cambio que redujera los efectos sobre los precios internos de la significativa “inflación importada” que genera el alza de los valores internacionales de los productos básicos. Sin embargo, dijo, “utilizar un instrumento tan general como el tipo de cambio para actuar sobre tres o cuatro precios podría generar desequilibrios mucho más importantes que una desviación temporal de la meta inflacionaria”. Lo que sí puede hacer el Banco Central, expresó, es actuar “de forma prudente” sobre la demanda de bienes, operando sobre las condiciones monetarias para “aguantar el gasto”. En buen romance, esto significa reducir el ritmo al que crece la disponibilidad de circulante en la economía o, en la jerga, acrecentar el perfil “contractivo” de la política monetaria.

Desde una perspectiva monetaria, si el crecimiento continuado de los precios significa que cada vez hay que dar más dinero a cambio de los bienes, la inflación puede entenderse, mirando la otra cara de la medalla, como una pérdida de valor del dinero. Una forma de evitar esta desvalorización es, como ocurriría en el caso de cualquier otro bien, hacerlo escaso. Esto no significa necesariamente reducir la cantidad de circulante sino lograr disminuir el ritmo de su crecimiento.

Anuncio relevante Hasta hoy, el manejo de la política monetaria se realizaba a través del establecimiento de una meta indicativa respecto al crecimiento anual de agregados monetarios -en el caso uruguayo se utilizaba como referencia los medios de pago, es decir, la suma del circulante en poder del público y los depósitos a la vista en moneda nacional-. Según indica el comunicado de prensa del Copom, este sistema “cumplió su misión de modo altamente eficiente”, permitiendo bajar la inflación a guarismos de un dígito por cuarto año consecutivo.

Se agrega, sin embargo, que “como lo demuestra la experiencia internacional, el instrumento de agregados resulta inadecuado para estabilizar la inflación cuando ésta se encuentra en niveles bajos”.

Fue por este motivo que el Copom resolvió pasar a manejar la política monetaria a través de la determinación de la tasa de interés, específicamente de la tasa interbancaria para la captación de fondos a un día (tasa call), cuyo valor será fijado el tercer día hábil de cada mes. En esta primera oportunidad, se estableció el valor vigente en setiembre en 5%. Asimismo, se crea un “corredor flexible” para ese guarismo, estableciendo la tasa que el BCU paga a los bancos por depósitos a un día en 4% y la que cobra por captación de fondos por el mismo plazo (facilitación de crédito) en 6%. La evolución de las tres tasas será publicada diariamente por el Central.

En síntesis, el planteo de las autoridades del BCU es que el manejo de la política a través del instrumento de la tasa de interés es más eficiente que la utilización de la herramienta de agregados monetarios para controlar la inflación, en un contexto en que ésta se encuentra en niveles relativamente bajos.

La dulce espera Las expectativas de los agentes respecto a la evolución futura de la inflación son un factor clave en la formación de los precios.

Si como señalara Cancela -y es generalizadamente compartidolos factores que explican los niveles actuales de inflación son de carácter transitorio, se podría pensar que basta con sentarse a esperar que el ritmo de crecimiento de los precios internacionales de los productos básicos y de las verduras se comience a comportar de forma más “normal”.

Sólo la necesidad de un mejor anclaje de las expectativas parece entonces justificar la decisión tomada por el Copom.

la diaria consultó a Cancela sobre este punto, quien señaló que efectivamente, se busca con las medidas contractivas “impactar sobre las expectativas de quienes fijan precios”. Asimismo, agregó que no considera que las medidas tengan efectos negativos sobre el nivel de actividad de la economía.

Finalmente, si bien no aventuró una cifra y consideró que seguramente este año no se cumplirá con la meta inflacionaria, aseguró que con estos cambios el Central espera que la evolución de los precios en los próximos meses se ubique en tasas anuales “claramente por debajo de este 9% impresentable”.