Informe sobre Irak desata una tempestad política en EE.UU.

La nueva estrategia de la administración Bush en Irak, según el estudio, refleja rotundos fracasos en el terreno político y, a la vez, ciertos adelantos en la seguridad y una disminución de la violencia en Bagdad, sin que ocurra lo mismo en el resto del país, donde los atentados y las muertes son realidades que ocurren a diario.

En forma categórica se afirma que no se ha logrado un acercamiento entre los grupos chiitas, sunitas y kurdos, y tampoco se ha alcanzado la aprobación por el Parlamento iraquí de la utilización y distribución justa de las ganancias petroleras, cuestión que se considera fundamental para atenuar la lucha étnica.

Otro punto considerado clave en el agravamiento del conflicto, denunciado en el documento, surge de la acusación a Siria por suministrar células de apoyo terroristas y «ceder» entre 50 a 80 hombres suicidas al mes, y a su vez a Irán de financiar a los grupos extremistas.

Simultáneamente ayer la CIA, por medio de su director Michael Hayden, pintó un cuadro dramático sobre Irak que «rechina con los puntos satisfactorios dados a conocer por la Casa Blanca». Las declaraciones del jerarca dejan en evidencia que la «inhabilidad del gobierno del primer ministro, Nuri al-Maliki, para gobernar parece irreversible; un gobierno que no puede gobernar, no puede sostenerse y tampoco defenderse, no es realizable», dijo.

El informe oficial despertó la reacción inmediata del Congreso americano. Por unanimidad los demócratas pusieron sobre la mesa un proyecto de ley que obligaría a Bush a empezar a retirar las tropas en 120 días y poner fin a los combates antes del 30 de abril del 2008. Se señala que hay cinco senadores republicanos, de 10 que en las últimas horas han anunciado su alejamiento de las filas gubernamentales, dispuestos a dar su apoyo a la iniciativa para un cese paulatino de la guerra.

Voz presidencial. El presidente George W. Bush, poco antes de mediodía, convocó a los periodistas para dar a conocer el informe, reiterar que «no cambiará de estrategia», señalar que ve signos positivos en la situación de Cercano Oriente, volver a expresar su confianza en el primer ministro Al-Maliki, poner énfasis en que todo lleva tiempo y reclamar paciencia a los estadounidenses. Terminó veladamente el mandatario con una amenaza al Congreso para que detenga sus ímpetus a favor del retiro de tropas, ya que se vería nuevamente obligado a interponer el veto.

Bush además argumento que hay que, por lo menos, hacer un compás de espera hasta el 15 de septiembre, fecha que volverá de Irak el Comandante en Jefe de las Fuerzas de EE.UU. David Petraeus, el cual se comprometió a presentar un informe completo de toda la situación en Oriente.

En el Congreso y en la tarde legisladores republicanos y demócratas estimaban que los más de 3.600 soldados estadounidenses muertos, 30 mil iraquíes soldados y civiles también caídos y los millones que han emigrado, especialmente a los países vecinos, obligan a una total revisión de los planes de la Casa Blanca.

En la actualidad las guerras de Irak y Afganistán han obligado a 610 mil millones de dólares de gastos, se estima que se sitúan en algo más de 12 mil millones mensuales desde el inicio del conflicto.

El clima de «guerra» que despertó el informe en el Congreso surgía al caer la tarde de las declaraciones que por todos los medios efectuaban senadores y diputados de ambos partidos. El líder de la mayoría de la Cámara Alta, Harry Reid, demócrata de Nevada, fue terminante cuando definió la propuesta de seguir en el frente de batalla del presidente Bush como «una idea con menos dientes que un tigre desdentado».

Y la presidente de Diputados y portavoz demócrata, Nancy Pelosi, emitió una declaración criticando que «desde que el presidente anunció su oleada con mayor numero de tropas en Irak hace seis meses, hemos perdido casi 600 militares estadounidenses y hemos gastado más de 60 mil millones de dólares. Pero el presidente obstinado rechaza un plan de cambio de frente, prefiriendo esperar, por lo cual ante una política fallida, tenemos un deber, votar hoy para terminar la guerra».

En filas republicanas no ocultaron su malestar con la Casa Blanca. El senador oficialista Peter Domenici fue categórico después de una reunión con los jerarcas de Seguridad Nacional: «el presidente Bush debe cambiar de parecer, en caso contrario respaldaremos una resolución de los demócratas que estipula que el fin de los combates en Irak para el 2008».

Varios senadores republicanos han buscado nerviosamente marcar sus diferencias con la política del gobierno.

Sin duda, pese a la tradicional calma que aparejan los meses de calor, la situación política arde en EE.UU., mientras la opinión pública suma su disconformidad y manifiesta una categórica oposición a la guerra de Irak. Una encuesta del diario «USA Today» desnuda que sólo un 22% de los estadounidenses cree que los refuerzos enviados este año han logrado mejorar la situación, mientras siete de cada diez ciudadanos están a favor de salir de Irak antes del próximo mes de abril.