Inicio de conversaciones de paz bajo fuerte escepticismo

Bush mantuvo conversaciones por separado con el primer ministro israelí, Ehud Olmert, y con el presidente palestino, Mahmud Abbas, antes del lanzamiento formal de las negociaciones, en el jardín de las rosas de la Casa Blanca, para marcar el apoyo del gobierno estadounidense. El simbólico evento recuerda al apretón de manos en 1993 entre el presidente de EE.UU. Bill Clinton y los líderes Yitzhak Rabin (Israel) y Yasser Arafat (palestinos). Y también su fracaso posterior.

El gobierno de Bush reconoció las fuertes dudas a nivel internacional de que este intento -lanzado el martes en la cumbre que organizó en Annapolis, Maryland- tenga un resultado distinto al del de Clinton.

Desde la Casa Blanca, si bien se calificó como «exitoso» al encuentro, en que ambas partes se comprometieron a alcanzar un acuerdo de paz antes que termine 2008, reconocieron «entender» el escepticismo mundial debido a los sucesivos fracasos de intentos anteriores.

La presencia en la sala de estados árabes, que anteriormente habían estado ausentes en los procesos de paz del pasado, alimenta esa esperanza, según la perspectiva de Washington. Arabia Saudita y Siria -que no reconocen a Israel- estuvieron entre los 50 países o movimientos que enviaron delegados a Annapolis.

En este sentido, el jefe de la Liga Árabe, Amr Mussa, dijo que las naciones árabes le darán una oportunidad a la nueva iniciativa de paz. «Hemos tenido recelos pero estamos esperando ver lo que sucederá en los próximos dos meses», dijo Mussa en Washington.

Para Bush también es una chance de dejar un legado perdurable. Él estará presente en la primera reunión entre las partes, fijada para el 12 de diciembre. Por el contrario, la Unión Europea ve disminuida su participación en el proceso.

Dudas. El intento es visto con escepticismo en la región concernida. La proclamación de un Estado Palestino que coexista pacíficamente con Israel es el mayor objetivo, pero para ello debrán sortearse varios obs- táculos -delimitación de fronteras, el estatus de Jerusalén, la situación de los refugiados palestinos- que en el pasado han sido escollos insalvables.

«Haciendo la paz para las cámaras», tituló el diario israelí Maariv. Khalida Jarar, uno de los líderes del Frente para la Liberación de Palestina, dijo que el acuerdo del martes «fue otro festival de discursos».

El optimismo de EE.UU. tampoco es compartido por sus aliados occidentales. El canciller francés, Bernard Kouchner, saludó los signos de progreso pero añadió: «la gente está muy escéptica porque ha habido tantos intentos» de lograr la paz que han fracasado. Aprender de ellos fue la apelación del canciller europeo, Javier Solana.

Incluso la presencia de Arabia Saudita dejó sentimientos encontrados. Su canciller, el príncipe Saud al-Faisal, dejó claro que no atenderán el llamado de Israel de normalizar las relaciones hasta que se retire de los que consideran territorios palestinos.

La conferencia no produjo un documento final o un apoyo oficial árabe al nuevo proceso de paz. «Nada genera optimismo», dijo un diplomático que pidió el anonimato. «En general, los árabes están decepcionados. No hay un compromiso claro para respetar la fecha límite, solo hacer esfuerzos». Más simbología que sustancia, en pocas palabras