Investigación Gloodtdofsky se traslada desde hoy a Haití

La reunión fue precedida por un encuentro del general con el comandante del Ejército, Jorge Rosales, el lunes por la tarde. A partir de entonces, todo lo relacionado al incidente se transformó en silencio.
De la entrevista con la titular de Defensa, sólo trascendió que se extendió durante largo rato y que en la misma Gloodtdofsky recibió un formulario, que podría ser el inicio de la vía administrativa para resolver su situación. El fin de ese camino prevé como máxima sanción el arresto a rigor. En forma paralela, el Ejército puede efectuar su propia investigación a través de un Tribunal de Honor, que, en el peor de los casos, definiría el pase a disponibilidad o a reforma del militar.
Lo cierto es que la incertidumbre actual sólo presagia medidas severas y evidencia el malestar reinante respecto al comportamiento del general, al punto de que tampoco representantes de organizaciones de Derechos Humanos ni el jefe de las investigaciones, el antropólogo José López Mazz, acceden a expresar su opinión al respecto.
Hoy el instructor designado por la Armada para cotejar los informes, Gerardo Cabot, partirá hacia Haití, donde interrogará a los oficiales que presenciaron el incidente. Lo mismo hará en los próximos días un representante del Ejército.
El relacionamiento entre el gobierno frenteamplista y los militares ha tenido altas y bajas; la mayoría de las veces los problemas surgieron por faltas de subordinación o por comentarios vinculados con los derechos humanos.
Un ejemplo de ello fue cuando el año pasado el gobierno sorprendió cuando, en pocas horas, resolvió relevar del cargo al comandante del Ejército, Carlos Díaz, quien había sido designado por el presidente Tabaré Vázquez.
En ese caso, el motivo de la fulminante decisión fue una reunión que el militar había mantenido con el ex presidente Julio María Sanguinetti y el ex ministro de Defensa Yamandú Fau «para intercambiar opiniones sobre temas de actualidad en conversaciones informales», según el mismo declaró.
El comportamiento del comandante fue severamente sancionado debido a que no había informado previamente a la ministra Berrutti que realizaría tal actividad.
El punto de contacto con el general Gloodtdofsky es el hecho de que la titular de Defensa en esa ocasión, al igual que en ésta, se enteró de lo sucedido a través de la prensa.
Más recientemente, en mayo, el sucesor de Díaz, comandante Jorge Rosales, fue observado por la ministra Berrutti a raíz del discurso que pronunció por el Día del Ejército.
El jefe del Ejército había sostenido que el arma de tierra «no acepta ni quiere ser rehén de las extemporáneas y parcializadas interpretaciones históricas que sobre su accionar pretenden algunos reivindicar, olvidando que las mismas respondieron a la acción de aquellos sectores de la sociedad que intentaron derrocar a gobiernos democráticos a través de las armas». Estas palabras, que representan un antes y un después en la relación entre Rosales y Berrutti, rozan el concepto contenido en las acusaciones vertidas por Gloodtdofsky acerca de que el Ejército había quedado en soledad ante las investigaciones impulsadas para esclarecer el destino de los detenidos desaparecidos.