Israel y EE.UU. coinciden en que alto al fuego va a demorar

El primer ministro israelí, Ehud Olmert, insistió con que un alto a las hostilidades no es posible hasta que se despliegue una fuerza internacional de paz en la frontera de Israel con Líbano, porque sino se reforzaría la posición de Hezbollah en la zona.

Olmert afirmó que no habrá un alto al fuego en Líbano «en los próximos días» y que «la lucha continúa».

Confirmando ese pronóstico, a la noche, su gabinete de seguridad decidió extender las operaciones militares por tierra en el sur de Líbano.

El plan prevé que el Ejército israelí lleve a cabo nuevas operaciones en las aldeas y localidades del sur sobre las que se tenga constancia de que sirven de base a las milicias de Hezbollah.

Esa nueva fase del conflicto se inicia un día después de que un ataque israelí contra Caná, un pueblo libanés, matara a 57 personas, entre ellas 32 niños.

La acción se saldó con un compromiso israelí de detener sus ataques aéreos por 48 horas.

La suspensión temporal de los bombardeos contemplaba varias excepciones: la aviación podrá atacar los comandos de Hezbollah, así como los vehículos que transporten armas desde Siria. Igualmente, apoyará a la infantería en el sur de Líbano.

En virtud de ello la aviación israelí lanzó ayer ataques contra posiciones del Hezbollah en el sector de Taybeh, en el sur, en «apoyo a las fuerzas terrestres», anunció un portavoz militar añadiendo que los aparatos «disparaban únicamente sobre zonas deshabitadas».

En tierra, varias unidades israelíes y milicianos de Hezbollah combatían a fuego por el control de una colina aledaña a la frontera. Además, un soldado libanés perdió la vida y otros tres resultaron heridos en un bombardeo naval israelí al norte del sureño puerto de Tiro.

Asimismo, la aviación israelí lanzó un doble ataque contra un puesto fronterizo entre Líbano y Siria, hiriendo a cinco personas, incluidas cuatro funcionarios de las aduanas libanesas y un civil, informaron fuentes de seguridad.

Esa situación en el frente, y las declaraciones de los funcionarios israelíes, contrastan con el moderado optimismo de la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, quien ayer por la mañana, al partir de Jerusalén, se declaró convencida de que esta semana es posible lograr «un alto el fuego urgente» y una «solución duradera» al conflicto.

Si se cumplen los pronósticos de Rice y se produce un alto el fuego, la ofensiva israelí concluirá en breve. Pero el sábado Olmert le habría anunciado a la secretaria de Estado que necesitaba todavía «entre 10 y 14 días» para lograr sus objetivos. Y la decisión de su gabinete va también en sentido contrario.

Las metas de la ofensiva israelí comprenden el desarme de Hezbollah y su alejamiento de la frontera para poner fin a la lluvia de 2.000 cohetes que se abaten sobre Israel desde el 12 de julio y que mataron a 18 civiles.

Por su parte, el presidente estadounidense, George W. Bush, insistió en que cualquier cese del fuego tendría que darse sobre bases sostenibles, en sintonía con la posición israelí.

El presidente estadounidense volvió a insistir en lo que él considera la raíz del problema: «Irán debe terminar con el apoyo financiero y la entrega de armas a Hezbollah. Siria debe detener su apoyo al terror y el respeto a la soberanía de Líbano».

La semana pasada Bush se refirió a aprovechar la oportunidad que brinda este conflicto en Líbano, para tratar de resolver, de una vez y para siempre, los focos de inestabilidad en la región. Y viniendo de Washington eso quiere decir: Teherán y Damasco.

Ayer, el jefe de la Casa Blanca presentó el conflicto de Líbano como uno de los aspectos «de un combate más vasto entre las fuerzas de la libertad y las fuerzas del terrorismo» en la región.

Bush insistió en el derecho de Israel a defenderse y en la responsabilidad de Hezbollah en el conflicto.

MILICIA. Algunos analistas consideran que la demora en llegar a un acuerdo que termine con las hostilidades, se debe al intento de ganar tiempo y dañar lo más posible a las infraestructuras de Hezbollah en Líbano.

Eso parece estar costando más de lo esperado.

En 20 días de conflictos, y a pesar de un bombardeo constante sobre bastiones de la milicia chiita, Hezbollah aparentemente está en pleno uso de sus capacidades de respuesta. Israel aún no pudo recuperar a sus soldados secuestrados el 12 de julio, una operación de la milicia chiita que inició esta crisis, y la milicia ha aumentado la intensidad de sus ataques, mostrando partes de su arsenal que no se sabía que tenían.

A fines de la semana pasada, Hezbollah lanzó un cohete, aparentemente de fabricación siria, que mostró una potencia y un alcance que se le desconocía. Sus misiles han llegado a la tercera ciudad de Israel, Haifa, cuyos habitantes intentan acostumbrar sus vidas a los refugios antiaéreos a la espera de otra lluvia de misiles de Hezbollah.

Lo mismo pasa en Líbano, donde se calcula que un cuarto de su población se vio desplazada por el conflicto. Eso es 800 mil personas.

BEIRUT/WASHINGTON | THE NEW YORK TIMES, AGENCIAS