Kosovo se declaró independiente del estado serbio tras 17 años

«A partir de ahora somos un Estado independiente, libre y soberano», dijo el presidente del Parlamento kosovar, Jakup Krasniqi a los diputados que poco antes habían aprobado la secesión.

En la capital, Pristina, el presidente kosovar, Fatmir Sejdiu, dijo a la prensa que «ahora que se proclamó la independencia, tengo el honor de invitar a todos los países del mundo a establecer relaciones diplomáticas normales con nosotros».

El histórico anuncio llegó casi una década después de enfrentamientos tan violentos como históricos. Kosovo, señalada como la cuna del pueblo serbio, integraba la extinta República Federal Socialista de Yugoslavia bajo control de Serbia. Cuando Yugoslavia se desintegró, Kosovo pasó a formar parte de la República Federal de Yugoslavia, la cual daría origen a Serbia y Montenegro.

Pese a estar bajo tutela serbia, Kosovo tenía una población mayoritariamente de origen albanés (90%). Ello fue un factor de disputas internas que explotaría en 1996, cuando el presidente de la RF Yugoslavia, Slobodan Milosevic, quiso aumentar la presencia de serbios en territorio kosovar, además de reducir su ya limitada autonomía. Los albaneses se resistieron a ser asimilados por los serbios y tres años más tarde, en 1999, la Yugoslavia de Milosevic enfrenta a las tropas de la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que defendía al pueblo albano-kosovar.

Finalmente la ONU resolvió que Kosovo fuera declarada provincia autónoma pero bajo la tutela del gobierno de Serbia. Eso era así hasta ayer.

El clima de fiesta y expectativa por el anuncio oficial de emancipación tiñó las calles de Kosovo. También se produjeron algunas escaramuzas.

Es que pese a la histórica declaración, la situación está lejos de resolverse. Ni siquiera el apoyo internacional de varias potencias europeas que respaldan a Kosovo es suficiente. Tampoco su ayuda económica.

La región más pobre de la ex Yugoslavia hereda una infraestructura decrépita; una población de unos 2.000.000 de personas, la mitad de cuyos integrantes tienen menos de 25 años; el desempleo supera el 50% y un sistema fiscal que depende de los aranceles para obtener el 60% de sus ingresos.

Pero el mayor escollo que enfrentan los kosovares es la resistencia serbia, dentro y fuera de fronteras. «Serbia nunca reconocerá la independencia de Kosovo. Serbia ha reaccionado y reaccionará recurriendo a todos los medios pacíficos, diplomáticos y legales para revocar este acto perpetrado por las instituciones de Kosovo», dijo ayer el presidente serbio, Boris Tadic, quien ya había adelantado que rechazaría cualquier declaración de este tipo.

Tadic reclamó a la ONU la anulación de la independencia, aunque subrayó que Serbia descarta categóricamente todo recurso a la violencia.

Algunos que añoran el viejo yugo, algo que se ha dado en llamar la «yugonostalgia» (en alusión a Yugoslavia). El primer ministro serbio, Vojislav Kostunica, criticó a la Unión Europea por «bajar la cabeza» a la «humillación de Estados Unidos» y la hizo responsable por lo que pueda pasar en el futuro internacional de Kosovo.

Los serbios que viven en Kosovo ya anunciaron que preparan una elección que alteraría el sistema parlamentario de Kosovo, pese a los mensajes conciliadores del premier kosovar, Hashim Thaci.

La reacción en principio no traspasa el horizonte político, pero nadie puede asegurar cuánto pueda durar el respeto hacia la histórica declaratoria.