La aprobación de reformas del Estado dependerá de cómo las sepan ‘vender’

El entrevistado retornó a este país con la restauración democrática para escribir su segundo opus titulado «Uruguay. Democracia en la encrucijada», editado en 1988. Sus análisis políticos sobre nuestro país son a menudo requeridos por la prensa especializada de Estados Unidos. A principios de enero, durante una de sus visitas periódicas a Montevideo, conversó con ECONOMIA & MERCADO sobre la política norteamericana ante el avance de regímenes populistas en América Latina, su visión del gobierno de Tabaré Vázquez y las perspectivas de los partidos tradicionales en Uruguay. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-¿A qué atribuye los sucesivos triunfos de los partidos de izquierda en las elecciones de la mayoría de los países sudamericanos?

-La razón más importante ha sido el fracaso del modelo económico «neoliberal» en la región. Luego de la impericia de las dictaduras militares en el Cono Sur, con la excepción de Chile, para encontrar un modelo económico sostenible, la gente confió en la capacidad de los líderes de los partidos tradicionales al recuperarse la democracia. Como estos también fracasaron en el plano macroeconómico, el electorado finalmente se ha volcado hacia los candidatos de centro-izquierda e izquierda para encontrar un cierto nivel de estabilidad en la economía.

-¿Hasta qué punto le preocupa a Estados Unidos la proliferación de gobiernos de izquierda en América Latina?

-El gobierno de Estados Unidos -y conste que tengo muy poca o ninguna afinidad con la administración Bush- no parece demasiado preocupado por el avance de la izquierda latinoamericana. Cuando Washington observa la región desde un punto de vista geopolítico, sí hace una clara distinción entre lo que los funcionarios llaman la «izquierda que respeta las reglas de juego» y la «izquierda populista».

-¿Cuáles son esas reglas de juego y quién las determina?

-Las reglas de juego se refieren al paradigma dominante que gobierna al sistema internacional durante un período histórico determinado. Por eso, en la Guerra Fría, esas reglas dependían de si un país estaba aliado con Estados Unidos en su lucha contra el comunismo o actuaba bajo la influencia de la Unión Soviética. Luego de finalizado ese conflicto, las reglas de juego involucraron al llamado Consenso de Washington, que abogaba por un comercio más libre, la creación de un ambiente mejor para la inversión extranjera, la privatización de las empresas estatales y la reducción del déficit fiscal. El paradigma que rige actualmente es una versión modificada del Consenso de Washington que sostiene las acciones ya mencionadas, habiéndose agregado la «guerra contra el terrorismo».

-¿Prevé que continuará creciendo el número de gobiernos de tendencia «populista» en América Latina luego de los recientes triunfos de Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua?

-Por ahora la izquierda moderada, en la que incluyo a los gobiernos de Bachelet, Lula y Vázquez, va a predominar en la región. No obstante, pueden surgir nuevos gobernantes que sigan el modelo populista liderado por el presidente venezolano Hugo Chávez y compartido por su colega boliviano Evo Morales, en la medida que sus políticas económicas mejoren la situación de la población más pobre.

-De acuerdo con esa división entre gobernantes «populistas» y «no-populistas», ¿dónde ubica al presidente Néstor Kirchner?

-Yo no afirmaría que Kirchner es un radical (N.del R.: término que no tiene relación alguna con el partido político argentino), pero así lo consideran en Wall Street y en la Casa Blanca. Insisten en catalogarlo de ese modo porque el presidente argentino, por un lado, mantiene su decisión de no permitir a las empresas proveedoras de energía eléctrica -todas ellas de propiedad de inversores extranjeros- que aumenten las tarifas residenciales y, por otro, se ha basado especialmente en los capitales nacionales para impulsar el crecimiento de la economía argentina, que se viene recuperando.

Política hemisférica

-¿Qué actitud va a asumir el gobierno de Bush ante la creciente socialización de la economía venezolana?

-No creo que el anuncio de que en Venezuela se van a estatizar los servicios de electricidad y telefonía, así como modificar los contratos con las compañías petroleras extranjeras haya sorprendido demasiado al Departamento de Estado. Mientras que al presidente venezolano no se le ocurra «cerrar la canilla» y continúe suministrando diariamente un millón de dólares de petróleo al mercado estadounidense, el gobierno norteamericano no tomará ninguna acción extrema contra Chávez, aunque no simpatice con su política económica.

-¿Cómo prevé que funcionen las relaciones entre Estados Unidos y México?

-El gobierno de Bush se sintió realmente aliviado cuando Felipe Calderón ganó las elecciones presidenciales en México. De todos modos, existe una tensión considerable en las relaciones entre ambos países debido a la anunciada construcción de un muro fronterizo y a la existencia de millones de inmigrantes mexicanos indocumentados en Estados Unidos. Como nadie cree que se pueda deportar a millones de individuos, la población estadounidense, especialmente la del sudoeste, quiere que se construya esa barrera para evitar el ingreso ilegal de latinoamericanos.

Luego que el Partido Demócrata pasó a tener mayoría en el Congreso estadounidense, uno de los pocos temas en los que podría producirse un acercamiento entre la oposición demócrata y el gobierno sería la propuesta de Bush de crear una vía legal para otorgar la ciudadanía a los trabajadores indocumentados. Los republicanos conservadores se han opuesto tajantemente a ese proyecto porque entienden que es un incentivo para que los inmigrantes que ingresaron irregularmente piensen que pueden quedarse sin mayores trámites en Estados Unidos. Aunque la propuesta oficial implica un aumento considerable de los gastos en controles electrónicos y mayor número de patrullas que vigilen la frontera con México, el presidente necesita demostrarle al pueblo norteamericano que está haciendo algo para detener el flujo inmigratorio sin papeles.

-¿Espera algún otro cambio de importancia en la política estadounidense hacia América Latina a partir del cambio en el control del Congreso por parte del Partido Demócrata?

-No son previsibles cambios significativos en esta materia. Lamentablemente, casi ningún político estadounidense importante se ocupa de la situación en América Latina, excepto la de Cuba. Si bien el presidente Bush, por provenir de Texas, era uno de los pocos interesados en intensificar las relaciones con los vecinos del sur, especialmente con el presidente Fox, los ataques del 11 de setiembre hicieron que sus preocupaciones se centraran en el Medio Oriente y dejara de lado a Latinoamérica. Una eventual modificación de la política norteamericana tendrá que esperar hasta que asuma un nuevo presidente en 2009, aunque nadie puede asegurar que eso va a suceder porque no tenemos idea de quién será el próximo residente en la Casa Blanca.

-¿Es factible que Estados Unidos continúe aprobando tratados de libre comercio (TLC) con los países latinoamericanos debido a la nueva relación de fuerzas en el Congreso?

-En realidad, la modificación de las mayorías en ambas Cámaras se reflejará en temas vinculados con la economía norteamericana. Si esta evoluciona relativamente bien, los demócratas podrían sentirse cómodos apoyando la firma de más TLC porque, bajo esas circunstancias, no habría quejas de los sindicatos estadounidenses siempre y cuando obtengan garantías muy sólidas respecto a la salvaguarda de empleos y salarios. En caso de que la economía local se desacelere o aumente la tasa de desempleo, los congresistas demócratas recibirán enormes presiones de uno de sus principales respaldos electorales contra ese tipo de acuerdos.

Mercosur

-Lula dijo recientemente a la prensa que quiere tener una relación privilegiada con Estados Unidos. ¿Hacia dónde apunta la política exterior brasileña?

-Esos comentarios me han dejado terriblemente confundido. Si yo fuera Lula, me sentiría muy disgustado por haber usado ese término porque se contradice con su propósito declarado de impulsar el Mercosur y de liderar a Sudamérica en las conversaciones sobre los subsidios agrícolas en la OMC. Sus declaraciones sobre el tipo de las relaciones que pretende con la Casa Blanca sugieren que está buscando que Brasil suscriba un TLC con Estados Unidos, lo cual no sería beneficioso para el Mercosur ni para un eventual bloque sudamericano. También podría interpretarse que esas palabras fueron dichas para congraciarse con Bush, pero realmente no eran necesarias porque Wall Street está enamorado del mercado brasileño. Como los títulos públicos y privados de Brasil vienen teniendo rendimientos muy superiores a los de la Bolsa de Nueva York, hay un flujo permanente de inversiones hacia ese país.

-Lula se ha lavado las manos en el conflicto argentino-uruguayo por la construcción de las plantas de pulpa de celulosa a pesar de que el gobierno uruguayo ha reclamado que Brasil, por su tamaño, ejerza su liderazgo en la región. ¿Puede esperarse algún cambio en la posición brasileña?

-No lo creo. Aunque Brasil es el gigante del Mercosur, Argentina también es un socio importante. Todo indica que Lula no quiere inclinarse por ninguno de los dos países litigantes porque el organismo regional no tiene instituciones políticamente maduras que puedan tratar una situación conflictiva de esta naturaleza. No me explico cómo ese diferendo ha ido escalando hasta convertirse casi en una guerra entre dos países tan afines.

Uruguay

-¿Qué medida aprobada por la administración Vázquez lo ha sorprendido más?

-Después de haber vivido en Uruguay y haber conocido a su gente de cerca, me ha llamado poderosamente la atención el grado de aceptación que ha tenido el decreto que prohíbe fumar en locales cerrados. Si bien puede parecer un comentario insólito en un análisis de temas políticos, el comportamiento de los uruguayos en esta materia es increíble porque no hubo un proceso previo antitabaquista prolongado como sí sucedió en Estados Unidos. Aparentemente, el Dr. Váz-quez tomó una medida muy fuerte de la noche a la mañana a los pocos meses de haber asumido la presidencia. Esto denota que existe un feeling muy especial entre el presidente y la ciudadanía porque fue una decisión muy personal para la cual no consultó a los grupos que componen el Frente Amplio. Y si la medida no era acatada por los fumadores, habría perdido parte de su prestigio. Espero que pueda ejercer ese don de líder cuando el gobierno tenga que abordar las reformas estructurales que Uruguay tiene pendientes en el área económica.

-Los dos partidos tradicionales están abocados a recuperar su rol preponderante en la política uruguaya. ¿Es previsible una verdadera renovación dentro del Partido Colorado mientras los ex presidentes Sanguinetti y Batlle continúen tratando de incidir en la interna partidaria?

-Los colorados tuvieron una votación tan magra en la última elección y el impacto sufrido fue tan doloroso que todavía no han podido reaccionar. Ni siquiera han comenzado a diseñar una estrategia para reconstruir la estructura partidaria y recuperar el apoyo popular. Tendrán que crear nuevas bases partidarias ya que un gran número de votantes con una concepción batllista del Estado, sobre todo en Montevideo y Canelones, se sintieron decepcionados con la conducción de dirigentes muy conservadores y fueron captados por el Frente Amplio. Además, si no aparecen nuevos líderes de peso en el Partido Colorado que puedan desplazar a la vieja guardia, no sé cómo van a mejorar su votación en las próximas elecciones.

-¿Cómo evalúa la política que está desarrollando el Partido Nacional en la oposición?

-Los blancos tienen una larga tradición de actuar en la oposición, lo que les ha dado experiencia y conocimiento de cómo controlar al partido gobernante. Es claro que hoy el Partido Nacional quiere aparecer ante la opinión pública como «el partido opositor» dado el fracaso estrepitoso de los colorados en las elecciones nacionales de 2004 y municipales de 2005. Sin embargo, no encuentro una dirigencia blanca que sepa diferenciar entre ser «oposición» y ser «alternativa de poder», es decir no saben actuar como un partido de oposición al estilo europeo. Nadie como los partidos británicos, tanto laboristas como conservadores, conocen mejor esa diferencia. Ese es actualmente uno de los defectos de los demócratas en la política estadounidense que se oponen a la política de Bush por razones valederas, pero no han sabido ofrecer hasta ahora una alternativa programática significativa.

-¿Se puede vislumbrar que la tendencia al bipartidismo del sistema político uruguayo lleve a la fusión de los dos partidos tradicionales en el largo plazo?

-Todo dependerá del surgimiento de políticos carismáticos que puedan mostrar una verdadera diferencia entre los programas del Partido Colorado y del Partido Nacional. Sin embargo, el complejo sistema político partidario uruguayo no facilita la aparición de nuevas figuras que logren alcanzar la cúpula dirigente en poco tiempo. Es posible que en el próximo período preelectoral el respaldo que logre el Partido Colorado en las encuestas de opinión pública sea tan bajo – salvo que los colorados sorprendan con un nuevo líder o con un programa alternativo que resulte muy atractivo para el electorado de centro- que sus votantes se desplacen hacia el Partido Nacional por el tema de «no perder» el voto.