La guerra urbana estremece a San Pablo tras ola de motines

En esas cárceles, la angustia y la tensión se apoderaron de los familiares al recibir distintas versiones sobre rehenes, muertos y enfrentamientos.

Esta ola de motines se encuadra dentro de la guerra contra las autoridades desatada el viernes por la organización delictiva Primer Comando de la Capital (PCC), y que demostró el poder de ofensiva de esta gavilla, en lo que los diarios paulistas no dudaron en calificar como «guerra urbana».

Sólo ayer estallaron 39 motines en otras tantas prisiones del Estado. Los ataques no se limitaron a los establecimientos carcelarios sino que la ofensiva llegó a dependencias policiales de San Pablo.

Según datos oficiales, el PCC ha realizado unos cien ataques desde la noche del viernes que han causado un total de 52 muertos; entre ellos, 35 agentes de policía y 14 pandilleros.

242 rehenes . Los ataques, ocurridos casi simultáneamente, tienen su origen aparente en la decisión de transferir e incomunicar a cabecillas del PCC dentro de las cárceles para impedir cualquier tipo de reuniones.

Ocho cabecillas de esta organización formaban parte del grupo de 765 presos transferidos a una remota cárcel en el extremo occidental del Estado.

En los ataques ocurridos dentro de los presidios, se calcula que los amotinados han logrado capturar a unos 242 rehenes, según datos oficiales.

Esta ofensiva actual supera todas las realizadas por el PCC que ya sabe de alzamientos simultáneos, como el de febrero de 2001 (ver aparte).

Como suele ocurrir en estas situaciones, los datos sobre rehenes y víctimas no coinciden según las fuentes.

Al tiempo que algunos medios de prensa hablan de 130 rehenes, otros duplican esa cifra llevándola a 260, y mencionando que el número de cárceles en los que se produjeron motines era 57 y no 51, como se informó de manera oficial.

El sitio Globo online habló además de cuatro policías de civil abatidos a tiros en las calles de Santos, ciudad portuaria a 90 kilómetros de San Pablo, durante los enfrentamientos callejeros.

Incluso se indicó que en la Penitenciaría Femenina, en la ciudad de San Pablo, las presas rebeladas habían decapitado a una rehén sin identificar, presuntamente una policía.

El número de cárceles amotinadas y secuestrados era mayor, pero las autoridades han logrado desde el viernes sofocar quince alzamientos y liberar a unas 85 personas que fueron tomadas como rehenes.

El número de heridos ronda el medio centenar, entre ellos 36 policías. Unos 16 sospechosos de promover disturbios callejeros fueron detenidos, según cómputos oficiales.

Guerra urbana. Las autoridades dispusieron el máximo grado de alerta policial y el gobierno federal dijo que se aprestaba a brindar ayuda.
Mientras las autoridades del estado aún no deciden si aceptan la participación federal, el despliegue de las bandas criminales se constituía en el mayor desafío criminal en todo Brasil y exhibía la vulnerabilidad de las fuerzas policiales para frenarlo.

Policías con chalecos antibalas instalaron retenes en diversos lugares de la ciudad donde registraban vehículos en busca de armas. Barreras colocadas frente a las comisarías impedían que se acercaran peatones o vehículos. La televisión mostró varios patrulleros policiales acribillados y las ventanas rotas de una comisaría.

La prensa local informó que los asaltantes usaron pistolas, escopetas, granadas, metralletas y bombas de fabricación casera.
Las bandas atacaban a sus blancos y escapaban protegidas por la complejidad urbana de San Pablo.
Apoyo. Gobierno federal ofreció ayuda, pero su par estadual dijo que la situación está «controlada»