La Magia Del Comercio

Segundo, permite participación en el sistema y obtención de riqueza a los individuos que, por ser tan improductivos, tienen desventaja con respecto a los demás en la producción de todos los bienes y servicios. Tercero, permite que se lleven a acabo producciones que serían imposibles de otra manera. Tan imposibles como producir banano en Los Andes o aceite de oliva en el trópico húmedo costarricense. Un guacimeño puede, con sus propios recursos, producir salmón noruego. ¿Cómo? Cultiva buenos bananos, los vende en Noruega y, con el dinero, compra el salmón. En esencia, produce salmón, algo imposible sin el comercio.

Sin el comercio, el individuo estaría condenado a disfrutar únicamente de sus propios inventos y genialidades o de los bienes que él mismo pudiera generar. Sin conocimientos de electricidad y electrónica, él no podría disfrutar de la refrigeradora en su cocina, la radio, la televisión. Aun si tuviera esos conocimientos, en autosuficiencia sería muy poco viable la producción o el uso de esos artefactos. No podría disfrutar los grandes libros, ni del conocimiento y las genialidades de otros, tales como Pelé, Shakespeare, Bach, Neruda; le sería imposible disfrutar la belleza de esculturales modelos o cineastas, la voz privilegiada de excelsos cantantes, la pintura o el arte de verdaderos genios. Hoy, todo esto es posible gracias a la magia del comercio.

Además, el comercio no solo hace posible la creación de riqueza, sino su distribución en forma casi mágica. Ningún otro sistema ni ente -menos un gobierno- puede lograr una distribución de riqueza tan justa y equitativa como la que produce el libre intercambio de bienes y servicios entre los seres humanos.

El sistema de E&I reparte tan bien la riqueza creada que alguien como Bill Gates solo se apropia del 1 por ciento -o menos- de la riqueza que sus inventos le permite a los demás generar. El 99 por ciento queda distribuido en la sociedad mundial. Esta forma de compartir la riqueza alcanza su máxima expresión cuando todos los individuos pueden actuar en libertad. En la medida que intervenga el gobierno, las ganancias generadas por el sistema disminuyen y la repartición se hace más desigual; especialmente cuando la intervención se hace con el expreso propósito de mejorar la distribución de riqueza.

Por Rigoberto Stewart. Presidente del Instituto para la Libertad y el Análisis de Políticas Públicas (INLAP), Costa Rica. PhD en Economía de North Carolina State University.