La presión se volcó de lleno sobre el gobierno de facto hondureño

Con el retorno sorpresivo a Honduras del presidente depuesto Manuel Zelaya, la presión de la comunidad internacional por una salida de la crisis se volcó abiertamente sobre el gobierno de facto de Roberto Micheletti. Ayer llamó a la administración que se instaló hace casi tres meses a negociar una solución y pidió que se “garantice la seguridad” del derrocado mandatario que se refugió en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió al gobierno de facto en Honduras aceptar una solución “negociada y democrática” que permita el regreso de Zelaya al poder. También solicitó respetar la sede diplomática de Brasil y le rogó al depuesto presidente que no le dé razones al gobierno de facto para que lo detengan.

Micheletti pidió a la administración brasileña que entregara a Zelaya –que lo acusan de varios delitos– o, en su defecto, que le conceda asilo político. El presidente de facto dijo que su gobierno no quiere que haya un derramamiento de sangre por la presencia forzada de Zelaya en la capital hondureña.

La Embajada de Brasil en Tegucigalpa tuvo la electricidad, el agua y el teléfono cortados y pidió apoyo a delegación estadounidense.

Zelaya fue detenido, derrocado y sacado en piyamas del país el 28 de junio por el Ejército de su país. Ese día el mandatario pretendía realizar un referéndum para establecer la reelección, idea que había sido rechazada por el Parlamento y declarada ilegal por la Justicia de Honduras.

Estados Unidos, la Unión Europea y los países latinoamericanos han aislado el régimen de facto, y consideran a Zelaya como el presidente legítimo.

“Luego del regreso del presidente Zelaya, la Presidencia de la Unión Europea subraya la importancia de una solución negociada de la actual crisis en Honduras”, señaló la UE en una declaración.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, dijo que tras el retorno de Manuel Zelaya, no cabe en ese país otra medida que la negociación con el gobierno de Micheletti. “No caben muchas alternativas sino entrar en una negociación”, señaló Insulza.

Otros países también han pedido una salida negociada a la crisis, pero Micheletti ha adoptado una postura más dura tras el retorno de Zelaya.

Tras el regreso sorpresivo de Zelaya, Micheletti dio por terminada la mediación del presidente costarricense y Premio Nobel de la Paz, Óscar Arias, y ordenó mantener cerrados los aeropuertos internacionales del país. De esta manera, Insulza no podrá arribar estos días al país como tenía pensado.

Las fronteras terrestres de Honduras también están cerradas en la práctica, debido al toque de queda. “Lo de él (Arias) ya terminó”, dijo Micheletti el lunes en la noche. Además, Micheletti fustigó a la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, quien dijo el lunes que “ahora que el presidente Zelaya volvió, sería oportuno devolverle su puesto” y “devolver a Honduras el orden democrático y constitucional”.

Conversaciones y represión. Zelaya inició conversaciones con militares en busca de una salida a la crisis política, mientras la embajada brasileña en Tegucigalpa fue rodeada por soldados y policías.

Militares y policías rodearon al amanecer de ayer la legación brasileña y obligaron a retirarse a miles de manifestantes que habían pasado toda la noche frente al edificio en apoyo al mandatario depuesto.

Los uniformados, muchos con el rostro cubierto con gorros pasamontañas, lanzaron gases lacrimógenos y golpearon con palos a unos 4.000 manifestantes para obligarlos a irse de la zona de la embajada, mientras regía en el país un toque de queda impuesto por el régimen de facto, que anunció que se prolongaría hasta ayer al anochecer.

Tras desalojar a los manifestantes, los militares “allanaron las casas que están al lado de la embajada”, indicó Zelaya.

Los militares colocaron altavoces y comenzaron a tocar en forma estridente el himno nacional de Honduras, siguiendo el ejemplo de las tropas estadounidenses en Panamá para hostigar al ex dictador Manuel Antonio Noriega, después de que se refugiara en la Nunciatura Apostólica tras la invasión de 1989.

“Yo pienso que hay que buscar un acercamiento directo (para) que ese acercamiento logre la paz. Luchar por los pobres nunca debe ser un delito, luchar por restablecer la democracia no debe ser un delito”, expresó Zelaya. (El Observador, AFP y EFE)