La propuesta de alianza que Chávez insinuó a las Farc

Por un lado, está la visión que antepone un hecho comprobable: el presidente venezolano ejerce el liderazgo más dinámico y movilizador, además de ser el único con capacidad de modificar situaciones y generar escenarios, sacudiendo a la región para sacarla de sus letargos y somnolencias.
Por otro lado, está la visión que percibe la desmesura propagandística que siempre monta el chavismo para que todo acontecimiento, incluso los que requieren recato y perfil bajo, contribuya a fortalecer el liderazgo regional del exuberante líder caribeño.
La primera mirada acierta en resaltar el dinamismo, la energía, el vigor dirigencial y la inagotable iniciativa de Hugo Rafael Chávez Frías. Pero la segunda mirada acierta en señalar cómo la propaganda, la espectacularidad y el interés político siempre traspasan los límites de la ética y la sensatez.
El primer enfoque se centra en algo indiscutible: lo fundamental es que dos personas fueron rescatadas de una prisión selvática infernal, y eso fue posible por la gestión del hombre fuerte de Caracas.
El otro enfoque aporta lo que tampoco puede minimizarse: la escena en la selva se esmera en dar una buena imagen de los guerrilleros, que son nada menos que los carceleros de decenas de rehenes y centenares de secuestrados para obtener suculentos rescates. A renglón seguido, al subir al helicóptero, lo primero que encontraron Clara y Consuelo fue una cámara y un micrófono para que expresaran su agradecimiento a Chávez, de modo que tales gratitudes derivaran en loas al líder venezolano.
¿Era necesario.mostrar a los guerrilleros como liberadores y no como carceleros? ¿Se justifica que desde el helicóptero se haya empezado a exprimir políticamente a las mujeres liberadas? ¿Había que llevarlas el mismo día de su liberación al Palacio de Miraflores para que se
sacaran la foto abrazadas con Hugo Chávez?
Las aguas se dividen también en la política interna de algunos países. Por caso, en Argentina, donde la visión de la presidenta, Cristina Kirchner, plantea que lo ocurrido el jueves es la consecuencia del «paso inicial» que se había dado en Villa-vicencio, donde fracasó el primer intento de liberar a las rehenes en una operación de la que participaron representantes de algunos gobiernos (entre ellos Néstor Kirchner) y figuras notables, como el cineasta Oliver Stone.
Pero este enfoque choca contra la visión que arroja algo obvio: lo que ocurrió el jueves demuestra que, para que las Farc liberaran a dos rehenes, no hacía falta la comisión de garantes que tan aparatosamente se desplazó a la selva colombiana.
Por cierto, están los que, con lógicos argumentos, resaltan lo positivo de la participación argentina en la gestión de
Chávez, calificándola como importante (la presidenta dijo: «Ahora vamos por Ingrid»), y vendrán los que cuestionen la veracidad de tal participación, que quizá pongan como prueba que Cristina Kirchner habló de «las dos Claras», desconociendo que una de las liberadas se llama Consuelo.
Pero lo más significativo está en las señales de lo que puede ocurrir a partir de ahora. Y una de esas señales se desprendió en una de las tantísimas apariciones televisivas que hizo Chávez durante esa maratón mediática que protagonizó el jueves.

LA PROPUESTA IMPLÍCITA
Mientras las ex rehenes volaban en helicóptero desde el Guaviare hacia Venezuela, el hombre fuerte de Caracas enviaba «un fuerte abrazo a Marulanda», cerrando así su mensaje al líder de las Farc.
En ese mensaje, explícitamente, invita a Tirofijo a deponer las armas y convertir su guerrilla en «un movimiento de izquierda», dejando entrever que esa fuerza política
contará con el respaldo del gobierno venezolano, lo que implícitamente equivale a una propuesta de alianza entre el chavismo y las Farc como desembocadura de un proceso que empieza por la liberación de todos los cautivos y sigue por la negociación del desarme.
En Colombia, el desarme guerrillero tiene antecedentes buenos y no tan buenos, ya que en los ochenta se desmovilizó el grueso de las decenas de guerrillas que, desde las décadas del cincuenta, sesenta y setenta, se habían multiplicado en las selvas y montañas.
Un caso paradigmático de negociación exitosa fue la que convirtió en partido político al Movimiento 19 de Abril (M-19), guerrilla que cobró notoriedad internacional con acciones de alto impacto, como el robo del sable de Bolívar y la toma del Palacio de Justicia en Bogotá. Desde hace muchos años, Navarro Wolf, quien fue el comandante de aquel grupo insurgente, es un prestigioso legislador.
El caso menos auspicioso lo vivió el sector de las Farc que dejó las armas y se convirtió en el partido llamado Unión Patriótica, porque muchos de los guerrilleros que se convirtieron en políticos fueron asesinados por sicarios y escuadrones de la muerte al servicio de la ultraderecha.
Aquel fracaso hizo que el grueso de las Farc, así como el castrista Ejército de Liberación Nacional (ELN), continuara en la selva, iniciando el proceso de envilecimiento que produce el negocio de la guerra y los vínculos con el narcotráfico.
Tras el mensaje que le envió Chávez el jueves, la alta comandancia guerrillera tiene un nuevo incentivo para dejar las armas y convertirse en partido político: el respaldo del gobierno venezolano, que en materia económica resulta más que tentador.
La insinuación de Chávez a Tirofijo tiene un ladq positivo y otro polémico. El positivo es que podría colaborar a que finalice una guerra tan brutal como letárgica. El negativo es que asociaría al gobierno venezolano con lo que, en definitiva, hoy es una banda envilecida y cruel, que negocia con los narcos y practica el secuestro extorsivo a escalas industriales, además de apresar personas para usarlas como escudo humano contra las ofensivas militares.

«LA GRAN COLOMBIA»
La iniciativa de Chávez dividirá aguas en Colombia, en donde algunos denunciarán esta política como injerencia externa en los asuntos internos del país, mientras que otros resaltarán el hecho de que sólo el líder bolivariano puede poner fin a la violencia eterna que padece el pueblo colombiano.
Alvaro Uribe tendrá que modificar sustancialmente su política hacia las guerrillas si quiere recuperar la iniciativa y competir con el liderazgo que Chávez ya está proyectando dentro de Colombia. Habrá que ver si sus futuros razonamientos son más lúcidos que ese opaco y mediocre discurso con que saludó la liberación de las rehenes.
En tanto, ha comenzado el resto del camino. En el recorrido, que sigue con las tratati-vas para liberar más rehenes y secuestrados, el hombre fuerte de Caracas avanzará en su idea de financiar la conversión de la guerrilla en partido, proponiendo una alianza que promoverá el renacimiento de «la gran Colombia». De aquí en más, el discurso de Chávez hará hincapié en que venezolanos y colombianos son un mismo pueblo, la nación que libertó Bolívar y nació a la independencia como un gigantesco estado que comenzó a dividirse tras la caída y muerte del libertador en la década de 1830.
Las visiones volverán a dividirse. Por un lado, está la que resaltará el asidero histórico del proyecto cha-vista, pero en choque con el enfoque que lo verá como un proceso similar al Anschluss, o sea la integración por absorción que logró Hitler entre los pueblos germanos de Alemania y Austria.
Al fin de cuentas, en alemán Anschluss significa «unión política», pero también significa «anexión».