Lágrimas y velas por las víctimas; furia para los responsables

La cifra de muertos por el incendio de la discoteca República de Cromagnon del barrio porteño del Once subió a 188, según la Policía Federal, mientras que más de 200 heridos permanecían internados en la peor catástrofe por causas no naturales en la historia de Argentina.
Unas 264 personas están alojadas en distintos hospitales públicos y privados de Buenos Aires, de las cuales 117 se encuentran en grave estado. En tanto que del número total de víctimas, la mayoría por asfixia, 157 fueron identificadas de manera oficial.

Si bien la Policía informó sobre 188 muertos, el director del estatal Servicio de Emergencias de la ciudad, Julio Salinas, ubicó la cifra en 182.

El incendio, que según las investigaciones preliminares se inició cuando un grupo de jóvenes disparó bengalas en un concierto del grupo de rock Callejeros, es considerado la peor catástrofe argentina después de un terremoto ocurrido 1944 con un saldo de 15.000 muertos.

Ayer se repitieron las escenas de dolor y angustia en la morgue judicial, donde muchos familiares aguardan todavía la entrega de los cuerpos sometidos a autopsias y métodos de identificación, y en los cementerios de la capital, en los que continuaron a lo largo del día los entierros de las víctimas.

Al pesar por la pérdida de un familiar o amigo, se sumó la indignación ante la demora en la entrega de los cuerpos debido a las autopsias ordenadas por la Justicia.

En los cementerios de Chacarita y Flores, que extendieron sus horarios, se sucedieron durante el día los responsos y sepelios de las víctimas, entre el llanto y el dolor de familiares y amigos.

La mezcla de bronca y angustia se palpaba en el cementerio de San Justo, en la provincia de Buenos Aires, donde un grupo de amigos y familiares despidieron con un aplauso a Christian Viegas, de 20 años, cuando su féretro era depositado en la cripta para su descanso final.

Con matices diferentes pero con idéntico desconsuelo de familiares y amigos, la ceremonia se reiteró durante la jornada ante unos 60 nichos o fosas en el cementerio de Chacarita y unos 30 en el más pequeño de Flores.

Los cortejos reunieron entre 100 y 200 personas cada uno, un número dos o tres veces mayor que la media, indicio de la conmoción que causó el siniestro en la discoteca el jueves.

Desde la tarde del sábado, una tras otra fueron llegando las fúnebres procesiones a los cementerios y en la mayoría de los casos se ofició un responso antes de la inhumación.

Equipos de psicólogos y otros profesionales convocados por el gobierno local montaban discreta guardia en las cercanías, pero casi no tuvieron que intervenir.

El desarrollo de las inhumaciones contrastó con el gran nerviosismo y la tensión que se vivieron en las jornadas previas en el reconocimiento de cadáveres y frente a la morgue judicial.

La morgue fue blanco de la indignación porque requirió largas horas para completar las exigencias legales, principalmente las autopsias, y entregar los cuerpos a las respectivas familias.

Mara Brawer, directora de Asistencia a la Víctima, dijo que los psicólogos, asistentes sociales y otros profesionales, muchos voluntarios, “tuvieron que poner mucho el cuerpo” para auxiliar a las personas afectadas por la tragedia.

“Ante la muerte, lo que se siente es puro dolor y no puede mitigarse. Quizá allí la función sea constituirse en bastón para que la persona no se caiga, ofrecerle el hombro para llorar o sostenerla en el desmayo”, explicó.

En tanto, en la valla policial que aísla el local incendiado, en el barrio de Once, se continuaban acumulando objetos rituales y mensajes indignados que reclaman justicia.

Cientos de familiares de las víctimas y personas que se solidarizan con la tragedia marcharon anoche hacia la sede del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y realizaron un cacerolazo demandando la renuncia del jefe del gobierno porteño, Aníbal Ibarra.

Organizaciones como víctimas de la AMIA, y Madres y Abuelas de Plaza de Mayo brindaron apoyo a los familiares de los muertos y heridos que no encuentran consuelo y empiezan a organizarse en reclamo de justicia. (AFP, AP y EFE)