Larrañaga extiende la mano al FA y Lacalle espera un resbalón.

Faltaba poco más de un mes para las elecciones internas de 1999 cuando el entonces precandidato nacionalista Juan Andrés Ramírez dijo un par de cosas que, entre otras razones, convencieron a la mayoría de los blancos más tradicionalistas a votar al herrerista Luis Alberto Lacalle.
“No creo en las familias ideológicas ni que los uruguayos nos dividamos entre malos y buenos”, dijo Ramírez el 11 de marzo en una entrevista con Búsqueda para agregar luego, contra la opinión de buena parte de su partido, que no descartaba votar a Tabaré Vázquez si los blancos no entraban al balotaje.

El episodio viene a cuento porque las críticas que entonces recibió Ramírez por parte de sus compañeros blancos, se parecen a las que están cayendo casi diez años después sobre Jorge Larrañaga. El líder de Alianza Nacional se reunió el sábado 9 con el líder tupamaro José Mujica para invitarlo a un futuro gobierno de coalición nacional y para abjurar de las “familias ideológicas” que, desde el retorno a la democracia, unieron a blancos y colorados contra la izquierda.

Así como en 1999 los herreristas aprovecharon para golpear sobre los dichos de Ramírez–“Vázquez es el adversario, no hay que confundirse”, dijeron una y otra vez- ahora Lacalle ha visto una oportunidad para marcar diferencias con Larrañaga, quien en las internas del 2004 lo vapuleó llevándose el 66% de los votos.

“Nuestras ideas son las más lejanas de las del gobierno y, por lo tanto, las más lejanas de una figura emblemática del gobierno como es Mujica. Nosotros estamos en el otro extremo de sus ideas”, declaró Lacalle a Ultimas Noticias.

El intendente de Durazno, Carmelo Vidalín –otro de los precandidatos blancos–, también le dió a Larrañaga. “Debemos mantener la identidad de nuestro partido, sentirnos nacionalistas y organizarnos hacia adentro para después dar señales hacia fuera”, dijo Vidalín.

Larrañaga se reunió el sábado en su chacra de Flores con Mujica para coincidir con el líder del MPP acerca de la necesidad de que blancos y frenteamplistas asuman acuerdos mínimos antes de que alguno de esos partidos gane las elecciones. Con ese encuentro, que tuvo una fuerte repercusión mediática, Larrañaga dejó claro que ya está pensando en el balotaje y en la necesidad de que los frenteamplistas desencantados lo vean como una alternativa potable en las elecciones nacionales del 2009.

Lacalle se juega todas sus fuerzas a la interna nacionalista. Por eso les habla a los blancos e invita a los colorados a migrar de partido. Con la izquierda no quiere saber nada. “La distancia más grande en la política uruguaya es la que separa al gobierno con el Partido Nacional”, repite sin dejar lugar a matices. Parece que a los lacallistas no se le han olvidado los magros resultados de aquel amague de Ramírez hacia la izquierda. Y cada vez que escuchen a Larrañaga coincidir con el Frente Amplio, no dejarán de señalar que ellos son “distintos”, dijeron a El Observador fuentes de Unidad Nacional.

“Carrera de petisos”. Consultado por El Observador, Larrañaga respondió que Lacalle generaliza al decir que no hay nada más diferente al gobierno que el Partido Nacional. “Estará hablando de las diferencias que tiene su sector, Unidad Nacional, con el gobierno. Lo cierto es que en los últimos 20 años hemos sido tildados de blanqui-colorados y de pertenecer a familias ideológicas. Yo nunca apoyé eso. Tampoco avalo las políticas neoliberales que se aplicaron desde 1984 hasta el 2004 y sobre las que debemos hacer una autocrítica”, dijo Larrañaga. El presidente del directorio blanco dijo que a él no se le ocurriría criticar las reuniones que Lacalle mantuvo con el presidente Tabaré Vázquez un par de años atrás. “A mi nadie me va a dar lecciones de cómo ser oposición. Las internas no pueden ser una carrera entre petisos. Debemos mirar por encima de la loma y anticiparnos a los tiempos”, dijo.