Larrañaga levantó el entusiasmo partidario ante la meta electoral

Afirmó que sólo Artigas y Saravia «fueron capaces de andar con su pueblo a cuestas»


MASOLLER | FREDDY FERNANDEZ

Estribando en la emoción y la fibra nacionalista, el candidato blanco Jorge Larrañaga levantó su voz en los campos de Masoller para remover el fervor partidario y preparar a la militancia para la batalla cívica del 31 de octubre.

En su calidad de presidente del Directorio del Partido Nacional, Larrañaga afirmó que la memoria del caudillo blanco, Aparicio Saravia, impulsa a luchar en la búsqueda de «trabajo y educación para todos los uruguayos» y enfatizó que resume un mandato «para construir otra libertad: la libertad de la dignidad del hombre».

Al cumplirse los 100 años de la batalla de Masoller y realzar las razones de la lucha de Saravia, Larrañaga dijo que su memoria «une al país entero» y su ideario «está vivo con nosotros».

Mientras cientos de jinetes seguían desfilando por la ruta 30, el candidato, acompañado por los principales dirigentes del nacionalismo, aseveró que el mejor homenaje al caudillo «no es el mármol, ni la piedra, ni el bronce» sino «que su pueblo y su partido estén unidos».

EL ULTIMO. El dirigente nacionalista aseguró que la muerte de Saravia significó «el último combate entre uruguayos» y alertó que esa herencia lo carga «de una enorme responsabilidad». Para enfrentarla, dijo, recurrirá al «coraje y la fuerza que estas cuchillas transmiten».

En ese sentido, dijo que los nacionalistas comparecieron a Masoller «para juntar fuerzas» y auguró que la colectividad de Oribe, Leandro Gómez, Herrera y Wilson «no morirá nunca».

Elevando la mirada, Larrañaga señaló que la convocatoria de Masoller de la víspera «es un milagro» que «sólo puede hacer» su colectividad política. «Somos una fuerza positiva que quiere construir el destino de nuestros hijos y nuestros compatriotas».

«Saravia fue un gran caudillo. Sólo Artigas y Saravia fueron capaces de andar con su pueblo a cuestas», y que los siguieran «incluso fuera de fronteras», resaltó.

«Mi general, jefe de todos nosotros, los caballos que se le perdieron en el Yaguarón en 1897, están hoy acá», evocó.

En un tramo de su discurso Larrañaga comentó que «un paisano» le había regalado «un par de casquillos» que había recogido en el campo, motivo que aprovechó para disparar una reflexión: «Están vacíos. Quizás el plomo mató a alguien; en cambio, hoy, están llenos de libertad y de esperanza».

Larrañaga valoró que su postulación «se nutre desde el fondo de la historia» para «continuar aportando a la construcción del destino del país».

«Lo vamos a hacer; no tengan dudas que lo vamos a hacer», sentenció. El titular blanco confesó a la asamblea que no logró «estudiar y elaborar un discurso» y por lo tanto resolvió expresar lo que sintiera «en el fondo del alma» después «de subir a un caballo y ver al paisanaje en la cuchilla».

En una mañana espléndida, Larrañaga agradeció especialmente a quienes llevaron adelante la organización del acto, y «a los paisanos de tantos pueblos que a lomo de caballo vinieron hasta aquí» de todos los puntos del país.

El grito de ¡Viva Saravia! y ¡Viva la Patria! fue el corolario del mensaje, convocando a los nacionalistas «a redoblar el esfuerzo» en los 60 días que restan para la elección.