Larrañaga parece alinearse a Lacalle y se muestra más ‘combativo’ con el FA

Desde que el Partido Colorado sorprendió con su «jugada» del diálogo multisectorial, las reacciones dentro del nacionalismo fueron dispares.

Un legislador del Encuentro Progresista le dijo a CRÓNICAS: «(Julio María) Sanguinetti fue el único que hasta ahora se dio cuenta que habrá gobierno de izquierda por lo menos durante 15 años… por eso buscó entendimientos». Esa lectura, está claro, no la han hecho los blancos al menos en forma unánime. Y la prueba fue la reacción que tuvieron los distintos sectores tras la movida del ex presidente.

El senador Francisco Gallinal fue el primero en decir que el Partido Nacional estaba pronto para lograr acuerdos en materia de política educativa, en economía y en política exterior con el gobierno electo «porque el país lo necesita».

Otros, como el ex canciller y senador electo, Sergio Abreu, llegó a proponer públicamente «contrapropuestas» al documento que la izquierda le remitió a todos los partidos con representación parlamentaria. Una de ellas estaba destinada a evitar que las futuras relaciones internacionales estén «permeadas por afinidades ideológicas».

El Herrerismo fue bastante más cauto. Desde que el Encuentro Progresista logró mayoría parlamentaria, el ex presidente Luis Alberto Lacalle se encarga de recordarlo en cuanto reportaje le hacen. «La responsabilidad es del Encuentro Progresista… no tienen excusas porque tienen los votos para sancionar las leyes que entiendan pertinentes», ha señalado el ex mandatario nacionalista.

Y no sólo eso. Lacalle insiste en que los blancos deben ser la oposición, no participar en los cuadros ejecutivos en ninguna de sus escalas y dedicarse a proponer y controlar.

El líder herrerista chocó casi enseguida, en el arranque de la transición, cuando el electo presidente, Tabaré Vázquez, dijo públicamente que las reglas del juego, a la hora de la participación en la administración, las fija «el que gana la elección y esta vez fue el Encuentro Progresista». Después de aquellos comentarios, Lacalle le recordó al líder frenteamplista que las reglas «las fija la Constitución de la República».

¿Y el líder del Partido Nacional? Hasta ahora se había mostrado como una figura contemplativa… componedora de las diferentes posiciones dentro de su colectividad.
Sin embargo, en las últimas horas pareció tomar un giro más combativo hacia la izquierda y el gobierno electo. Y los ejemplos son varios.

Sin ir más lejos, con respecto a las reglas de juego en materia de participación, Jorge Larrañaga dijo esta semana en El Espectador que «no es cierto que las victorias electorales generen el derecho a imponer reglas… no coincido y no creo que haya sido una expresión feliz». «Las victorias electorales generan responsabilidades más que derechos, enormes responsabilidades de buscar el camino de equilibrio que pueda construir respuestas para los temas del país y su gente», añadió.

Pero Larrañaga se detuvo en otro hecho para fustigar a Vázquez. En su reciente visita a la República Argentina, en un acto desarrollado ante un grupo de uruguayos residentes en Buenos Aires, el mandatario electo se pareció mucho más al candidato presidencial y recordó -entre otras cosas- «la lealtad institucional» que mostró el Frente Amplio durante la crisis financiera. «En el 2002 era muy fácil pararse en un banco de 18 de Julio y Ejido para criticar al gobierno y convocar a la gente», dijo Vázquez. Y enseguida añadió: «esa misma lealtad le pedimos a los partidos tradicionales».
Larrañaga dejó pasar algunos días y el miércoles se encargó de cuestionar los dichos de Vázquez.

«No aceptamos que se nos pida lealtad institucional… como si el Partido Nacional precisara que alguien le pida lealtad institucional». «Lealtad institucional tuvimos cuando aprobamos la ley de reprogramación de los depósitos… mal se puede decir que hubiera sido fácil subirse a un banquito en 18 de Julio y convocar a la gente a la calle. Yo me pregunto ¿para qué?, ¿qué se hubiera obtenido?», agregó. Pero no se quedó ahí. Abundó en comentarios con respecto a la «lealtad» reclamada por el líder izquierdista.

«¿Qué se hubiera obtenido con una convocatoria a la gente a las calles? ¿A qué?, ¿a romper vidrieras? Nadie puede esperar una felicitación por algo que se supone es un comportamiento debido. Vamos a parar la mano, porque esto se presenta como un mérito y yo discrepo con el presidente electo en presentarlo como tal. ¿Qué es esto de lealtad institucional?, ¿qué es eso de decir «no voy a tolerar una deslealtad institucional»? ¿Y qué?, ¿y si no la tolera qué va a hacer? No, no, ese tipo de cosas no van por la línea que el país espera transitar y comenzar una administración que dé respuestas a los problemas nacionales».

Sin embargo, Larrañaga descartó que estas respuestas vayan a empañar el diálogo entre las partes, pero aclaró: «tampoco estamos para dejar pasar estos comentarios, porque eso de reclamarles lealtad institucional a los que somos partido de la oposición, en lo que refiere al Partido Nacional, no va».

Negociar al Parlamento
Después de echarle una rápida ojeada a las propuestas programáticas del Encuentro Progresista, los integrantes del Directorio del Partido Nacional consideraron esta semana que las iniciativas «no tienen objeciones» de importancia.

Si bien no hicieron una valoración exhaustiva sobre los acuerdos y los desacuerdos, los blancos señalaron que las iniciativas integran las propuestas programáticas que el Partido Nacional realizó durante la última campaña electoral. Entienden que ninguna fuerza política del país puede rechazar de plano el documento de la izquierda porque, entre otras cosas, contiene enunciados generales.

Resolvieron además repartir el documento entre los legisladores porque están convencidos que las discusiones se terminarán procesando en el Parlamento. Es más, quieren que así sea, que «el ámbito natural» para entablar las conversaciones sea el Palacio de las Leyes.

El máximo organismo nacionalista consideró «muy positivo» que las ideas de la izquierda hayan sido presentadas por escrito y resolvió que cada uno de los sectores mayoritarios del partido -Alianza Nacional (AN), Herrerismo (H) y Correntada Wilsonista (CW)- redacten sus respectivas contrapropuestas sobre economía, educación y política exterior para luego unificarlas en una sola respuesta que represente a toda la colectividad. Durante el encuentro, los dirigentes blancos advirtieron que el hecho de que el documento del Encuentro Progresista no les genere rechazos se debe a que gran parte de las ideas que allí se plantean «fueron defendidas por el partido en los cuatro últimos períodos de gobierno».

En este sentido, Larrañaga recordó que los blancos tienen sus propuestas, y «no necesita salir a diseñarlas». Enseguida quiso marcar otro matiz con la izquierda: «este gobierno entrante hace algún tiempo demonizaba a los organismos internacionales de crédito… y resulta que ahora vemos con sorpresa que el programa económico que tiene el Banco Interamericano de Desarrollo para Uruguay prácticamente es igual al programa económico del ministro de Economía entrante». «El Partido Nacional es coherente con su pensamiento y no entra en contradicciones… es el Frente (con su documento) el que se acerca a las posiciones sustentadas por nuestro partido… nosotros no estamos pegando un volantazo para acercarnos a la posición del Encuentro Progresista», apuntó. «Nosotros no estamos dirigiendo un barco buscando llegar a muelle de cualquier forma y aproximarnos a las ideas del gobierno entrante. Estamos sustentando las nuestras en una relación respetuosa», subrayó.

El titular del Directorio nacionalista aclaró que del resultado que tenga esta instancia de diálogo multisectorial no depende la eventual participación de los blancos en los organismos vinculados a la enseñanza y en los bancos públicos. «Ése es otro tema que corre por carriles diferentes», aseguró. «Será una resolución del gobierno electo, que tendrá que resolver el 1B de marzo si envía el mensaje conteniendo la solicitud de esas venias al Parlamento», concluyó.