Las urnas juzgaron la gestión de Bush

A partir de las 18.00 llegaban noticias de los más lejanos estados y eran notorios la alegría y el entusiasmo de los demócratas y el retraimiento de los republicanos.

Según datos iniciales, los demócratas lograrían restarle entre 20 y 25 diputados al oficialismo, cuando bastaban 15 para alcanzar la mayoría y se encontraban detrás de los republicanos por dos bancas en el Senado, habiendo recuperado al cierre de esta edición cuatro de las seis que necesitaban para también dominar la Cámara Alta.

Había coincidencia en las centrales partidarias y en las declaraciones y adelantos que proporcionaban los canales de televisión que se cumplirían los vaticinios de unos meses atrás que los estadounidenses habían «votado contra la gestión de George W. Bush», especialmente por la forma que conduce la guerra de Irak (a boca de urna dos de cada tres personas criticaron fuertemente su desempeño) y seis de cada 10 manifestaron oponerse al conflicto, objetaron el estado de la economía y los escándalos de corrupción en el Congreso.

Estaban habilitados para votar 200 millones de personas y se estimaba que habría concurrido a las urnas electrónicas cerca del 40%.

Las caras de George W. y Laura Bush, muy temprano a la mañana, surgían muy severas y no por el madrugón al que están acostumbrados. El siempre ágil presidente no parecía con demasiadas ganas de recurrir a su habitual recurso de simpatía, el saludo con la mano casi a media altura, para lo que elige la que siempre esté más próxima a los periodistas o a la gente en general, y la sonrisa amplia, ayer quedaron para mejor oportunidad.

George W. Bush y la primera dama salían del rancho de Craw-ford para dirigirse a un cuartel de Bomberos, donde les tocaba votar, antes de trepar al Air Force One a esperar los resultados, junto a amigos y asesores, en la Casa Blanca.

Las encuestas de la noche del lunes, surgidas de la CNN, incrementaron a 20% la diferencia de los demócratas frente a los republicanos, destrozando las ilusiones que todos se habían forjado durante el fin de semana cuando las distancias en los sondeos parecían disminuir y se pensaba que se podría evitar la pérdida de la mayoría absoluta en el Congreso que ostentaban desde 1994.

Y a ese catastrófico resultado para la Casa Blanca se sumaba la nueva caída en la imagen de Bush, la más baja de sus mandatos: 35% .

Los pronósticos oficiales se ubicaban lejos de la realidad de los sondeos y de las declaraciones que formulaba la gente interrogada en la calles americanas ante la interrogante: ¿sus simpatías son hacia los republicanos?

Se pensó en los primeros momentos que la sentencia del tribunal que juzga a Saddam Hussein, condenándolo a la pena de muerte ahorcado, favorecería la imagen de Bush, pero en realidad convenció a los convencidos: la gente no cambia su condena a la invasión y la guerra de Irak. En ese sentido se recordaba que en 2004 cuando se especulaba en una definición muy pareja en las presidenciales de Bush contra John Kerry, un video de Bin Laden atacando duramente al mandatario y a Estados Unidos, volcó bastante a la opinión a favor de Bush y sostienen que fue el último envión para la reelección.

Cerca del mediodía Bush y la primera dama almorzaban en la Casa Blanca con los más allegados, luego Laura se retiró al sector privado de la residencia y el presidente junto a Kart Rove, Rumsfeld y el vice Dick Cheney y otros miembros del gobierno quedaron en el salón Oval analizando la situación a la espera de los resultados.

CAMBIOS. Sin duda el resultado de las elecciones que daría la mayoría en la Cámara de Diputados a los demócratas aparejaría cambios sustantivos, según casi unánime coincidencia anoche de parte de los analistas políticos frente a las cámaras de televisión.

El primer punto que obligará a rápidos giros en todo lo concerniente a la guerra de Irak, el problema que más preocupa a los estadounidenses y que volcó en definitiva en forma aplastante al electorado hacia una oposición sin grandes figuras y tampoco con planteos demasiado renovadores.

Uno de los primeros pasos será contra la discrecionalidad que ha tenido la Casa Blanca desde el comienzo de la crisis en Medio Oriente. Según dirigentes demócratas exigirán cuentas sobre las acciones de guerra, los gastos y las denuncias de los abusos con prisioneros y se buscarán fórmulas viables para «poner punto final al conflicto», no de forma inmediata, pero sí con el retiro de tropas paulatinamente. De ser necesario se harán investigaciones aunque «no va a comenzar una caza de brujas», aclaró anoche el representante Henry Waxman, en los casos de comprobados excesos y se pondrá un mayor control en materia de los poderes ilimitados actuales de los servicios de inteligencia y del propio Bush en materia de escuchas telefónicas y de detención de prisioneros, dando directa intervención a la Suprema Corte.

Pero para la mayoría de los demócratas que hablaron anoche, ante los primeros resultados favorables, es fundamental un acuerdo de ambos partidos para cambiar la imagen y la presencia de Estados Unidos en el mundo. «No se puede seguir levantando la resistencia hasta de los mismos aliados europeos, la quema de banderas y mantener un trato de soberbia y de negativa al diálogo en forma constante, pensamos que hay que disminuir las tensiones en Oriente y buscar una presencia más conciliadora en la ONU».