Latinoamérica incómoda con las bases de EEUU en Colombia

La idea de que Estados Unidos utilice bases militares colombianas ha irritado a la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos. El acuerdo –aún en gestión– entre Washington y Bogotá obligó al presidente Álvaro Uribe a realizar una gira por siete países –que culminó ayer e incluyó a Uruguay– para convencer a los gobiernos de que el plan no arriesga la estabilidad regional, y de que la verdadera amenaza del continente es el narcotráfico y no Estados Unidos. El viaje fugaz del presidente no ha logrado conseguir el apoyo de la región –salvo el de Perú– pero sí un reconocimento de sus decisiones soberanas.
Desde hace unas semanas, Uribe negocia con Washington un acuerdo que les facilitará a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos acceso a instalaciones castrenses del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada de Colombia. Según los países firmantes, el acuerdo busca facilitar acciones contra el terrorismo y el narcotráfico. Sin embargo, la mayoría de los países latinoamericanos temen que esta decisión redunde en una mayor presencia de militares estadounidenses en la región.

Bajo este contexto, Uribe se vio obligado a dar explicaciones a sus vecinos, y ayer terminó su gira que tuvo como última escala la ciudad de Brasilia. Allí, el mandatario se reunió con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en un encuentro clave –según analistas citados por la BBC– ya que Brasil puede desempeñar un liderazgo a nivel regional. Pero Brasil está lejos de apoyar la decisión de Uribe. Con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, Lula ha pedido que se convoque el Consejo de Defensa Sudamericano para abordar el tema la semana próxima en Quito durante una reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). Según analistas, hablar del tema en la Unasur debilitaría la política exterior de Uribe, quien por no tener relaciones diplomáticas con Ecuador no asistirá al encuentro. El analista colombiano Humberto de La Calle, advirtió que “la petición de Chile y Brasil de llevar a Unasur ese acuerdo es muy preocupante: es como colocar a Colombia en el banquillo de los acusados de Unasur, bajo la presidencia del mandatario ecuatoriano Rafael Correa, que no es prenda de garantía”.

Antes de Uribe, el consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jim Jones, ofreció explicaciones sobre las bases a las autoridades brasileñas, en una visita de dos días a Brasilia. Jones dijo que el acuerdo con Colombia forma parte de la cooperación que ambos países mantienen desde hace años. Además afirmó que la nueva administración estadounidense no esconde con este acuerdo “nada secreto bajo la mesa” y que, al contrario, pretende una relación abierta y transparente con la región.

Estados Unidos, por su parte, asegura que las bases servirán para sustituir a la de Manta en Ecuador, y que tienen como objetivo apoyar misiones antidrogas. Correa rehusó este año renovar el contrato de su base tras 10 años de presencia estadounidenses en ese lugar. Pero Brasilia, preocupada por la cercanía de esas bases a su vasto territorio amazónico, mantuvo su posición: “Bases extranjeras en la región aparecen como un resquicio de la guerra fría” y no ayudan a la distensión con Sudamérica, en palabras del principal asesor internacional de Lula, Marco Aurelio Garcia.

Los demás. Prácticamente sin hacer declaraciones públicas, Uribe también visitó esta semana Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay (ver nota aparte). Pero el único que le dio su apoyo a Uribe fue el mandatario peruano, Alan García, quien el martes definió al presidente colombiano como “gran amigo”. El resto del continente alternó entre la frialdad y el abierto rechazo hacia la iniciativa.

En Bolivia, el presidente Evo Morales se expresó en contra del acuerdo para el uso de las bases en Colombia, y pidió que toda Latinoamérica lo rechace.

La visita de Uribe a Santiago de Chile generó una movilización de protesta de unos 50 activistas, bajo el lema de “Fuera Yanquis”, que dejó al menos 14 detenidos, aunque el gobierno de Bachelet insistió en el respeto a las decisiones soberanas de Colombia, como también lo hizo el presidente de Paraguay, Fernando Lugo.

En Argentina, la presidenta Cristina Fernández manifestó a Uribe que hay que “bajar el conflicto en la región” y que “la instalación de las bases (estadounidenses) no colaboraba con este objetivo”.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha instado a su homólogo estadounidense Barack Obama a que retire las tropas en Colombia e impulse una “misión de paz” que busque el cese de las operaciones de la guerrilla de las FARC a través de una “solución política”. Chávez anunció días atrás que “congelaba” las relaciones entre su país y Colombia a raíz de la denuncia del decomiso a la guerrilla de las FARC de armas venezolanas, y debido al posible acuerdo militar con Estados Unidos, que Venezuela considera una “agresión”.

El miércoles por la noche, el líder bolivariano aseguró que la actitud colombiana podría desencadenar una guerra en la región. “Nos sentimos amenazados por esa decisión y es bueno que Colombia lo sepa”, señaló el mandatario, al afirmar que “el imperio” estadounidense tendrá gran “capacidad de hacernos daño desde allí en todos los órdenes”.

El ministro de Seguridad de Ecuador, Miguel Carvajal, opinó que la estabilidad en la región estará en juego con la instalación de bases. Ecuador y Colombia no tienen relaciones diplomáticas desde el año pasado. Ante esta situación, la política exterior de Colombia será el gran desafío en el último año de gobierno de Uribe. En ese sentido el internacionalista colombiano Vicente Torrijos, cree que el reto será la relación con los países vecinos. El experto indicó que se debe impulsar la vinculación de Colombia a Unasur, sin alterar las relaciones con Ecuador y Venezuela, y fortalecer de paso la cooperación estratégica con Washington. (El Observador, AFP , Bloomberg y EFE)