¿Lo dará vuelta?.

John McCain ha demostrado cómo salir de momentos difíciles. Cuando estaba en la Armada fue rehén de los vietnamitas durante más de cinco años. El año pasado, logró –en una gesta ostensiblemente menos dramática, pero no menos trascendente– sobrevivir en la interna del Partido Republicano a pesar de que su campaña estaba casi fundida. Cuando todos los pronósticos dan al demócrata Barack Obama como ganador de la elección presidencial, McCain se empieza a quedar sin opciones para cambiar la pisada y desempolvar la frase Mac is back.
Desde hace un buen tiempo esta es una elección que los demócratas no deberían perder. El republicano George W. Bush termina en enero sus ocho años de gobierno con una impopularidad histórica, producto de una guerra impopular y de una crisis económica más impopular aún. El 80% de los estadounidenses cree que el país va en la dirección equivocada. Y a pesar de que el lema change de Obama ha pegado muy bien en el ánimo del electorado, la distancia entre ambos candidatos no es contundente.

El demócrata lleva una ventaja de 5,6 puntos porcentuales (49,1% a 43,5%), según un promedio de las 10 principales encuestas. En los números que de verdad importan Obama ha sacado cierta luz en algunos swing states (estados oscilantes, de elección a elección entre cada partido), que son los que definen la elección. Para ganar la Presidencia un candidato debe obtener al menos 270 votos electorales que se consiguen al ganar la votación en los estados. California, por ejemplo, otorga 55 votos.

Obama ha mantenido un sólido liderazgo en los sondeos. Tan solo una semana no estuvo al frente: cuando McCain anunció su candidata a la vicepresidencia, Sarah Palin, que logró movilizar a la base republicana. Pero después el caos se cernió sobre Wall Street, la crisis empezó a inundar los hogares estadounidenses y McCain –que ha reconocido no entender mucho de economía– vio cómo se desplomaba en las encuestas. Un 53% de los estadounidenses dijo confiar más en Obama para lidiar con el caos financiero.

Campaña dura. Mientras se hundía en las encuestas, la campaña de McCain optó por una estrategia sinuosa: los ataques personales. Fue así que Palin salió a decir que Obama “tiene amistad con terroristas” y luego el propio McCain lo trató de “opción riesgosa” para la Presidencia. La campaña de Obama no se quedó atrás y contribuyó a embarrar la cancha con algunas acusaciones contra el senador por Arizona.

Tras el segundo debate presidencial el martes, al republicano se le empiezan a acabar las oportunidades de dar vuelta la pisada. La gran pregunta es si la carrera está terminada. El diario británico The Guardian consultó a una serie de insiders para que den su postura. El consultor y analista republicano Frank Luntz aseguró que McCain “todavía no perdió, pero se le está escapando. Va a necesitar una actuación brillante en el debate la semana que viene o será demasiado tarde”.

David Gergen, asesor de la Casa Blanca durante las Presidencias de Nixon, Ford, Reagan y Clinton, destacó que todavía no se sabe cómo va a influir el tema racial. Esta ha sido una campaña tan volátil (…) y creo que no se puede asegurar que vaya a ganar Obama. Su gente no está actuando como si se tuvieran confianza”. En tanto, el columnista político David Yepsen, indicó que McCain no está terminado, “pero debe hablar sobre soluciones específicas sobre la economía”.

Matt Bennett, co fundador de Third Way, un think tank demócrata opinó que el republicano está “en cuidados intensivos pero no es un enfermo terminal. Definitivamente no está terminado (…) no porque pueda sacar algo de la galera, pero porque podría haber algún evento (externo) que salve su campaña”.